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Ngawang Sangdrol, monja tibetana, detenida desde
1992 en la prisión de Drapchi, es hoy en día la prisionera política
con la mayor condena en el Tíbet.
Fue detenida por primera vez cuando no tenía más que 13 años por
defender el derecho de su pueblo a la libertad contra la ocupación
comunista de su país.
Hoy, a los veinticuatro años, ya ha conocido la tortura, las palizas,
las celdas de aislamiento del sector 3, reservado a las presas políticas.
No será puesta en libertad antes del 2013. O más tarde, si las autoridades
comunistas deciden prolongar su detención, como ya lo han hecho
en varias ocasiones.
En una casete que ha conseguido sacar de la cárcel, ella y sus compañeras
cantan:
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"Nosotros los amigos prisioneros
Iremos a buscar la joya [al Dalai-lama]
No importa que nos golpeen
Nuestros brazos no pueden separarse
La nube del Oriente no está fija en el horizonte
Vendrá la hora en que volverá a salir el sol."
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Por haber cantado, grabado y conseguido sacar al exterior de la prisión
esta canción, fue condenada a tres años suplementarios de detención.
En una carta del 15 de agosto de 1997, en respuesta a su familia, que
le pedía que se mantuviese tranquila, les escribió:
"No lamento nada de mi actual situación (…). Os echo enormemente de menos,
hermanos y hermanas, pero nos será difícil vernos los unos a los otros
hasta que el sol se vuelva a levantar sobre el País de las Nieves [hasta
que el Tíbet no sea liberado]."
Por su valor y su determinación ha obtenido el premio del Congreso de
los jóvenes Tibetanos (TYC).
Ngawang Sangdrol encarna hoy la fuerza y la esperanza de la lucha noviolenta
por la libertad del pueblo tibetano contra la destrucción y la opresión
perpetradas por la República Popular China.
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