Published and issued by the Department of Information and International Relations, Central Tibetan Administration, Gangchen Kyishong, Dharamsala, Himachal Pradesh, India, December 2001. Please visit our websites, www.tibet.net and www.tibet.com for comprehensive information on Tibet

Cumbres tenebrosas: El colonialismo chino en el Techo del Mundo

Respuesta tibetana al Informe chino de 8 de Noviembre de 2001
Departamento de Información y Relaciones Internacionales Administración Central tibetana,
Dharamsala 176215 Diciembre 2001


Eran conquistadores, y para eso todo lo que se requiere es fuerza bruta -nada de lo que enorgullecerse, ya que la fuerza es un mero accidente que viene de la debilidad ajena. Pillaron cuanto pudieron por amor al pillaje. Fue un robo con violencia, asesinato con agravantes en gran escala, y los hombres iban ciegamente a ello -como resulta muy propio de quienes tratan con las tinieblas. La conquista de la tierra, lo que generalmente significa su usurpación de quienes tienen una tez diferente o narices ligeramente más chatas que nosotros, no es cosa bonita cuando la mira uno demasiado de cerca.
El Corazón de las Tinieblas, de Joseph Conrad.



Preámbulo

"Las Cumbres de las Tinieblas: el colonialismo chino en el Techo del Mundo", es la respuesta al informe que recoge la pretensión china de estar modernizando el Tíbet, emitido por el Consejo de Estado de la República Popular China el 8 de Noviembre de 2001. La respuesta tibetana es un estudio del plan oculto que hay tras los frenéticos esfuerzos para reforzar el colonialismo en el Tíbet. Después de la ocupación comunista del Tíbet, quizá sea el mayor desastre con que los tibetanos hayan tenido que enfrentarse. A pesar de la brutalidad de la Revolución Cultural, China no fue capaz de borrar la gentil civilización tibetana, cuya rica tradición espiritual vibra incluso hoy mucho más allá del Tíbet. Donde el brutal poder militar y la represión política sin embozos han fracasado, China intenta ahora exterminar el inimitable modo de vida tibetano vía una colonización acelerada.

Nuestra respuesta ilustra el antiguo estatus independiente y la verdadera naturaleza del sistema social tradicional del Tíbet. También examina el grado de autonomía en la mal llamada "Región Autónoma del Tíbet" y otras áreas tibetanas. Analiza las presiones que subyacen al desarrollo económico chino en el Tíbet y el estado de la educación. Nuestra respuesta pasa revista al atroz récord chino en pisotear los derechos humanos de los tibetanos, los crecientes intentos de las autoridades chinas de minar la lengua tibetana y el lamentable estado del servicio sanitario en la mal llamada "Región Autónoma del Tíbet" y más allá.

Este estudio significa un toque de atención a los dirigentes chinos sobre las consecuencias impredictibles con las que pueden verse forzados a convivir si las autoridades de Beijing persisten en su política de no tratar con Su Santidad el Dalai Lama e intentar determinar el futuro del pueblo tibetano sin contar con ninguna participación tibetana significativa. La actual política, formulada temerariamente y con total desprecio de las preocupaciones auténticas del pueblo tibetano está agudizando los problemas de inestabilidad que China está intentando con tanto esfuerzo erradicar del Tíbet.

En vista de ello, está en el propio interés de China el aceptar la oferta, mantenida durante tanto tiempo, de Su Santidad el Dalai Lama para resolver la cuestión tibetana basándose en la legítima preocupación china por su seguridad y las razonables y justas aspiraciones del pueblo tibetano. El "Enfoque de la Ruta Equidistante" de Su Santidad el Dalai Lama de no buscar la plena independencia, sino procurar una fórmula que permita al Tíbet existir y funcionar como una entidad reconocible en el entramado del conjunto de la República Popular China es el remedio más eficaz para el dolor de cabeza que a China le produce el Tíbet. Una China próspera y estable está en el interés de todos, incluyendo los tibetanos. Es algo que pudiera lograrse si Beijing pasase a considerar al Dalai Lama como un aliado con influencia y capacidad para ayudar a restituir a China la grandeza que el pueblo chino merece y sus dirigentes persiguen.

Samdhong Rimpoché Kalon Tipa y Kalon del Departamento de Información y Relaciones Internacionales.
10 de Diciembre 2001


La Carga del Hombre Amarillo

Venga en la forma que venga, tanto en la de la carga del hombre blanco como en la el hombre amarillo, el colonialismo produce una biblioteca de literatura a su servicio. La primera estirpe colonialista saqueó el mundo, respaldada por el persuasivo poderío de las cañoneras, entonando el eslogan de "la civilización". Se quedaron, construyeron carreteras, tendieron ferrocarriles, edificaron escuelas y monopolizaron la administración nativa, todo ello orientado a la explotación de los recursos nativos. Cuando se fueron, dejaron tras sí culturas rotas, mentes dañadas, países divididos y casi todos los problemas que afligen a nuestro mundo.

El colonialismo occidental se inició hacia 1500 con el descubrimiento de nuevas rutas marinas hacia Asia y América. Vía el descubrimiento, la conquista y el asentamiento de colonos, las naciones marineras de Europa colonizaron gran parte del mundo, lo que disparó el proceso de la dominación occidental del planeta durante más de cuatrocientos años. En esos largos años, Europa extrajo recursos de su periferia colonial y, en reciprocidad, las colonias recibieron una biblioteca de verborrea justificando ese saqueo.

La última en la larga lista de estos esforzados colonialistas es China. Al grito de guerra de "liberación", China entró en el Tíbet como un huracán, justificando su invasión con promesas de hacer del Tíbet un "paraíso socialista". Cincuenta, o más, años más tarde, la "liberación" se ha vuelto ocupación y ni el socialismo, ni mucho menos el "paraíso socialista", aparecieron nunca, puesto que fue arrojado al basurero de la historia por el actual poder colonial chino. Tras cincuenta años, la naturaleza colonial del gobierno chino en el Tíbet sigue siendo la misma, pero la justificación de la pretensión china de seguir ocupando el Tíbet ha cambiado. El nuevo mantra de justificación colonial china es "la modernización".

Es un viraje interesante y un nuevo argumento que puede convencer o no a la comunidad internacional. Liberación, socialismo y modernización son hermosas palabras que encubren un hecho enorme y horroroso. Así, el actual argumento chino de "la modernización", para citar a Joseph Conrad en "El Corazón de las Tinieblas", ese examen clásico de las amargas realidades del imperialismo, "no es cosa bonita cuando la mira uno demasiado de cerca". El argumento de la "modernización" sigue siendo un argumento propagandístico que oculta la cruda verdad de la creciente necesidad de China de explotar los abundantes recursos del Tíbet para alimentar su economía de la zona costera sedienta de recursos. El colonialismo occidental practicó la sofisticación intelectual para racionalizar su codicia de recursos y energía. China no es diferente. De hecho, al ser la última metrópoli en la larga lista de potencias colonialistas, China puede escoger y elegir cualquiera de los viejos y precisos argumentos usados por otros para explicar el sucio asunto de explotar recursos que, hablando estrictamente, pertenecen a otros. En el clásico estilo colonial, China ha pergeñado también una biblioteca de literatura autojustificativa del saqueo de los recursos del Techo del Mundo.

Lo más reciente de ella es la presentación del brutal régimen colonial impuesto al Tíbet como "modernización". La ocasión de que China empezase a emplear el argumento de la "modernización", fue el 50ª aniversario del inicio del régimen colonial en el Tíbet. El 8 de Noviembre la Oficina de Información del Consejo de Estado de la República Popular China emitió un informe titulado 'Marcha del Tíbet hacia la Modernización'. El último informe chino, como de costumbre, echa una mano de cal sobre las atrocidades chinas en el Tíbet. No hay mención de la Revolución Cultural, por no hablar de las otras atrocidades padecidas por el pueblo tibetano, incluyendo los 1,2 millones de tibetanos que murieron como consecuencia directa de la ocupación comunista china del Tíbet.

La "Modernización", una argucia para justificar el gobierno colonial chino en el Tíbet

El principal argumento del informe chino es que el gobierno chino del Tíbet ha convertido al Tíbet en una sociedad moderna y que la modernización ha traído grandes beneficios al pueblo tibetano. Para ilustrar ese diagnóstico, el informe presenta una impresionante traca de estadísticas. Esas estadísticas son sospechosas de por sí, pero de eso nos ocuparemos más tarde. Primero, planteémonos con algún espacio el significado y las implicaciones de la modernización. ¿Qué es la modernidad? ¿Qué implica ser moderno? ¿Cuál es la auténtica vara de medir de la modernización? ¿La modernización es meramente la occidentalización? ¿O, como parecen dar por supuesto las autoridades chinas, la modernización es la sinificación del Tíbet?

El informe chino declina mencionar que el verdadero criterio por el que una sociedad se tiene por moderna o no es la medida en que los miembros que componen esa sociedad en particular tienen derecho a ejercitar libremente su voluntad colectiva, el grado en que gozan de derechos democráticos y poseen la capacidad de ejercer esos derechos. Esas son las características de una sociedad verdaderamente moderna.

Comparando con este criterio de sociedad moderna, el orden social que China ha impuesto en el Tíbet fracasa lastimosa y espantosamente en la prueba de ser una sociedad verdaderamente moderna. De hecho, el pueblo tibetano, como el chino mismo, jadea bajo el peso opresivo de una dictadura monopartidista, un sistema político obsoleto abandonado por el resto del mundo y arrojado al lugar que le es más propio: el basurero de la historia.

Considérese, por el contrario, la comunidad tibetana creada en el exilio. Es una comunidad de refugiados vibrante y cohesionada, que goza de democracia y de derechos democráticos. El reciente cambio electoral ha asegurado con éxito que la comunidad tibetana exiliada pueda ahora elegir directamente al Kalon Tripa, presidente del Kashag. En realidad, la razón del súbito estallido de cólera e ira de los funcionarios chinos que se aprecia en el informe chino es que la comunidad tibetana en el exilio, bajo el liderazgo de Su Santidad el Dalai Lama ha ascendido un escalón en el camino hacia la modernización. La misma rabia china se desplegó cuando el pueblo de Taiwán por primera vez en los 5000 años de historia de China, fue a las urnas a elegir a Lee Teng-Hui a la presidencia. Esos ejemplos llevarán a los tibetanos que viven en el Tíbet y a los chinos que viven en China continental a hacerse la misma pregunta: si ellos pueden hacer eso allí, ¿porqué a nosotros no se nos permite hacerlo aquí? Por ello, el último informe chino sobre el Tíbet es más una respuesta a los cambios democráticos fundamentales que se están produciendo de este lado de los Himalayas y de cómo estos cambios reforzarán la voluntad, capacidad de resistencia y de autoafirmación del pueblo tibetano en el proseguir de su lucha por un futuro modelado por su voluntad colectiva. El último informe chino es el ladrido de un perro alarmado por la aparición de un extraño amenazador que se llama democracia.

Así, la estructura que China ha puesto en pie en el conjunto del Tíbet es una estructura diseñada en primer lugar para acelerar la explotación china de los recursos tibetanos. El último informe llama a esa estructura "modernización". El beneficio económico colateral que los tibetanos obtengan de esas actividades de desarrollo es algo marginal. La creciente presencia masiva de nuevos colonos chinos a lo largo y ancho del Tíbet, con más oficio y un sesgo a su favor de la estructura política, impide que la mayoría del pueblo tibetano se beneficie del nuevo desarrollo económico. El fallecido Gerald Segal, reputado sinólogo, escribió en 'Foreign Affairs', tal vez la revista de mayor influencia sobre asuntos internacionales: "Tíbet, Xinjiang, Mongolia y otros territorios marginales, muchos de los cuales tienen razones para una independencia de raíz étnica, han obtenido relativamente pocos beneficios de la descentralización económica."

En una palabra, la primera China comunista veía al Tíbet desde una perspectiva más bien geopolítica y de seguridad. Hoy, junto con ese motivo imperial para quedarse en el Tíbet, una China económicamente vibrante mira al Tíbet como la mejor fuente de energía, combustible y agua para la galopante demanda de la zona costera. El impacto devastador de este cambio de actitud hacia el Tíbet ya se siente en el Tíbet, pues los tibetanos, incapaces de competir con los mejor preparados colonos chinos, están siendo crecientemente marginalizados por las fuerzas de la globalización desencadenadas en el Techo del Mundo. Tras haber perdido su país, los tibetanos, en número creciente, están perdiendo sus empleos a manos de los colonos chinos que afluyen al Tíbet para aprovecharse de la bonanza económica.

Este nuevo enfoque de la actitud china hacia los flecos de su imperio, si ayer meros apostaderos militares, hoy colonias ricas en recursos para aportar materias primas para mantener el ritmo de una economía dinámica, debería producir una gran preocupación entre las llamadas minorías que habitan en esas vastas regiones dotadas de ricos recursos naturales. Debería también preocupar al resto del mundo, ya que la competencia por recursos naturales en vías de rápido agotamiento alcanzaría nuevos niveles de alacridad.

Compulsiones estratégicas subyacentes al desarrollo del 'salvaje Oeste' de China

Las razones de la necesidad perpetua de recursos y energía de China, que ahora se reencarnan en la retórica de la "modernización" del Tíbet, estriban en la focalización del desarrollo de la zona costera al interior. Hay varias razones importantes para el cambio de focalización del desarrollo económico del Este al Oeste. La modernización del Tíbet en beneficio del pueblo tibetano no está incluida en ninguna de ellas. Las razones reales radican más bien en que la metrópoli extraiga recursos de su periferia colonial mientras en reciprocidad exporte su exceso de población a los vastos espacios vacíos de los tibetanos nativos. Las razones reales radican en la estabilidad del actual régimen de Beijing, y en los problemas políticos y sociales que conlleva un desarrollo económico sin precedentes.

Al final de los años 70, cuando la aparentemente perpetua lucha por el poder que caracterizó la Revolución Cultural terminó por fin y emergió Deng Xiao Ping como nuevo hombre fuerte de China, éste abandonó los excesos y locuras de las políticas de Mao Tsetung y lanzó en China una reforma económica sin precedentes. El genio empresarial, el olfato para hacer dinero y la energía y trabajo duro del pueblo chino, por mucho tiempo aprisionados y petrificados entre los muros del socialismo, fueron liberados. En una década el panorama económico de China cambió hasta hacerla irreconocible. Fue un milagro económico. Tanto los observadores como los historiadores consideran que los asombrosos logros económicos chinos han traído el mayor grado de prosperidad al mayor número de personas en el más breve espacio de tiempo en toda la historia de la humanidad.

Pero había un problema. La nueva prosperidad estaba confinada en la costa Este de China. El vasto interior de China y las amplias franjas habitadas por mongoles, uigures y tibetanos, seguían siendo tan pobres como en la era de Mao. Durante más o menos una década, las autoridades chinas no prestaron atención a esta flagrante disparidad económica entre el Este en desarrollo y la pobreza occidental. Entonces se produjo la mayor migración de la historia humana. Encandilados por la prosperidad de la costa oriental y deseando participar en ella, campesinos chinos en número espantoso emigraron a las grandes ciudades de la China oriental. El difunto Gerald Segal escribió: "El hecho de que la modernización y reforma económicas haya ya desplazado a 130 millones de chinos del campo a villas y ciudades -con otros 200 millones prestos a emigrar bien pronto- crea una situación de cambios sociales y políticos fundamentales, que han desparramado mucha yesca revolucionaria en todo el país". Aparte de las obvias tensiones sociales que originó esta migración de masas, hubo tres cuestiones referidas a estos hechos que merecieron la atención de los dirigentes chinos. Uno fue que el dinámico crecimiento económico de la China Oriental requería un suministro fácil y constante de recursos y energía para mantener su ritmo. Otro fue que la masiva concentración de un creciente número de inmigrantes chinos en las regiones orientales en desarrollo estaba tensando tanto los recursos como las infraestructuras de esas regiones. La tercera cuestión que preocupaba a los dirigentes chinos era que el énfasis en el desarrollo de la costa oriental china estaba alienando a las empobrecidas regiones occidentales, con la posibilidad de que esas zonas pudiesen apartarse de la órbita del control chino, a no ser que se integrasen en la corriente económica dominante.

Esas son algunas de las razones materiales que tuvo Beijing para dar con la idea del Programa de Desarrollo Económico de China Occidental, que, cree Beijing, será la solución a los tres problemas antes mencionados. La creación de la misma economía dinámica en las zonas occidentales atraería trabajadores emigrantes en el sentido opuesto, y de ese modo aliviaría la presión de la superpoblación en la costa oriental. El desarrollo de las áreas occidentales facilitaría a China explotar los recursos y el enorme potencial energético de esas regiones, en gas y petróleo, para alimentar la desenfrenada demanda de energía de la China oriental. Una China occidental próspera, así como las vastas franjas habitadas por las llamadas minorías, aumentaría la capacidad de control y gobierno de Beijing en la zona. La prosperidad de la zona occidental atraería a incontables trabajadores chinos desempleados a las llamadas regiones de minorías, donde el crudo peso demográfico cimentaría para siempre el dominio chino en esas remotas regiones del imperio comunista chino.

La trama intelectual para salvar el foso Este-Oeste fue suministrada por Wang Xiaoqiang y Bai Nanfeng en su revolucionario libro titulado 'La Pobreza de lo Próspero'. En la introducción del libro, Angela Knox, la traductora, dice: "Históricamente, China tiene una larga tradición de hacer que estados vasallos sirvan a designios imperiales. Su estrategia geopolítica desde 1949 respecto a las regiones periféricas presenta muchas semejanzas con la práctica anterior. Donde en el pasado estados vasallos aportaban tributo al emperador chino, ahora se supone que deben aportar materias primas y recursos naturales... La integración política y económica de las regiones periféricas ha sido y sigue siendo crucial."

Señala Angela Knox que "Apreciar el foso entre este y oeste en términos exclusivamente económicos es omitir toda una serie de cuestiones importantes. Una característica definitoria de las áreas occidentales que tiene peso en su diferenciación es la diversidad étnica." Angela Knox dice que la zona occidental y "sus áreas vecinas contienen más del 72% de la población no-Han, y están formadas, principalmente, por territorios no totalmente integrados social, cultural o económicamente en China propiamente hablando."

Esos temores aireados por vez primera por los autores de 'La Pobreza de lo Próspero' se convirtieron en el fundamento de la formulación y planificación del Programa de Desarrollo de la China Occidental. Aquellos escribieron "La unidad étnica y la estabilidad de China están estrechamente ligadas al crecimiento económico y a la prosperidad de esas regiones. El creciente foso en el nivel de desarrollo económico que existe entre las regiones costeras desarrolladas y el interior, y las regiones de frontera atrasadas, pobladas por minorías étnicas, pueden traernos una serie de problemas sociales delicados, de carácter nacionalista, por ejemplo. Podemos decir con certeza que incluso si consiguiéramos resolver los problemas económicos... no tenemos sin embargo medios para eliminar la posibilidad de conflictos en la estabilidad étnica y social."

Los dos economistas emplazaron a las autoridades chinas a examinar el problema y aportar soluciones adecuadas. Dijeron "Tenemos ante nosotros un vasto conjunto de problemas serios que requieren urgentemente examen y decisiones políticas. Por supuesto, no es sólo la falta de desarrollo en las regiones subdesarrolladas lo que resultará ser el factor decisivo. Sin embargo, mirando al futuro, la búsqueda de soluciones al problema del atraso de esas regiones, sea con la mirada puesta en el crecimiento económico chino o en la estabilidad social, será de una importancia estratégica y teórica tan vital que es difícil representársela."

Más de una década después, en China apareció una solución de conjunto a los acuciantes problemas presentados en primer término por Wang Xiaoqiang y Bai Nanfeng en su libro 'La Pobreza de lo Próspero'. Según la publicación London Tibet Information Network, con título 'El Gran Salto al Oeste de China, "el presidente Jiang Zemin puso en marcha el Programa de Desarrollo de China Occidental con un discurso que pronunció en Xian el 17 de Junio de 1999. El énfasis inicial de la campaña se puso en la aceleración del desarrollo, centrándose en las regiones occidentales de China -las regiones autónomas del Tíbet, Xinjiang, Uiguria y Ningxia, las provincias de Qinghai, Gansu, Sichuan, Yunnan, Shaanxi y Guizhou y el municipio de Chongqing - que totalizan el 56% del área territorial china y el 26% de su población. Los discursos del Partido referidos a esto fueron poco más que listas de ideales y grandes planes, desprovistos de contexto de planificación de prioridades."

A pesar de las vaguedades de las prioridades económicas del Programa de Desarrollo China Occidental en su anuncio inicial, sus implicaciones políticas fueron claramente articuladas desde el principio."Los líderes del Partido han unido explícitamente el éxito de la campaña a la supervivencia del Partido. Jiang Zemin ha sido citado como autor de las palabras 'la campaña tiene un significado capital para la futura prosperidad del país y el largo gobierno y perenne estabilidad (del Partido)' El 18 de Septiembre de 2000, el presidente Jiang Zemin fue citado por el periódico 'China Daily' comentando que el desarrollo del Oeste "ayudará a desarrollar la economía china, estabilizará la sociedad local y contribuirá a la unidad de China".

Pero los acontecimientos externos también forzaron a China a acelerar el ritmo de puesta en marcha de su Programa de Desarrollo de China Occidental. La intervención militar de la OTAN en Kosovo se percibió por el paranoico régimen de Beijing como un peligroso precedente establecido por Occidente de interferir en los asuntos internos de una nación. Hu Angang, economista de la Academia China de Ciencias, dijo: "La peor perspectiva - que estamos intentando evitar - es que China se fragmente como Yugoslavia... Ya ahora la disparidad <económica> entre las regiones es semejante - o peor - que la que vimos en Yugoslavia antes de que ésta se rompiese."

Un economista chino que vive en Occidente, citado en 'El gran Salto hacia el Oeste' del Tibet Information Network, explicó las cosas de este modo: "De entrada, las autoridades chinas miran el aspecto económico: las zonas occidentales son muy pobres y el nivel de vida tiene que aumentar. Pero Beijing está preocupado también por la potencialidad del malestar social, originado por la pobreza y por los sentimientos nacionalistas en áreas como el Tíbet o Xinjiang. El verdadero temor es que el Oeste pueda convertirse en otra Chechenia. Ahí está el meollo de la campaña para desarrollar el Oeste."

Así que la solución a que llegó China para sus acuciantes problemas en el Tíbet y otras partes de la región occidental fue el Programa de Desarrollo de China Occidental. Tras ese título con connotaciones de magnificencia acecha la codicia de la potencia colonial de los recursos coloniales, y su necesidad de controlar y eliminar el descontento de los colonizados para facilitar la prolongación de la explotación de esos recursos en beneficio de Beijing. Hay mucho "desarrollo" en el Programa de Desarrollo de China Occidental consistente en la construcción de infraestructuras: construcción de carreteras, de ferrocarriles, aeropuertos y otros modos de comunicación, orientados en su totalidad a facilitar la explotación de recursos naturales y a transportar esos recursos a las zonas costeras sedientas de ellos.

Este aspecto del Programa de Desarrollo de China Occidental preocupa a los tibetanos del Tíbet. Un tibetano que vive actualmente en Lhasa resumió algunos de los temores más profundos de relativos al desarrollo del oeste refiriendo al Tibet Information Network: "El proyecto de desarrollo del Oeste apunta a transferir gran número de chinos a zonas habitadas por minorías nacionales como habitantes permanentes, a explotar recursos minerales y, sobre todo, a reprimir con fuerza a quienes se perciba como 'políticamente intransigentes'. Contrariamente a las pretensiones de que esto es una 'oportunidad infrecuente' para las minorías nacionales, esta campaña representa un período de emergencia y oscuridad."

Así que, al revés de las intenciones filantrópicas que se han dado oficialmente para basar el Programa de Desarrollo de China Occidental, las razones y motivaciones reales que han forzado a China a desarrollar esta vasta y problemática región han sido el asegurar que las fuerzas de la economía de mercado consiguiesen integrar el Salvaje Oeste de China en la China propiamente hablando. China espera que las fuerzas de la globalización domen su Salvaje Oeste y solventen todos los viejos problemas imperiales de China. Si el componente tibetano del Programa de Desarrollo de China Occidental funciona, resolverá dos problemas fundamentales que China encara en el Techo del Mundo y una horda de otros problemas colaterales. La construcción de más carreteras, aeropuertos y un nuevo ferrocarril le asegurarán que los recursos tibetanos, tanto del suelo como del subsuelo, irán a China, y también que China pueda, mejor que antes, exportar su exceso de población al Tíbet fácilmente. Más asentamientos de chinos en la meseta tibetana cimentarán el poder chino y contribuirán a la integración económica del Tíbet en el flujo principal de la economía china.

La agenda que subyace al plan chino de modernización del Tíbet la expresa muy bien el profesor del Instituto de Lenguas y Sociedades Asiáticas, de la Universidad de Melbourne, y experto en economía tibetana, Gabriel Laffite. Escribe en un artículo muy agudo titulado 'Colonización Económica': "China está globalizando el Tíbet. Inversión extranjera, alta tecnología, flotación de acciones en la bolsa, ferrocarriles, presas hidráulicas, redes eléctricas y de gas están llegando al Tíbet, en una campaña orquestada por Beijing."

Escribe Gabriel Laffite: "A China le acucia integrar su mitad occidental, aprovechar sus recursos y afrontar el profundo descontento causado por ser dejada de lado tras la bonanza del litoral. El Gran Salto al Oeste de China ha de ser financiado por el capital internacional, así como por el último Plan Quinquenal chino."

"Las recientes inversiones en extracción de recursos tibetanos para uso chino han merecido titulares: BP, Agip, Enron, Exxon y AES están entre las multinacionales implicadas. Sus inversiones convertirán en minas los lagos salados tibetanos, represarán los ríos para fines hidroeléctricos, y extraerán grandes cantidades de gas, todo lo cual irá inmediatamente a China, donde hay gran demanda", señala Gabriel Laffite.

Añade Gabriel Laffite: "Pero esas inversiones no son sino parte de una estrategia más amplia, a largo plazo, que el Partido Comunista define como su tarea histórica de desarrollar en Oeste. Apunta a lo que los tibetanos han estado temiendo durante décadas, una verdadera determinación china de absorber al Tíbet en la economía china."

Sociedad tradicional y democracia en la comunidad tibetana del exilio

China ha justificado siempre su invasión y ocupación del Tíbet y sus políticas represivas pintando con los colores más negros la sociedad tradicional tibetana. China pretende que su invasión militar y ocupación el Tíbet supuso una "liberación" de la sociedad tibetana de "la servidumbre feudal medireview" y de "la esclavitud".

Es cierto que la sociedad tibetana tradicional - como la mayor parte de sus contemporáneas en Asia - estaba atrasada y muy necesitada de reformas. Sin embargo, es totalmente erróneo emplear el término "feudal", desde la perspectiva de la Europa medireview, para describir la sociedad tibetana tradicional. Antes de la invasión, en realidad, el Tíbet era mucho más igualitario que la mayor parte de los países asiáticos de esa época. Hugh Richardson, que pasó en total nueve años en el Tíbet como último representante de la India Británica y primero de la independiente, escribió: "Hasta los comunistas tienen que admitir que no hay gran diferencia entre ricos y pobres en el Tíbet . Igualmente, la Comisión Internacional del Comité Jurídico de Investigación Legal señala que: "la pretensión china de que los tibetanos no disfrutaban de derechos humanos antes de la entrada de los chinos se ha demostrado que está basada en relatos exagerados y distorsionados de la vida en el Tíbet."

En términos de movilidad social y distribución de la renta, el Tíbet independiente salía bien de la comparación con la mayoría de los países asiáticos de esa época. El sistema político tibetano antes de la ocupación china no era teocrático como China pretende hacernos creer. El sistema político tibetano, en realidad, se llamaba choesi-sungdrel, lo que quiere decir sistema político basado en los principios budistas de la compasión, la integridad moral y la equidad. Según ese sistema, el gobierno debe de estar basado en altas cotas de moralidad, y servir al pueblo con amor y compasión, de la manera que los padres cuidan de sus hijos. Esta forma de gobierno se basa en la creencia de que todo ser sensible tiene la semilla de la Budicidad y debe, de conformidad con ello, ser respetado.
El Dalai Lama, cabeza tanto de la administración religiosa como secular, era descubierto en su reencarnación, asegurando que el gobierno del Tíbet no se hiciese hereditario. Casi todos los Dalai Lamas, incluyendo el 13º y el 14º, se hallaron en familias corrientes, de campesinos de comarcas remotas del Tíbet.
Cada puesto administrativo por debajo del Dalai Lama estaba detentado por un número igual de monjes y funcionarios laicos. Aunque algunos laicos poseían sus funciones a título hereditario, las de los monjes estaban abiertas a todos. Una amplia proporción de los funcionarios monjes provenía de orígenes no privilegiados.

Y además, el sistema monástico del Tíbet daba oportunidades irrestrictas a la movilidad social. La admisión a las instituciones monásticas en el Tíbet estaba abierta a todos, y la gran mayoría de los monjes, y, en particular, los que alcanzaban el rango de los más elevadas puestos, venían de orígenes humildes, no pocas veces de aldeas perdidas de Kham o Amdo. Y ello porque los monasterios ofrecían oportunidades iguales para todos de alcanzar cualquier jerarquía monástica a través de la enseñanza que impartían. Dice un popular aforismo tibetano: "Si el hijo de una madre tiene sabiduría, el dorado trono de Gaden no tiene dueño"

Los campesinos, que la propaganda china insiste en llamar "siervos", tenían identidad legal, muchas veces con documentos que explicitaban sus derechos, y tenían acceso a los tribunales. Los campesinos tenían derecho a pleitear contra sus señores y a llevar su caso en apelación a autoridades más elevadas.
Ms. Dhondub Choedon viene de una familia que era de las más pobres en la estratificación social del Tíbet independiente. Recordando su vida antes de la ocupación china, escribe: "pertenecía a lo que los chinos llaman ahora los siervos del Tíbet... éramos seis de familia... mi casa era un edificio de dos plantas con un terreno cercado. En el piso bajo solíamos guardar los animales. Teníamos cuatro yaks, 27 ovejas y cabras, dos burros y una parcela en arriendo de cuatro khels y medio (0,37 Ha.)... Nunca tuvimos dificultad en ganarnos la vida. En nuestra comarca no había ni un solo mendigo."

A lo largo de la historia tibetana, el maltrato y la eliminación de campesinos y arrendatarios fue prohibida, tanto por la ley como por la convención social. Empezando en el reinado del emperador Songtseng Gampo, en el siglo VII, muchos gobernantes tibetanos dictaron códigos basados en el principio budista de "Las Diez Virtudes del Dharma". La esencia del cual es que los gobernantes deben comportarse como padres para con sus súbditos. Lo que se reflejaba en el código de dieciséis principios morales generales de Songtsen Gampo, y en el código de trece reglas de procedimiento y castigo dictado por Phagmodrupa en el siglo IV y revisado por el 5º Dalai Lama en el siglo XVII.

Había algunas penas, legalmente establecidas, en el pasado, que consistían en mutilación, como cortar un pie o una mano o vaciar un ojo. Tales castigos nunca se aplicaron a la ligera, sino que se imponían sólo en casos de reiterada reincidencia. El castigo más usual era la pena de azotes. Incluso en el siglo XIX, aunque el poder de mutilar en teoría seguía existiendo, muy rara vez se ejerció. La pena capital estaba proscrita en el Tíbet y la de mutilación era un castigo que sólo podía imponer el Gobierno Central de Lhasa. En 1898, en Tíbet se promulgó una ley aboliendo esas formas de castigo, salvo en los casos de alta traición o conspiración contra el estado. El 13º Dalai Lama dictó una disposición confirmando que todo campesino tenía derecho de apelar directamente a él en caso de malos tratos por parte de los terratenientes.

Toda la tierra pertenecía al estado, que concedía fincas a los monasterios y a los individuos que hubiesen prestado servicios señalados al estado. El estado, a su vez, recibía ingresos y servicios de los tenedores de fincas. Los tenedores laicos o bien pagaban un impuesto sobre la tierra o bien proveían un hombre de cada generación para que sirviese como funcionario del gobierno. Los monasterios desarrollaban funciones religiosas para el estado, y, más prosaicamente, servían de escuelas, universidades y centros del arte tibetano, de la artesanía, la medicina y la cultura. El papel de los monasterios como centros altamente disciplinados de la educación tibetana era la clave del modo de vida tibetano.
Los monasterios pechaban con todos los gastos de sus estudiantes y les proporcionaban manutención y albergue. Algunos monasterios tenían mucha tierra, otros tenían rentas que invertían. Pero otros monasterios no tenían nada de eso. Recibían donaciones y limosnas personales de devotos y benefactores. Los ingresos por estos conceptos a menudo eran insuficientes para proveer a las necesidades básicas de una nutrida población monástica. Para aumentar sus ingresos, algunos monasterios se iniciaron en el comercio y actuaron como prestamistas.

La mayor parte de la tierra en el viejo Tíbet estaba en manos de campesinos que pagaban su contribución directamente al estado, lo que se convirtió en la fuente principal de las reservas de alimentos estatales que se distribuían entre los monasterios, el ejército y los funcionarios sin fincas. Algunos pagaban en trabajo, y otros eran convocados a ofrecer servicios de transporte a los funcionarios, y, algunas veces, a los monasterios. La tierra en manos de los campesinos era hereditaria. El campesino podía arrendarla a otros o hipotecarla. Un campesino sólo podía ser desposeído de su tierra si no conseguía pagar su débito bien en productos o en trabajo, y no era una carga excesiva. En la práctica, tenía los derechos de un propietario, y lo que pagaba al estado era como una contribución agraria que se pagaba antes en productos que en dinero.

Pequeños sectores de la población tibetana, la mayoría U-Tsangs, eran aparceros. Cultivaban las fincas de los aristócratas y de los monasterios, y pagaban rentas a los terratenientes bien en especie, bien enviando algún miembro de la familia para trabajar como sirviente doméstico o peón de granja. Algunos de estos aparceros llegaron al importante puesto de secretarios de estado. (Y por esta razón fueron motejados por los chinos "agentes de los señores feudales"). Otros miembros de esas familias eran totalmente libres. Estaban capacitados para emprender cualquier negocio, practicar cualquier profesión, profesar en cualquier convento o cultivar sus propias tierras. Aunque se les llamaba aparceros, no podían echarles de sus tierras a capricho de los terratenientes. Algunos campesinos aparceros eran bastante ricos.

El Decimotercero Dalai Lama abolió la práctica de exigir transporte gratis a los campesinos locales por parte de los funcionarios en cumplimiento de servicio, y fijó precios por el uso de las mulas, caballos y yaks. El Decimocuarto Dalai Lama dio un paso más y ordenó que en el futuro no se requeriría servicio de transporte sin sanción especial del gobierno. También aumentó las tasas a pagar por el servicio de transporte.

Extranjeros como Charles Bell, Hugh Richardson y Heinrich Harrier, que vivieron y trabajaron en el Tíbet independiente, quedaron impresionados por el nivel de vida promedio de los tibetanos del común, que dijeron que era más alto que en muchos países de Asia. Las hambrunas y la muerte por inanición eran cosas inauditas en el Tíbet hasta la invasión china. Había, claro, años de malas cosechas y cosechas que se malograban. Pero la gente podía tomar prestado fácilmente de los almacenes de reserva de que disponían las administraciones de distrito, los monasterios, aristócratas y campesinos ricos.

Cuando el 14º Dalai lama llegó a la adolescencia, constituyó un comité de reformas para introducir reformas fundamentales en la tenencia de tierras, pero los comunistas chinos, temiendo que esto les vaciaría de viento sus velas, prohibieron al Dalai Lama que llevase a la práctica las planeadas reformas.
En 1959, tras su huída a la India, el Dalai Lama reestableció su gobierno en la India e inició una serie de reformas democráticas. Se constituyó un cuerpo de representantes del pueblo elegido democráticamente, el Parlamento en el exilio. En 1963, un borrador de constitución detallado para el futuro Tíbet fue promulgado. A pesar de una fuerte oposición, el Dalai Lama insistió en la inclusión de la cláusula que da poderes al parlamento tibetano de revocar sus poderes ejecutivos por una mayoría de dos tercios de la totalidad de sus miembros, oído el Tribunal Supremo, si se entendiese que ello fuese en los altos intereses de la nación.

En 1990, más cambios democráticos se introdujeron al aumentar el número de la Asamblea de Diputados del Pueblo Tibetano de 12 a 46. Se le atribuyeron más poderes constitucionales, como la elección de los Kalon (ministros), que anteriormente eran nombrados directamente por el Dalai Lama. La Comisión Suprema de Justicia fue constituida para entender de las quejas de los tibetanos contra la administración.

En 2001, el parlamento tibetano, por consejo del Dalai Lama, enmendó la constitución para permitir que el Kalon Tipa (presidente del consejo de ministros o Kashag) fuese elegido directamente por la población exilada.

Anticipando el futuro del Tíbet, el Dalai Lama, en Febrero de 1992, anunció las Líneas Maestras del Futuro Régimen Político del Tíbet y las Líneas Maestras Básicas de la Constitución, donde declaró que no "tendría papel alguno en el futuro gobierno del Tíbet, aparte de buscar la posición política tradicional del Dalai Lama". El futuro gobierno del Tíbet, dijo el Dalai Lama, se elegirá por el pueblo en régimen de libertad adulta.

La práctica de la autonomía en la llamada "Región Autónoma el Tíbet"

En su informe, China pretende que con la reforma democrática en 1959 introdujo el nuevo sistema político de democracia popular, y que el pueblo tibetano es ahora dueño del país. Nada podría estar más lejos de la realidad. Los tibetanos tienen poco o nada que decir en la gestión de sus asuntos. Todas las decisiones de la administración las toma el Partido Comunista Chino a través de su CCP regional. La participación del pueblo tibetano en el gobierno es sólo para pasar la goma de borrar sobre el sello del Partido Comunista en las decisiones. Los miembros del Partido Comunista dominan puestos clave del gobierno y sólo unos pocos puestos importantes se han confiado a personas de confianza que no son miembros del partido.

La elección de 1961, a la que se refiere el informe, fue una farsa. Los nuevos amos chinos predeterminaron los candidatos, basándose en su lealtad y antecedentes de clase. Se dijo a los tibetanos que votasen por unos candidatos determinados. Desde el punto de vista de los tibetanos, fue como si los chinos hubiesen nombrado a estos funcionarios sin la farsa de la votación.
Los tibetanos no detentan puestos clave ni siquiera en el Partido Comunista de la Región Autónoma del Tíbet. (RAT). La secretaría del partido Comunista del RAT, que es el cargo más alto y de más poder en la RAT, ha sido ocupada por chinos desde 1959 (Zhang Guhua, Zeng Yongya, Ren Rong, Yin Fatang, Wu Jinhua, Hu Jintao, Chen Kuiyuan y ahora Guo Jinglong). Hay discriminación racial contra los tibetanos. Cuando Chen Kuiyuan fue cambiado de destino saliendo de la RAT, Raidi, un tibetano que detentaba el segundo puesto en la jerarquía comunista, debería haber sido nombrado en su lugar. Sin embargo, Guo Jinlong, un chino que ocupaba la tercera plaza, fue ascendido pasando sobre la cabeza de Raidi al puesto cumbre de la RAT.

Cualquier puesto que ocupe un tibetano en la jerarquía china en el Tíbet, siempre hay un funcionario "subordinado" chino "bajo él" que es el que ejerce realmente el poder. China sigue enviando muchos cuadros al Tíbet, en los que tiene gran confianza, para gobernar el Tíbet.

La población de medio Tíbet, incorporado hoy a las provincias chinas vecinas, está completamente privads de su identidad política y se ha convertido en una minoría insignificante en su propia tierra.

El desarrollo económico

Dice el informe: "Los años 80 contemplaron un gran auge del movimiento de reforma, apertura y modernización en el Tíbet, como en otras partes de China." Esta frase probablemente es la única verdadera de todo el informe. En 1980, el entonces Secretario del Partido Comunista Chino, Hu Yaobang, visitó el Tíbet. Hu resultó tan afectado por lo que pudo ver de la situación del Tíbet que dijo que el nivel de vida debía al menos aumentarse a las cotas de antes de 1959. Tras la visita de Hu, hubo un breve período de relajación y unas pocas auténticas medidas de liberalización - reducción de cuadros chino y cesión de poder local administrativo a cuadros tibetanos- se tomaron para permitir que los tibetanos decidiesen sobre su forma de vida. Esto es a lo más lejos que llegó el régimen de Beijing para poner en práctica de verdad su retórica de "liberación" del Tíbet. Por desgracia, este período duró menos de una década, tras la cual Beijing volvió a lo único que sabe: más control y represión.

En 1984, en el Segundo Foro de Trabajo sobre el Tíbet, se lanzaron 43 proyectos entre inversión estatal y de nueve provincias y ayuntamientos. Un estudio más detenido de los 43 proyectos revela que ninguno de ellos estaba orientado a mejorar o a tener algún efecto positivo en las vidas de los tibetanos corrientes, la mayoría de los cuales son granjeros y nómadas. Algunos de los proyectos eran tan fantasiosos como la construcción de hoteles en el Tíbet. Algunos hoteles de lujo se han construido en Beijing. Esos proyectos está claro que no estaban diseñados para mejorar la calidad de vida de los tibetanos, sino para reforzar y consolidar la presencia burocrática china en el Tíbet y para mejorar la calidad de vida en las áreas urbanas, donde los chinos son mayoritarios.

Del mismo modo, en 1994, en el Tercer Foro de Trabajo sobre el Tíbet se anunciaron 62 proyectos para impulsar el desarrollo de la economía del Tíbet. Pero, ¿cuáles eran esos 62 proyectos? Los 62 proyectos fueron otro intento de la administración de la RAT de obtener más financiación de Beijing para hacer más confortables las condiciones de vida de los cuadros del gobierno y de los residentes urbanos chinos. Fue otro intento de apagar las quejas y agravios de los residentes-cuadros, de los militares y de los inmigrantes chinos y apaciguarles. Casi todos los 62 proyectos estaban orientados a mejorar la infraestructura urbana. 17 de los proyectos consistían en proyectos energéticos. Más del 30% de la financiación total se destinaría a inversión en esos proyectos energéticos. Unos pocos de esos proyectos contemplaban la renovación de centrales eléctricas existentes. Toda la electricidad que esas centrales producen no va a los asentamientos tibetanos de los alrededores, sino a las áreas urbanas de Lhasa, Shigaste, Nyinrti, Chamdo y Nagchu y en un caso para dotar de la energía precisa para la puesta en marcha de la mina de cromita de Norbusa, en la zona de Lhoka.

En Junio de 2001, tras el Cuarto Foro de Trabajo sobre el Tíbet, se anunciaron formalmente 117 proyectos, y se trazaron ambiciosos planes para "desarrollar" el Tíbet, como parte del Programa de Desarrollo de China Occidental. Una línea de ferrocarril desde Gormo (en chino Golmud) en la provincia tibetana de Amdo (en chino Qinghai) a Lhasa se anunció. Beijing lo encareció como un regalo consecuencia de la benevolencia china para colmar el deseo de modernidad del pueblo tibetano. Pero Jiang Zemin por una vez fue honrado y dijo durante una visita a Estados Unidos que el proyecto del ferrocarril iría adelante a toda costa, aunque económicamente no tuviese sentido. Jiang Zemin citó razones "políticas" para esa decisión.

El informe dice "Según las estadísticas, de 1994 al 2000, el producto interior bruto (PIB) del Tíbet aumentó un 130%, con un aumento anual del 12.4%. La renta disponible urbana per cápita y el ingreso per cápita de los campesinos y ganaderos aumentaron el 62,9% y el 93,6%, respectivamente, y la cifra de la población sumida en la pobreza pasó de 480.000 al principio de los 90 a un poco más de 70.000". El informe admite que "según las estadísticas", las mismas estadísticas que elaboran las autoridades provinciales y de distrito, que se han hecho expertas en el arte de maquillar estadísticas para complacer a autoridades más elevadas. Es de conocimiento común que en China el centro tiene una política y las autoridades locales tienen medios para sortear esa misma política. El Primer Ministro Zhu Rongji admitió la poca credibilidad de las estadísticas chinas. Zhu dijo que las estadísticas eran manipuladas por las autoridades en su propio interés. Entonces, ¿qué disparó la tasa de crecimiento del PIB al fenomenal ritmo del 12,4%? El informe dice que "la industria terciaria" contribuyó en más del 50% al PIB del Tíbet. ¿Cómo? Wang Xiaoqing y Bai Nanfeng, los autores de 'La Pobreza de lo Próspero' sabían de la propensión de las autoridades a maquillar estadísticas y, lo que es peor, ambos economistas se tomaron la molestia de indagar la verdad. Hallaron que "transfusiones de sangre" o subsidios y apoyos de Beijing y de otras provincias y ciudades de China habían mantenido rodando el sistema en el Tíbet. Los subsidios e inversiones estatales alimentaron el boom en la construcción de infraestructuras en las áreas urbanas, lo que se computa como crecimiento económico en la contabilidad del PIB. ¿Quién se beneficia de ese crecimiento? Los beneficiarios de tal crecimiento son los funcionarios e inmigrantes chinos de las zonas urbanas, y no los ganaderos y campesinos tibetanos que no reciben tales beneficios de la inyección artificial de inversiones de capital del centro. Para mantener ese "fenomenal" crecimiento del PIB, había que aumentar el número de proyectos en todos los Foros - 43, 62 ¡y 117! - Los funcionarios locales del Tíbet practican el viejo y fructífero truco de sacar la cuestión políticamente sensible de la "estabilidad social" para conseguir que Beijing y otras provincias paguen las cuentas de sus trabajos de "modernización".

Pero uno se podría preguntar ¿porqué Beijing está metiendo tanto en el Tíbet para nada? Es otra cuestión que los recursos del Tíbet - bosques, hierbas medicinales, vida salvaje, antigüedades y minerales - pertenecen al Estado según el artículo 9 de la Constitución china, el único artículo de la Constitución china que ha sido rigurosa y consistentemente aplicado en el Tíbet. De los bosques del Tíbet, el ingreso por cortas de madera tan sólo, supondría varias veces lo que China ha estado bombeando al Tíbet desde 1959.

El informe prosigue regocijándose por la reducción de la población empobrecida de 480.000 a principios de los 90 a algo más de 70.000. ¿Cómo hizo Beijing para sacar a más de un cuarto de la población tibetana de la pobreza en un tiempo tan corto? Un estudio del World Bank nos dice qué es lo que mejor ha hecho Beijing para conseguir una reducción tan dramática de la pobreza. Beijing sencillamente ha rechazado la línea de pobreza internacionalmente aceptada de un dólar americano al día o 365 $ al año, y en su lugar emplea la línea de pobreza "china" de ingresos per cápita de sólo 500 yuans a precios de 1990, lo que supone unos 625 yuans (76$) como línea de pobreza. Es obvio porqué ninguna nación en desarrollo sigue los métodos chinos de reducción de la pobreza. Además, el Tíbet tenía sólo cinco distritos designados oficialmente como pobres en 1997, según las estadísticas chinas, uno de los registros más bajos de toda China. El Grupo de Orientación para la Reducción de la Pobreza del Gobierno chino (GORP) acepta que existe más gente pobre fuera que dentro de los distritos declarados oficialmente pobres y que hay que hacer mucho más en la identificación de la gente pobre y en la estrategia de erradicación de la pobreza.

Sin embargo, a la luz de la continua retórica de Beijing acerca de la "liberación" del Tíbet, está claro porqué el Tíbet sigue siendo tan pobre y subdesarrollado. Basándonos en los Informes de Desarrollo Humano de la UNDP a lo largo de los años, la RAT y otras áreas tibetanas siguen estando al fondo de entre las provincias de China cuando se miden en términos del Índice de Desarrollo Humano (IDH) y de sus indicadores componentes (educación, ingresos y salud). Si las zonas tibetanas se midiesen independientemente como nación, caerían en la categoría de "bajo desarrollo humano", con naciones como Bangla Desh, Djibouti o Haití.

El informe dice que la llamada "Región Autónoma del Tíbet" tiene hoy 401 centrales eléctricas, con una capacidad total instalada de 356 MW y una producción anual de energía de 661 millones de Kwh. En 1990, Wang y Bai , los autores de 'La Pobreza de lo Próspero' citaron que había 816 centrales eléctricas. ¿Qué ha pasado con las 415 que faltan? La mayor parte de las centrales eléctricas se construyeron con trabajadores forzados durante los tiempos de la colectivización, lo que quiere decir que hubo que achatarrar la mitad de las centrales eléctricas a consecuencia de la pésima construcción, en primer lugar. Una presa en el distrito de Chabcha en la provincia de Amdo se derrumbó en 1993 causando la muerte de al menos 1.257 personas, pero como es habitual, sólo murieron 300 de creer a las fuentes gubernamentales chinas. Los tibetanos locales se quejaron a las autoridades del riesgo que para su seguridad suponía la presa sin resultado alguno. Sólo después del trágico accidente las autoridades tomaron algunas medidas.

Una organización alemana que trabaja en el Tíbet central en el desarrollo de pequeñas centrales hidroeléctricas informó que más del 70% de la población del mundo rural no tiene acceso a la electricidad. Un estudio del Banco Mundial reveló que más de 127.000 hogares están por electrificar sólo en el Tíbet central. Entonces, ¿adónde va la potencia eléctrica de esas 401 centrales? Va a dotar de potencia a la clase dominante china en el Tíbet, que controla a los tibetanos y al aparato de dominación chino en el Tíbet y que explota los recursos naturales del Tíbet. Todas esas centrales envían su electricidad a las áreas urbanas dominadas por gente de etnia china, y no a los pastores nómadas y campesinos tibetanos que habitan en las proximidades de las fuentes de energía, hidráulica, solar y geotérmica.

El informe presume de la red de autovías que conectan el Tíbet a diferentes partes de China y a la construcción de un nuevo ferrocarril desde Gormo, en la región tibetana de Amdo, a Lhasa. Esas autovías y la línea de ferrocarril cubren miles de millas para comunicar el Tíbet con China. Pero si Beijing se toma en serio modernizar el Tíbet, ¿porqué no se puede abrir un acceso el Tíbet al puerto de mar más próximo desde el Sur del Tíbet? Kolkotta, el puerto de mar más cercano, está a sólo 600 Kilómetros de la frontera tibetana.

Educación

El objetivo primario de la política educativa de Beijing en el Tíbet es inculcar lealtad a la "Gran Patria" y al Partido Comunista. Dirigiéndose a la Conferencia de Educación de la RAT que se celebró en Lhasa en 1994, el entonces Secretario Regional del Partido, Chen Kuiyuan, dijo: "El éxito de nuestra educación no radica en el número de diplomas que otorguen nuestras universidades, escuelas universitarias y... escuelas secundarias. Consiste, en último término, en si los estudiantes que se gradúan son opuestos o dirigen sus corazones a la banda del Dalai y en si son leales o no o no se cuidan de nuestra gran patria y de la gran causa socialista..."

Esta política ha cegado a las autoridades en un gran número de cuestiones centrales relativas al desarrollo de los recursos humanos en la meseta. A pesar de la pretensión de las autoridades de "haber emprendido un trabajo importante en las pasadas décadas para desarrollar la educación popular o de masas en el Tíbet", la educación - el fundamento del desarrollo de recursos humanos - siempre se ha relegado al vagón de cola.

En el Tíbet independiente, más de 6.000 monasterios de monjes y de monjas servían como centros educativos. Además de eso, el Tíbet tenía muchas escuelas dirigidas tanto por el gobierno como por particulares. El Partido Comunista Chino etiquetó esos centros de enseñanza como semilleros de "fe ciega" y caldo de cultivo de la "opresión feudal". En consecuencia, fueron señalados como blancos de ataques y cierres poco después de la "liberación del Tíbet".

En su lugar, las autoridades obligaron a los tibetanos de zonas agrícolas y de pastoreo a establecer escuelas fundadas por el pueblo, conocidas como mangsutk lobdra. Ni un solo céntimo de la financiación del gobierno chino se gastó en esas escuelas y la mayoría de ellas no podrían considerarse escuelas usando criterios internacionales. Pero tales instituciones sirvieron para hacer estadísticas impresionantes para la propaganda oficial china. Esto se refleja claramente en las siguientes declaraciones de tres sociólogos chinos, quienes dijeron: "Sólo hay 58 escuelas de nivel medio (en la RAT). De ellas, sólo 13 son verdaderas escuelas secundarias. Sin embargo, hay 2.450 escuelas primarias en el Tíbet. De ellas, sólo 451 han sido fundadas por el gobierno. Más de 2.000 de esas escuelas han sido fundadas por gente del pueblo. Esas escuelas no tienen fundamentos sólidos ni están debidamente equipadas. El nivel de educación es o bien completamente nulo o extremadamente bajo. En consecuencia, la cuestión de los talentos científicos puede obviarse de entre ellas. En la actualidad el 90% de los campesinos y pastores no reciben ni los primeros cursos de la enseñanza de nivel medio."

"A la vista de ello, hablar acerca de la enseñanza media superior y de la universitaria es como pedir a la gente que coma equilibradamente cuando no se dispone ni siquiera de grano para comer. Sólo el 45% de niños en edad escolar van a la escuela primaria. De ellos, el 10,6% consigue graduarse y pasar a la escuela media de primer grado. En otras palabras, el 55% de los niños ni siquiera obtienen educación primaria. En el conjunto de la RAT, hay más de 9.000 maestros de varios niveles, muchos menos que el número que en realidad se precisa. El cincuenta por ciento de esos maestros no tienen las cualificaciones requeridas. La igualdad entre las nacionalidades sólo llegará si esto se reforma y se mejora."

En los años 80, la política liberalizada de Beijing animó una atmósfera favorable para el desarrollo de un sistema educativo adaptado a las necesidades de los tibetanos. Por desgracia, los más amplios intereses estratégicos y económicos de China en aquel momento condujeron a un recorte en los fondos estatales para educación. Como resultado, la década contempló el cierre del 62% de las escuelas primarias, y el número de estudiantes escolarizados cayó el 43%.
En la década de los 90, se asignó más dinero a la RAT para educación como consecuencia de haberse designado la región como Zona Económica Especial. Y en 1994, Beijing aprobó una política educativa obligatoria para la RAT. Pero la partida presupuestaria para educación fue principalmente a las escuelas dirigidas por el estado (shung-tsuk lobdra), donde predominan los estudiantes chinos. Las escuelas de las zonas rurales donde viven la mayoría de los tibetanos continuaron estando descuidadas. Qun Zeng, vicedirector de la Comisión de Educación de la RAT dijo:

"Hay demasiadas escuelas fundadas por gentes del pueblo, demasiadas clases de los cursos más bajos, una proporción excesiva de abandonos escolares y una muy pequeña proporción de los que completan la enseñanza primaria. Por ejemplo, hay un total de 2.800 escuelas primarias en la región, de las cuales 1.787, o sea el 74,5% han sido fundadas por gentes del pueblo, con medios primitivos y maestros de baja cualificación que no pueden impartir más que el primer o segundo grados de la enseñanza. De las más o menos 500 escuelas primarias que hay hoy llevadas por el gobierno, más de la mitad no pueden impartir más que los primeros grados de la enseñanza debido a las limitaciones de medios y de personal docente. Sólo hay unas 100 escuelas primarias capaces en la actualidad de impartir los seis grados de la enseñanza elemental, y la mayor parte de ellas están situadas en ciudades y villas por encima del nivel rural, mientras pocas pueden hallarse en los distritos agrícolas o ganaderos. Hay, como promedio, menos de una sola escuela primaria completa para cada 897 entidades de población de la región, con el resultado de que sólo el 60,4%, aproximadamente, de los niños en edad escolar van a la escuela, la tasa más baja de toda China.

Además, con el flujo masivo de inmigrantes chinos a la meseta, las necesidades ligüísticas y culturales de los niños chinos han condicionado el sistema educativo - en particular en los niveles secundario y universitario - de modo que el chino ha eclipsado al tibetano como lengua de enseñanza.

La evolución del sistema educativo tibetano en los 90 puede inferirse de la situación de la "educación de masas" en la prefectura de Chamdo, una de las regiones más ricas de la RAT. Un artículo de Shang Xioling, reportero de Radio TAR, y Tang Ching, reportero especial de educación en la TAR, presenta unas cuadro alarmante de las condiciones educativas dentro de Chamdo y en su comarca. El artículo, titulado "Notas de la triste historia de la educación en Chamdo", se publicó el 15 de Julio de 1993 en uno de los periódicos de Chamdo en lengua china.

Los autores revelan que de los 110.000 niños en edad escolar de Chamdo, más de 70.000 (el 63,64%) no tienen oportunidades de escolarización. Informaron que el analfabetismo y semianalfabetismo en Chamdo eran del 78,8%. Shang y Tang escribieron que aunque la tasa de escolarización que se presentaba oficialmente en la RAT era del 60,4%, la existente en la prefectura de Chamdo era de sólo el 34%.

Esas revelaciones de Shang y Tang plantean la dudosa calidad de las estadísticas chinas sobre educación. Si Chamdo - que es una de las zonas más desarrolladas de la RAT - tiene una tasa e escolarización del sólo el 34%, el promedio en toda la RAT en el mismo momento no podía ser tan alto como el 60,4%.

Además, lo que las autoridades evitan admitir, es que la TAR y otras zonas tibetanas de Amdo y Khan están aún en el fondo de los índices de educación de toda China, por debajo incluso de Guizhou, la provincia china más atrasada. Según el Cuarto Censo Nacional e 1990, sólo el 0,29% de los tibetanos tenía un nivel educativo de colegio universitario (college), el 1,23% de escuela secundaria superior, el 2,47% de escuela secundaria elemental y el 18, 52% de escuela primaria. El promedio nacional chino era de 1,42% con nivel de college, 8,04% de escuela secundaria superior, 23,34 de escuela secundaria elemental y 37,06% de escuela primaria.

El informe del censo mostraba que el 62,85% de la población productiva (en el grupo de edad 15-40 años) era analfabeta o semianafabeta y que el 84,76% de las mujeres de esa fuerza laboral eran analfabetas o semianalfabetas. Entre los tibetanos empleados en las industrias del sector público de la TAR, el 80% era analfabeto o semianalfabeto. El Quinto censo Nacional de China se emprendió el 1 de Noviembre de 2000, pero no hay aún datos disponibles.
Al final de los 90, más de un tercio de los estudiantes tibetanos de secundaria de la TAR fueron enviados a China a proseguir estudios. Sólo en la Escuela Secundaria Tibetana de Beijing hay casi 1.000 estudiantes - 760 en la secundaria elemental y 200 en la superior -. Los estudiantes enviados a China pasaban allá siete cursos, sólo por vacaciones volvían a sus casas. El objetivo de enviar a los jóvenes más brillantes a China es adiestrarles como herramientas del control político chino en el Tíbet.

Los tibetanos califican con razón esas medidas como orientadas a minar su identidad y cultura. El difunto Panchen Lama declaró que educar a niños tibetanos en China sólo tendría el efecto de alienarlos de sus raíces culturales. De modo parecido, un funcionario tibetano de la RAT dijo que el objetivo de establecer escuelas secundarias tibetanas en China central era "asimilar a la próxima generación tibetana".

Para 1994 había 13.000 tibetanos enrolados en 104 escuelas desperdigadas por veintiséis provincias chinas. La mayor parte de ellas son escuelas chinas normales con clases especiales diseñadas para los tibetanos. Sin embargo, dieciocho de ellas son "Escuelas Secundarias Tibetanas" de arriba abajo, y tres de ellas, radicadas en Beijing, Chengdu y Tianjin tienen programas elementales y superiores, mientras que las restantes sólo cuentan con los elementales. El setenta y cinco por ciento de los tibetanos graduados por estas escuelas elementales secundarias fueron enviados a escuelas secundarias técnicas.

Este programa de educación elitista consume un alto porcentaje del presupuesto anual de educación de la RAT mientras que la dotación para el Tíbet rural no llega a asegurar una educación básica adecuada. Entre 1984 y 1991, la RAT gastó 53 millones de yuans en las escuelas secundarias para tibetanos en China. Sólo para el 1994, la RAT señaló un presupuesto de 1.050 yuans por cada estudiante tibetano de secundaria residente en China.

En 1988, el difunto Panchen Lama, dirigiéndose al primer congreso del Instituto de Tibetología de Beijing, comentó: "El país, que se había desenvuelto bien por sí mismo durante 1.300 años, desde el siglo VII, perdió su lengua tras ser liberado. Quedásemos o no retrasados, cometiésemos o no errores, dispusimos nuestra vida en la meseta más alta del mundo usando sólo el tibetano. Escribimos todo en nuestra propia lengua, fuese budismo, artesanía, astronomía, poemas, lógica. Todo el trabajo administrativo se hacía igualmente en tibetano. Cuando se fundó el Instituto de Tibetología, hablé en el Palacio del Pueblo y dije que los estudios tibetanos deberían basarse en los fundamentos de la religión y cultura propias del Tíbet. Hasta hoy hemos descuidado estas materias. Puede que no sea el objetivo deliberado del Partido dejar que la cultura tibetana muera, pero me pregunto si el idioma tibetano sobrevivirá o será erradicado."

En 1992, el profesor Dungkar Lobsang Trinley - una de las primeras figuras de la vida cultural e intelectual tibetana moderna, que ha sido reconocido asimismo por la dirigencia china como "un tesoro nacional" - dijo: "A pesar de que se declare que el tibetano será el primer idioma a usar en todas las oficinas gubernamentales y en actos oficiales, y en la correspondencia oficial, el chino se emplea en todas partes como lengua de trabajo." Este estado de cosas, adujo, ha dado como resultado la pérdida de control de los tibetanos sobre su destino. El profesor Dungkar siguió diciendo: "Toda esperanza en nuestro futuro, todos los demás desarrollos, la identidad cultural y la protección de nuestra herencia depende de esto (del idioma tibetano). Sin personal preparado en todos los campos, capaces de expresarse en su propio idioma, los tibetanos están en peligro de ser asimilados. Hemos llegado a este punto."

Dherong Tsering Thondup, otro académico tibetano, manifestó una preocupación similar tras desarrollar una investigación detallada acerca del estatus de la lengua tibetana en muchas partes del Tíbet Oriental. En su informe, publicado en los primeros 90s, Dherong escribió que de 6.044 funcionarios y miembros del Partido de los nueve distritos que forman Prefectura Autónoma del Tíbet de Karze, sólo 991 eran capaces de escribir en tibetano. De modo semejante, la mayoría de los 25 estudiantes tibetanos de una clase en Dhartsedo no podían hablar tibetano en absoluto. Dherong citaba tres causas principales de esto: la primera, dijo, es la política chovinista del gobierno chino, que acelera el proceso de sinificación, la segunda es la noción de que el tibetano es una lengua sin valor en la sociedad actual, y la tercera, el complejo de inferioridad padecido por los tibetanos, que lastra sus iniciativas de proteger su propio idioma.

Todas estos elementos sugieren que la oportunidad educacional creada en el Tíbet por el "adelanto de terremoto" de China en las cinco décadas pasadas es espantosamente inadecuado para las necesidades de los tibetanos. Queda muy lejos de lo que han conseguido en este campo los tibetanos del exilio, que llegaron a la India con las manos vacías en 1959.

La comunidad tibetana en el exilio tiene hoy 87 escuelas, con un total de 30.000 estudiantes, que constituyen el 85% de los niños en edad escolar. Hoy, la educación en el exilio ha producido doctores en medicina, administradores, doctores y masters en filosofía, ingenieros, docentes de postgrado, periodistas, trabajadores sociales, abogados, programadores de ordenador, etc. Lo que se debe principalmente al apoyo del gobierno de la India, que en contraste con el de Beijing, no presume de ello.

Además, hay más de 200 monasterios de monjes y monjas en el exilio con unos 20.000 monjes y monjas. No es de asombrarse que los jóvenes tibetanos arriesguen la vida cruzando las montañas del Himalaya hasta la India para recibir una educación decente.

Servicios sanitarios

Entre 1959 y 79 la campaña comunista contra las "cuatro antiguallas"apuntó también al sistema de sanación tibetano tradicional. Los institutos médicos tibetanos se cerraron. Los profesionales de la medicina tradicional, que habían aprendido sus técnicas durante toda la vida, fueron reemplazados por "médicos descalzos", que sólo tenían de medio año a un año de instrucción. La mayoría de estos paramédicos - en el grupo de edad 15-19años - no habían tenido educación formal antes de esa instrucción. Los visitantes extranjeros del Tíbet apreciaron eneste período un aumento de la incidencia del cáncer, la disentería y las diarreas.

Tras la liberalización económica de 1979, hubo una notable mejora de los equipamientos de los servicios sanitarios, al menos en las zonas urbanas.Sin embargo, los estándares de los servicios sanitarios siguieron muy por debajo que en el resto de China. Dawa Tsering - un joven tibetano que volvió al Tíbet desde el exilio y estudió en el Instituto de Minorías Nacionales en Siling, Amdo, entre 1979 y 81 - dijo que los hospitales de Siling proporcionaban tratamiento gratuito a los estudiantes y cuadros, pero que la gente común tenía que pagar. "Salvo para casos de emergencia, el tratamiento de tibetanos corrientes en esos hospitales es muy raro", dijo. Un miembro del Servicio Voluntario Británico en el Extranjero, que pasó un año en la Universidad de Lhasa en 1987 dijo que el servicio médico en Lhasa era tan deprimente "que los chinos preferían volar a casa antes que ser ingresados en Lhasa". Recordando su visita a una amiga internada en un hospital de Lhasa dijo: "nunca vi a una enfermera en los tres días que fui de visita. Las visitas circulaban por todas partes en cualquier número y a todas horas. El médico que la cuidaba fumaba. No había cortina para mantener la intimidad cuando tenía que usar el orinal -ni para los demás pacientes y sus parientes, ni para el mundo exterior del otro lado de la ventana. Le asustaba la perspectiva de comer la comida que allí daban o de beber el agua, y vivía de galletas y dulces que le llevaban sus amigos."

La tuberculosis tiene gran incidencia en el Tíbet. Una revista de la Unión Internacional contra la Tuberculosis y Enfermedades Pulmonares informó a principios de 1988 que donde la incidencia de la tuberculosis era más alta era en Xinjiang y el Tíbet. El informe añadía que la tasa de incidencia era del 1,26% y una tasa de manchas positivas del 0,316%, el doble de tasas prevalentes en el conjunto de China: incidencia de 0,72% y manchas positivas 0,19%
La situación de la salud en el Tíbet, entre los niños especialmente, se revela claramente en lo que se desprende de la investigación llevada a cabo por el Proyecto de Colaboración Sanitaria y Nutricional de la Infancia del Tíbet. El PCSNIT halló pruebas de malnutrición crónica y una situación sanitaria sumamente comprometida. "El 52% de los niños examinados mostraban señales de retraso importante (baja estatura para la edad), más del 40% de los niños mostraban señales de carencia de proteínas y un 67% fueron diagnosticados de raquitismo (enfermedad ósea causada en la mayor parte de los casos por falta de vitamina D).

A peasr de esos datos, las publicaciones oficiales chinas siguen pretendiendo grandes avances en el sistema de cuidados sanitarios. Según las autoridades chinas había 1.300 establecimientos médicos y 6.700 camas hospitalarias en la RAT en 1996. Las autoridades pretenden también que "se pueden hallar centros médicos por todas partes" en el Tíbet. Pero el hecho es que los servicios sanitarios del Tíbet están fuertemente sesgados en favor de los residentes urbanos, que son predominantemente chinos. Los habitantes de las zonas agrícolas y ganaderas tienen que viajar cosa de un día a caballo o yak a capitales de distrito o ciudades mayores para conseguir tratamiento. Incluso en zonas urbanas, la admisión a un departamento de internados requiere un depósito de 500 a 3.000 yuans - una suma poco razonable para los tibetanos corrientes, cuyo ingreso promedio per cápita es ahora de 1.258 yuans (unos 151,56$).

Una consecuencia de los deficientes servicios sanitarios para los tibetanos y del mal estado de la higiene pública es la mayor tasa de mortalidad de los tibetanos frente a los chinos.En 1981, según los informes del Banco Mundial de 1984 y de la UNDP de 1991, las tasas brutas por millar fueron de 7,48 en la RAT y de 9,92 en Amdo, contra una media de 6,6 en China. La tasa de mortalidad infantil, según el Banco Mundial, es de 120,2 por millar en la TAR y de 64,7 por millar en Amdo.

En consecuencia, en 1995, el Tíbet figuraba al final de todos los territrorios de China según el índice de la esperanza de vida y del índice educacional, 0,58 y 0,32 respectivamente, muy por debajo de los promedios nacionales chinos de 0,73 y 0,68, respectivamente.

La situación de los derechos humanos

La huída de Su Santidad el Dalai Lama, seguido por miles de tibetanos, al exilio en 1959, y el estado de excepción que los militares impusieron subsiguientemente, fueron titulares de todos los periódicos de la época. La brutal represión que padecieron los tibetanos implicados en el levantamiento contra el régimen chino y la intolerancia comunista, que se expresó violentamente, frente al budismo tibetano, movió a la Asamblea General de la Naciones Unidas a aprobar tres resoluciones por separado, en 1959, 1961 y 1965, condenando la violacion por parte de las autoridades chinas de derechos humanos y libertades fundamentales del pueblo tibetano, incluyendo su derecho de autodeterminación. En la resolución de 1961 sobre la situación en el Tíbet, la Asamblea General renovó "su llamamiento a la finalización de toda práctica que prive a los tibetanos de sus derechos humanos y libertades fundamentales, que han disfrutado desde siempre."

A pesar de los informes chinos, que pretenden que desde entonces ha habido una constante mejora de la situación de los derechos humanos en el Tíbet, la Subcomisión de la ONU para la Prevención de la Discriminación y la Protección de los Derechos de las Minorías, radicada en Ginebra, en su resolución de 1991, expresó su preocupación "por la persistencia de las violaciones de libertades y derechos humanos fundamentales que amenazan la identidad diferencial cultural, religiosa y nacional del pueblo tibetano." Requirió a China a "respetar estrictamente las libertades y derechos humanos fundamentales del pueblo tibetano...".

Alertado por las noticias de matanzas y destrucciones generalizadas en el Tíbet, la Comisión Internacional de Juristas publicó un informe preliminar en 1959 llamado 'La Cuestión del Tíbet y el Imperio de la Ley'. En 1960, el Comité de Investigación Legal de la Comisión Internacional de Juristas presentó sus conclusiones a la Comisión llamada 'El Tíbet y la República Popular China'. En el informe, el Comité de Investigación Legal refería: "Las pruebas presentadas ante el Comité de Investigación Legal probaron satisfactormente que los chinos en el Tíbet intentraron destruir tales grupos religiosos, señaladamente budistas, en el Tíbet... Las pruebas demuestran que relevantes personalidades fueron muertas en un intento de inducir a otros a abandonar su religión. También demuestran que gran número de personas de la nueva generación de tibetanos están siendo deportados por fuerza a lugares donde la antigua religión no puede llegar a ellos. Esos actos son parte de un plan general para erradicar la fe religiosa en el Tíbet, y, de ese modo, destruir al grupo religioso. En resumen, actos condenados como genocidio han sido cometidos con el fin de destruir el budismo en el Tíbet y el objetivo es que no queden budistas allí."

La búsqueda de una solución duradera

Al contrario de lo que se muestra en el informe chino, el Tíbet comprende Cholka-sum - las tres provincias de U-tsang, Kham y Amdo, con una extensión total de 2,5 millones de kilómetros cuadrados y una población de unos seis millones de personas. Cuando el gobierno chino se refiere al Tíbet se refiere solamente a la llamada "Región Autónoma del Tíbet" (RAT), que consiste principalmente en U-Tsang y algunas zonas de Kham, con un área de 1,2 millones de kilómetros cuadrados y sólo un tercio de la pobación total del Tíbet. La mayor parte de Amdo y algunas zonas de Kham están ahora anexionadas a las provincias chinas de Gau, Sichuan y Yunnan.

El Tíbet era un país independiente de hecho y de derecho, cuando China lo invadió en 1949. La intrusión militar fue la invasión de un estado soberano y claramente una violación de la ley internacional. La persistente ocupación ilegal, hasta hoy, del Tíbet por China, reforzada por una fuerte presencia militar, constituye una violación continuada de la ley internacional y del derecho fundamental del pueblo tibetano a la autodeterminación.

Por estas razones, en vez de emitir informes autocomplacientes, es absolutamente preciso que China desmantele su andamiaje colonial en el Tíbet. La política actual de intensificar la represión e incrementar las actividades de "desarrollo", implantada por el Tercer Foro de Trabajo sobre el Tíbet y fuertemente impulsada por el Cuarto Foro de Trabajo, es una política errónea. Todos en todo el mundo, menos la línea dura de la dirigencia de Beijing, considera que es una política miope y resultará, a largo plazo, desastrosa. Melvyn C. Goldstein, experto académico en asuntos tibetanos, a quien se citaba con complacencia en el informe chino para respaldar la pretensión de que la vieja sociedad tibetana era feudal, tiene algo que decir sobre la política de dureza de Beijing. En un artículo sobre el Tíbet publicado en el número de Enero-Febrero de 1998 de 'Foreign Affairs', escribió: "Muchos expertos y moderados chinos se plantean si la línea política actual producirá la estabilidad a largo plazo que desea China en el Tíbet, puesto que está exacerbando la alienación de los tibetanos, incluso de los jóvenes, intensificando sus sentimientos de odio étnico y desesperación política, e inculcando la idea de que las aspiraciones nacionalistas tibetanas no pueden colmarse en tanto el Tíbet siga formando parte de la República Popular China."

El experto en el Tíbet apoya su declaración comentando: "el nodo de la cuestión es que los tibetanos no van a permanecer sentados viendo a Beijing transformar impunemente su país. El sentimiento nacionalista combinado con la deseperación y la rabia hacen un cóctel peligroso, y hay tibetanos, de dentro y de fuera, que están a favor de una campaña de violencia focalizada."

El punto de vista de Melvyn Godstein encontró eco entre los especialistas chinos que residen en China. Wang Lixiong, autor del best-seller chino 'La Perla Amarilla"en un artículo titulado 'El Dalai Lama es la Clave de la Cuestión del Tíbet', escribe: "Desde el punto de vista chino, estas razones hacen que la cuestión tibetana sea mucho más sensible que la de Xinjiang. Las características de la cuestión tibetana son: falta de certeza histórica acerca de la soberanía china, internacionalización del asunto, apoyo de la sociedad occidental, un gobierno efectivo en el exilio y un líder espiritual que es reverenciado por los tibetanos y que goza de influencia en todo el mundo." Wang Lixiong escribe también en el mismo artículo: "Así pues, si se toman en consideración los intereses chinos a largo plazo, no es sensato despreciar la cuestión. Y, es incluso un error más grande esperar a la muerte del Dalai Lama. Esa política está mal orientada." Wang Lixiong recomienda encarecidamente que China "aproveche la presente oportunidad e inicie el proceso de hallar una solución en vida del XIV Dalai Lama y mientras éste goce de salud. Se precisa una iniciativa pronta para alcanzar estabilidad permanente con un único esfuerzo. Perder el tiempo no está en los intereses del Dalai Lama ni en los de China. De hecho, está aún menos en los de China. China no debería ver en el Dalai Lama un obstáculo para la resolución de la cuestión del Tíbet, sino como la clave de una solución duradera. Sin embargo, si no se resuelve bien la cuestión, la llave que puede abrir la puerta también puede cerrarla."


traducion: Joaquin Arse-Mateos