|
Published
and issued by the Department of Information and International Relations,
Central Tibetan Administration, Gangchen Kyishong, Dharamsala, Himachal
Pradesh, India, December 2001. Please visit our websites, www.tibet.net
and www.tibet.com for comprehensive information on Tibet
Cumbres
tenebrosas: El colonialismo chino en el Techo del Mundo
Respuesta
tibetana al Informe chino de 8 de Noviembre de 2001
Departamento de Información y Relaciones Internacionales Administración
Central tibetana,
Dharamsala 176215 Diciembre 2001
Eran conquistadores, y para eso todo lo que se requiere
es fuerza bruta -nada de lo que enorgullecerse, ya que la fuerza es
un mero accidente que viene de la debilidad ajena. Pillaron cuanto pudieron
por amor al pillaje. Fue un robo con violencia, asesinato con agravantes
en gran escala, y los hombres iban ciegamente a ello -como resulta muy
propio de quienes tratan con las tinieblas. La conquista de la tierra,
lo que generalmente significa su usurpación de quienes tienen una tez
diferente o narices ligeramente más chatas que nosotros, no es cosa
bonita cuando la mira uno demasiado de cerca.
El Corazón de las Tinieblas, de Joseph Conrad.
Preámbulo
"Las Cumbres de las Tinieblas: el colonialismo chino en el Techo del Mundo",
es la respuesta al informe que recoge la pretensión china de estar modernizando
el Tíbet, emitido por el Consejo de Estado de la República Popular China
el 8 de Noviembre de 2001. La respuesta tibetana es un estudio del plan
oculto que hay tras los frenéticos esfuerzos para reforzar el colonialismo
en el Tíbet. Después de la ocupación comunista del Tíbet, quizá sea el
mayor desastre con que los tibetanos hayan tenido que enfrentarse. A pesar
de la brutalidad de la Revolución Cultural, China no fue capaz de borrar
la gentil civilización tibetana, cuya rica tradición espiritual vibra
incluso hoy mucho más allá del Tíbet. Donde el brutal poder militar y
la represión política sin embozos han fracasado, China intenta ahora exterminar
el inimitable modo de vida tibetano vía una colonización acelerada.
Nuestra respuesta ilustra el antiguo estatus independiente y la verdadera
naturaleza del sistema social tradicional del Tíbet. También examina el
grado de autonomía en la mal llamada "Región Autónoma del Tíbet" y otras
áreas tibetanas. Analiza las presiones que subyacen al desarrollo económico
chino en el Tíbet y el estado de la educación. Nuestra respuesta pasa
revista al atroz récord chino en pisotear los derechos humanos de los
tibetanos, los crecientes intentos de las autoridades chinas de minar
la lengua tibetana y el lamentable estado del servicio sanitario en la
mal llamada "Región Autónoma del Tíbet" y más allá.
Este estudio significa un toque de atención a los dirigentes chinos sobre
las consecuencias impredictibles con las que pueden verse forzados a convivir
si las autoridades de Beijing persisten en su política de no tratar con
Su Santidad el Dalai Lama e intentar determinar el futuro del pueblo tibetano
sin contar con ninguna participación tibetana significativa. La actual
política, formulada temerariamente y con total desprecio de las preocupaciones
auténticas del pueblo tibetano está agudizando los problemas de inestabilidad
que China está intentando con tanto esfuerzo erradicar del Tíbet.
En vista de ello, está en el propio interés de China el aceptar la oferta,
mantenida durante tanto tiempo, de Su Santidad el Dalai Lama para resolver
la cuestión tibetana basándose en la legítima preocupación china por su
seguridad y las razonables y justas aspiraciones del pueblo tibetano.
El "Enfoque de la Ruta Equidistante" de Su Santidad el Dalai Lama de no
buscar la plena independencia, sino procurar una fórmula que permita al
Tíbet existir y funcionar como una entidad reconocible en el entramado
del conjunto de la República Popular China es el remedio más eficaz para
el dolor de cabeza que a China le produce el Tíbet. Una China próspera
y estable está en el interés de todos, incluyendo los tibetanos. Es algo
que pudiera lograrse si Beijing pasase a considerar al Dalai Lama como
un aliado con influencia y capacidad para ayudar a restituir a China la
grandeza que el pueblo chino merece y sus dirigentes persiguen.
Samdhong Rimpoché Kalon Tipa y Kalon del Departamento
de Información y Relaciones Internacionales.
10 de Diciembre 2001
La Carga del Hombre Amarillo
Venga en la forma que venga, tanto en la de la carga del hombre blanco
como en la el hombre amarillo, el colonialismo produce una biblioteca
de literatura a su servicio. La primera estirpe colonialista saqueó el
mundo, respaldada por el persuasivo poderío de las cañoneras, entonando
el eslogan de "la civilización". Se quedaron, construyeron carreteras,
tendieron ferrocarriles, edificaron escuelas y monopolizaron la administración
nativa, todo ello orientado a la explotación de los recursos nativos.
Cuando se fueron, dejaron tras sí culturas rotas, mentes dañadas, países
divididos y casi todos los problemas que afligen a nuestro mundo.
El colonialismo occidental se inició hacia 1500 con el descubrimiento
de nuevas rutas marinas hacia Asia y América. Vía el descubrimiento, la
conquista y el asentamiento de colonos, las naciones marineras de Europa
colonizaron gran parte del mundo, lo que disparó el proceso de la dominación
occidental del planeta durante más de cuatrocientos años. En esos largos
años, Europa extrajo recursos de su periferia colonial y, en reciprocidad,
las colonias recibieron una biblioteca de verborrea justificando ese saqueo.
La última en la larga lista de estos esforzados colonialistas es China.
Al grito de guerra de "liberación", China entró en el Tíbet como un huracán,
justificando su invasión con promesas de hacer del Tíbet un "paraíso socialista".
Cincuenta, o más, años más tarde, la "liberación" se ha vuelto ocupación
y ni el socialismo, ni mucho menos el "paraíso socialista", aparecieron
nunca, puesto que fue arrojado al basurero de la historia por el actual
poder colonial chino. Tras cincuenta años, la naturaleza colonial del
gobierno chino en el Tíbet sigue siendo la misma, pero la justificación
de la pretensión china de seguir ocupando el Tíbet ha cambiado. El nuevo
mantra de justificación colonial china es "la modernización".
Es un viraje interesante y un nuevo argumento que puede convencer o no
a la comunidad internacional. Liberación, socialismo y modernización son
hermosas palabras que encubren un hecho enorme y horroroso. Así, el actual
argumento chino de "la modernización", para citar a Joseph Conrad en "El
Corazón de las Tinieblas", ese examen clásico de las amargas realidades
del imperialismo, "no es cosa bonita cuando la mira uno demasiado de cerca".
El argumento de la "modernización" sigue siendo un argumento propagandístico
que oculta la cruda verdad de la creciente necesidad de China de explotar
los abundantes recursos del Tíbet para alimentar su economía de la zona
costera sedienta de recursos. El colonialismo occidental practicó la sofisticación
intelectual para racionalizar su codicia de recursos y energía. China
no es diferente. De hecho, al ser la última metrópoli en la larga lista
de potencias colonialistas, China puede escoger y elegir cualquiera de
los viejos y precisos argumentos usados por otros para explicar el sucio
asunto de explotar recursos que, hablando estrictamente, pertenecen a
otros. En el clásico estilo colonial, China ha pergeñado también una biblioteca
de literatura autojustificativa del saqueo de los recursos del Techo del
Mundo.
Lo más reciente de ella es la presentación del brutal régimen colonial
impuesto al Tíbet como "modernización". La ocasión de que China empezase
a emplear el argumento de la "modernización", fue el 50ª aniversario del
inicio del régimen colonial en el Tíbet. El 8 de Noviembre la Oficina
de Información del Consejo de Estado de la República Popular China emitió
un informe titulado 'Marcha del Tíbet hacia la Modernización'. El último
informe chino, como de costumbre, echa una mano de cal sobre las atrocidades
chinas en el Tíbet. No hay mención de la Revolución Cultural, por no hablar
de las otras atrocidades padecidas por el pueblo tibetano, incluyendo
los 1,2 millones de tibetanos que murieron como consecuencia directa de
la ocupación comunista china del Tíbet.
La "Modernización", una argucia para justificar el gobierno colonial
chino en el Tíbet
El principal argumento del informe chino es que el gobierno chino del
Tíbet ha convertido al Tíbet en una sociedad moderna y que la modernización
ha traído grandes beneficios al pueblo tibetano. Para ilustrar ese diagnóstico,
el informe presenta una impresionante traca de estadísticas. Esas estadísticas
son sospechosas de por sí, pero de eso nos ocuparemos más tarde. Primero,
planteémonos con algún espacio el significado y las implicaciones de la
modernización. ¿Qué es la modernidad? ¿Qué implica ser moderno? ¿Cuál
es la auténtica vara de medir de la modernización? ¿La modernización es
meramente la occidentalización? ¿O, como parecen dar por supuesto las
autoridades chinas, la modernización es la sinificación del Tíbet?
El informe chino declina mencionar que el verdadero criterio por el que
una sociedad se tiene por moderna o no es la medida en que los miembros
que componen esa sociedad en particular tienen derecho a ejercitar libremente
su voluntad colectiva, el grado en que gozan de derechos democráticos
y poseen la capacidad de ejercer esos derechos. Esas son las características
de una sociedad verdaderamente moderna.
Comparando con este criterio de sociedad moderna, el orden social que
China ha impuesto en el Tíbet fracasa lastimosa y espantosamente en la
prueba de ser una sociedad verdaderamente moderna. De hecho, el pueblo
tibetano, como el chino mismo, jadea bajo el peso opresivo de una dictadura
monopartidista, un sistema político obsoleto abandonado por el resto del
mundo y arrojado al lugar que le es más propio: el basurero de la historia.
Considérese, por el contrario, la comunidad tibetana creada en el exilio.
Es una comunidad de refugiados vibrante y cohesionada, que goza de democracia
y de derechos democráticos. El reciente cambio electoral ha asegurado
con éxito que la comunidad tibetana exiliada pueda ahora elegir directamente
al Kalon Tripa, presidente del Kashag. En realidad, la razón del súbito
estallido de cólera e ira de los funcionarios chinos que se aprecia en
el informe chino es que la comunidad tibetana en el exilio, bajo el liderazgo
de Su Santidad el Dalai Lama ha ascendido un escalón en el camino hacia
la modernización. La misma rabia china se desplegó cuando el pueblo de
Taiwán por primera vez en los 5000 años de historia de China, fue a las
urnas a elegir a Lee Teng-Hui a la presidencia. Esos ejemplos llevarán
a los tibetanos que viven en el Tíbet y a los chinos que viven en China
continental a hacerse la misma pregunta: si ellos pueden hacer eso allí,
¿porqué a nosotros no se nos permite hacerlo aquí? Por ello, el último
informe chino sobre el Tíbet es más una respuesta a los cambios democráticos
fundamentales que se están produciendo de este lado de los Himalayas y
de cómo estos cambios reforzarán la voluntad, capacidad de resistencia
y de autoafirmación del pueblo tibetano en el proseguir de su lucha por
un futuro modelado por su voluntad colectiva. El último informe chino
es el ladrido de un perro alarmado por la aparición de un extraño amenazador
que se llama democracia.
Así, la estructura que China ha puesto en pie en el conjunto del Tíbet
es una estructura diseñada en primer lugar para acelerar la explotación
china de los recursos tibetanos. El último informe llama a esa estructura
"modernización". El beneficio económico colateral que los tibetanos obtengan
de esas actividades de desarrollo es algo marginal. La creciente presencia
masiva de nuevos colonos chinos a lo largo y ancho del Tíbet, con más
oficio y un sesgo a su favor de la estructura política, impide que la
mayoría del pueblo tibetano se beneficie del nuevo desarrollo económico.
El fallecido Gerald Segal, reputado sinólogo, escribió en 'Foreign Affairs',
tal vez la revista de mayor influencia sobre asuntos internacionales:
"Tíbet, Xinjiang, Mongolia y otros territorios marginales, muchos de los
cuales tienen razones para una independencia de raíz étnica, han obtenido
relativamente pocos beneficios de la descentralización económica."
En una palabra, la primera China comunista veía al Tíbet desde una perspectiva
más bien geopolítica y de seguridad. Hoy, junto con ese motivo imperial
para quedarse en el Tíbet, una China económicamente vibrante mira al Tíbet
como la mejor fuente de energía, combustible y agua para la galopante
demanda de la zona costera. El impacto devastador de este cambio de actitud
hacia el Tíbet ya se siente en el Tíbet, pues los tibetanos, incapaces
de competir con los mejor preparados colonos chinos, están siendo crecientemente
marginalizados por las fuerzas de la globalización desencadenadas en el
Techo del Mundo. Tras haber perdido su país, los tibetanos, en número
creciente, están perdiendo sus empleos a manos de los colonos chinos que
afluyen al Tíbet para aprovecharse de la bonanza económica.
Este nuevo enfoque de la actitud china hacia los flecos de su imperio,
si ayer meros apostaderos militares, hoy colonias ricas en recursos para
aportar materias primas para mantener el ritmo de una economía dinámica,
debería producir una gran preocupación entre las llamadas minorías que
habitan en esas vastas regiones dotadas de ricos recursos naturales. Debería
también preocupar al resto del mundo, ya que la competencia por recursos
naturales en vías de rápido agotamiento alcanzaría nuevos niveles de alacridad.
Compulsiones estratégicas subyacentes al desarrollo del 'salvaje Oeste'
de China
Las razones de la necesidad perpetua de recursos y energía de China, que
ahora se reencarnan en la retórica de la "modernización" del Tíbet, estriban
en la focalización del desarrollo de la zona costera al interior. Hay
varias razones importantes para el cambio de focalización del desarrollo
económico del Este al Oeste. La modernización del Tíbet en beneficio del
pueblo tibetano no está incluida en ninguna de ellas. Las razones reales
radican más bien en que la metrópoli extraiga recursos de su periferia
colonial mientras en reciprocidad exporte su exceso de población a los
vastos espacios vacíos de los tibetanos nativos. Las razones reales radican
en la estabilidad del actual régimen de Beijing, y en los problemas políticos
y sociales que conlleva un desarrollo económico sin precedentes.
Al final de los años 70, cuando la aparentemente perpetua lucha por el
poder que caracterizó la Revolución Cultural terminó por fin y emergió
Deng Xiao Ping como nuevo hombre fuerte de China, éste abandonó los excesos
y locuras de las políticas de Mao Tsetung y lanzó en China una reforma
económica sin precedentes. El genio empresarial, el olfato para hacer
dinero y la energía y trabajo duro del pueblo chino, por mucho tiempo
aprisionados y petrificados entre los muros del socialismo, fueron liberados.
En una década el panorama económico de China cambió hasta hacerla irreconocible.
Fue un milagro económico. Tanto los observadores como los historiadores
consideran que los asombrosos logros económicos chinos han traído el mayor
grado de prosperidad al mayor número de personas en el más breve espacio
de tiempo en toda la historia de la humanidad.
Pero había un problema. La nueva prosperidad estaba confinada en la costa
Este de China. El vasto interior de China y las amplias franjas habitadas
por mongoles, uigures y tibetanos, seguían siendo tan pobres como en la
era de Mao. Durante más o menos una década, las autoridades chinas no
prestaron atención a esta flagrante disparidad económica entre el Este
en desarrollo y la pobreza occidental. Entonces se produjo la mayor migración
de la historia humana. Encandilados por la prosperidad de la costa oriental
y deseando participar en ella, campesinos chinos en número espantoso emigraron
a las grandes ciudades de la China oriental. El difunto Gerald Segal escribió:
"El hecho de que la modernización y reforma económicas haya ya desplazado
a 130 millones de chinos del campo a villas y ciudades -con otros 200
millones prestos a emigrar bien pronto- crea una situación de cambios
sociales y políticos fundamentales, que han desparramado mucha yesca revolucionaria
en todo el país". Aparte de las obvias tensiones sociales que originó
esta migración de masas, hubo tres cuestiones referidas a estos hechos
que merecieron la atención de los dirigentes chinos. Uno fue que el dinámico
crecimiento económico de la China Oriental requería un suministro fácil
y constante de recursos y energía para mantener su ritmo. Otro fue que
la masiva concentración de un creciente número de inmigrantes chinos en
las regiones orientales en desarrollo estaba tensando tanto los recursos
como las infraestructuras de esas regiones. La tercera cuestión que preocupaba
a los dirigentes chinos era que el énfasis en el desarrollo de la costa
oriental china estaba alienando a las empobrecidas regiones occidentales,
con la posibilidad de que esas zonas pudiesen apartarse de la órbita del
control chino, a no ser que se integrasen en la corriente económica dominante.
Esas son algunas de las razones materiales que tuvo Beijing para dar con
la idea del Programa de Desarrollo Económico de China Occidental, que,
cree Beijing, será la solución a los tres problemas antes mencionados.
La creación de la misma economía dinámica en las zonas occidentales atraería
trabajadores emigrantes en el sentido opuesto, y de ese modo aliviaría
la presión de la superpoblación en la costa oriental. El desarrollo de
las áreas occidentales facilitaría a China explotar los recursos y el
enorme potencial energético de esas regiones, en gas y petróleo, para
alimentar la desenfrenada demanda de energía de la China oriental. Una
China occidental próspera, así como las vastas franjas habitadas por las
llamadas minorías, aumentaría la capacidad de control y gobierno de Beijing
en la zona. La prosperidad de la zona occidental atraería a incontables
trabajadores chinos desempleados a las llamadas regiones de minorías,
donde el crudo peso demográfico cimentaría para siempre el dominio chino
en esas remotas regiones del imperio comunista chino.
La trama intelectual para salvar el foso Este-Oeste fue suministrada por
Wang Xiaoqiang y Bai Nanfeng en su revolucionario libro titulado 'La Pobreza
de lo Próspero'. En la introducción del libro, Angela Knox, la traductora,
dice: "Históricamente, China tiene una larga tradición de hacer que estados
vasallos sirvan a designios imperiales. Su estrategia geopolítica desde
1949 respecto a las regiones periféricas presenta muchas semejanzas con
la práctica anterior. Donde en el pasado estados vasallos aportaban tributo
al emperador chino, ahora se supone que deben aportar materias primas
y recursos naturales... La integración política y económica de las regiones
periféricas ha sido y sigue siendo crucial."
Señala Angela Knox que "Apreciar el foso entre este y oeste en términos
exclusivamente económicos es omitir toda una serie de cuestiones importantes.
Una característica definitoria de las áreas occidentales que tiene peso
en su diferenciación es la diversidad étnica." Angela Knox dice que la
zona occidental y "sus áreas vecinas contienen más del 72% de la población
no-Han, y están formadas, principalmente, por territorios no totalmente
integrados social, cultural o económicamente en China propiamente hablando."
Esos temores aireados por vez primera por los autores de 'La Pobreza de
lo Próspero' se convirtieron en el fundamento de la formulación y planificación
del Programa de Desarrollo de la China Occidental. Aquellos escribieron
"La unidad étnica y la estabilidad de China están estrechamente ligadas
al crecimiento económico y a la prosperidad de esas regiones. El creciente
foso en el nivel de desarrollo económico que existe entre las regiones
costeras desarrolladas y el interior, y las regiones de frontera atrasadas,
pobladas por minorías étnicas, pueden traernos una serie de problemas
sociales delicados, de carácter nacionalista, por ejemplo. Podemos decir
con certeza que incluso si consiguiéramos resolver los problemas económicos...
no tenemos sin embargo medios para eliminar la posibilidad de conflictos
en la estabilidad étnica y social."
Los dos economistas emplazaron a las autoridades chinas a examinar el
problema y aportar soluciones adecuadas. Dijeron "Tenemos ante nosotros
un vasto conjunto de problemas serios que requieren urgentemente examen
y decisiones políticas. Por supuesto, no es sólo la falta de desarrollo
en las regiones subdesarrolladas lo que resultará ser el factor decisivo.
Sin embargo, mirando al futuro, la búsqueda de soluciones al problema
del atraso de esas regiones, sea con la mirada puesta en el crecimiento
económico chino o en la estabilidad social, será de una importancia estratégica
y teórica tan vital que es difícil representársela."
Más de una década después, en China apareció una solución de conjunto
a los acuciantes problemas presentados en primer término por Wang Xiaoqiang
y Bai Nanfeng en su libro 'La Pobreza de lo Próspero'. Según la publicación
London Tibet Information Network, con título 'El Gran Salto al Oeste de
China, "el presidente Jiang Zemin puso en marcha el Programa de Desarrollo
de China Occidental con un discurso que pronunció en Xian el 17 de Junio
de 1999. El énfasis inicial de la campaña se puso en la aceleración del
desarrollo, centrándose en las regiones occidentales de China -las regiones
autónomas del Tíbet, Xinjiang, Uiguria y Ningxia, las provincias de Qinghai,
Gansu, Sichuan, Yunnan, Shaanxi y Guizhou y el municipio de Chongqing
- que totalizan el 56% del área territorial china y el 26% de su población.
Los discursos del Partido referidos a esto fueron poco más que listas
de ideales y grandes planes, desprovistos de contexto de planificación
de prioridades."
A pesar de las vaguedades de las prioridades económicas del Programa de
Desarrollo China Occidental en su anuncio inicial, sus implicaciones políticas
fueron claramente articuladas desde el principio."Los líderes del Partido
han unido explícitamente el éxito de la campaña a la supervivencia del
Partido. Jiang Zemin ha sido citado como autor de las palabras 'la campaña
tiene un significado capital para la futura prosperidad del país y el
largo gobierno y perenne estabilidad (del Partido)' El 18 de Septiembre
de 2000, el presidente Jiang Zemin fue citado por el periódico 'China
Daily' comentando que el desarrollo del Oeste "ayudará a desarrollar la
economía china, estabilizará la sociedad local y contribuirá a la unidad
de China".
Pero los acontecimientos externos también forzaron a China a acelerar
el ritmo de puesta en marcha de su Programa de Desarrollo de China Occidental.
La intervención militar de la OTAN en Kosovo se percibió por el paranoico
régimen de Beijing como un peligroso precedente establecido por Occidente
de interferir en los asuntos internos de una nación. Hu Angang, economista
de la Academia China de Ciencias, dijo: "La peor perspectiva - que estamos
intentando evitar - es que China se fragmente como Yugoslavia... Ya ahora
la disparidad <económica> entre las regiones es semejante - o peor
- que la que vimos en Yugoslavia antes de que ésta se rompiese."
Un economista chino que vive en Occidente, citado en 'El gran Salto hacia
el Oeste' del Tibet Information Network, explicó las cosas de este modo:
"De entrada, las autoridades chinas miran el aspecto económico: las zonas
occidentales son muy pobres y el nivel de vida tiene que aumentar. Pero
Beijing está preocupado también por la potencialidad del malestar social,
originado por la pobreza y por los sentimientos nacionalistas en áreas
como el Tíbet o Xinjiang. El verdadero temor es que el Oeste pueda convertirse
en otra Chechenia. Ahí está el meollo de la campaña para desarrollar el
Oeste."
Así que la solución a que llegó China para sus acuciantes problemas en
el Tíbet y otras partes de la región occidental fue el Programa de Desarrollo
de China Occidental. Tras ese título con connotaciones de magnificencia
acecha la codicia de la potencia colonial de los recursos coloniales,
y su necesidad de controlar y eliminar el descontento de los colonizados
para facilitar la prolongación de la explotación de esos recursos en beneficio
de Beijing. Hay mucho "desarrollo" en el Programa de Desarrollo de China
Occidental consistente en la construcción de infraestructuras: construcción
de carreteras, de ferrocarriles, aeropuertos y otros modos de comunicación,
orientados en su totalidad a facilitar la explotación de recursos naturales
y a transportar esos recursos a las zonas costeras sedientas de ellos.
Este aspecto del Programa de Desarrollo de China Occidental preocupa a
los tibetanos del Tíbet. Un tibetano que vive actualmente en Lhasa resumió
algunos de los temores más profundos de relativos al desarrollo del oeste
refiriendo al Tibet Information Network: "El proyecto de desarrollo del
Oeste apunta a transferir gran número de chinos a zonas habitadas por
minorías nacionales como habitantes permanentes, a explotar recursos minerales
y, sobre todo, a reprimir con fuerza a quienes se perciba como 'políticamente
intransigentes'. Contrariamente a las pretensiones de que esto es una
'oportunidad infrecuente' para las minorías nacionales, esta campaña representa
un período de emergencia y oscuridad."
Así que, al revés de las intenciones filantrópicas que se han dado oficialmente
para basar el Programa de Desarrollo de China Occidental, las razones
y motivaciones reales que han forzado a China a desarrollar esta vasta
y problemática región han sido el asegurar que las fuerzas de la economía
de mercado consiguiesen integrar el Salvaje Oeste de China en la China
propiamente hablando. China espera que las fuerzas de la globalización
domen su Salvaje Oeste y solventen todos los viejos problemas imperiales
de China. Si el componente tibetano del Programa de Desarrollo de China
Occidental funciona, resolverá dos problemas fundamentales que China encara
en el Techo del Mundo y una horda de otros problemas colaterales. La construcción
de más carreteras, aeropuertos y un nuevo ferrocarril le asegurarán que
los recursos tibetanos, tanto del suelo como del subsuelo, irán a China,
y también que China pueda, mejor que antes, exportar su exceso de población
al Tíbet fácilmente. Más asentamientos de chinos en la meseta tibetana
cimentarán el poder chino y contribuirán a la integración económica del
Tíbet en el flujo principal de la economía china.
La agenda que subyace al plan chino de modernización del Tíbet la expresa
muy bien el profesor del Instituto de Lenguas y Sociedades Asiáticas,
de la Universidad de Melbourne, y experto en economía tibetana, Gabriel
Laffite. Escribe en un artículo muy agudo titulado 'Colonización Económica':
"China está globalizando el Tíbet. Inversión extranjera, alta tecnología,
flotación de acciones en la bolsa, ferrocarriles, presas hidráulicas,
redes eléctricas y de gas están llegando al Tíbet, en una campaña orquestada
por Beijing."
Escribe Gabriel Laffite: "A China le acucia integrar su mitad occidental,
aprovechar sus recursos y afrontar el profundo descontento causado por
ser dejada de lado tras la bonanza del litoral. El Gran Salto al Oeste
de China ha de ser financiado por el capital internacional, así como por
el último Plan Quinquenal chino."
"Las recientes inversiones en extracción de recursos tibetanos para uso
chino han merecido titulares: BP, Agip, Enron, Exxon y AES están entre
las multinacionales implicadas. Sus inversiones convertirán en minas los
lagos salados tibetanos, represarán los ríos para fines hidroeléctricos,
y extraerán grandes cantidades de gas, todo lo cual irá inmediatamente
a China, donde hay gran demanda", señala Gabriel Laffite.
Añade Gabriel Laffite: "Pero esas inversiones no son sino parte de una
estrategia más amplia, a largo plazo, que el Partido Comunista define
como su tarea histórica de desarrollar en Oeste. Apunta a lo que los tibetanos
han estado temiendo durante décadas, una verdadera determinación china
de absorber al Tíbet en la economía china."
Sociedad tradicional y democracia en la comunidad tibetana del exilio
China ha justificado siempre su invasión y ocupación del Tíbet y sus políticas
represivas pintando con los colores más negros la sociedad tradicional
tibetana. China pretende que su invasión militar y ocupación el Tíbet
supuso una "liberación" de la sociedad tibetana de "la servidumbre feudal
medireview" y de "la esclavitud".
Es cierto que la sociedad tibetana tradicional - como la mayor parte de
sus contemporáneas en Asia - estaba atrasada y muy necesitada de reformas.
Sin embargo, es totalmente erróneo emplear el término "feudal", desde
la perspectiva de la Europa medireview, para describir la sociedad tibetana
tradicional. Antes de la invasión, en realidad, el Tíbet era mucho más
igualitario que la mayor parte de los países asiáticos de esa época. Hugh
Richardson, que pasó en total nueve años en el Tíbet como último representante
de la India Británica y primero de la independiente, escribió: "Hasta
los comunistas tienen que admitir que no hay gran diferencia entre ricos
y pobres en el Tíbet . Igualmente, la Comisión Internacional
del Comité Jurídico de Investigación Legal señala que: "la pretensión
china de que los tibetanos no disfrutaban de derechos humanos antes de
la entrada de los chinos se ha demostrado que está basada en relatos exagerados
y distorsionados de la vida en el Tíbet."
En términos de movilidad social y distribución de la renta, el Tíbet independiente
salía bien de la comparación con la mayoría de los países asiáticos de
esa época. El sistema político tibetano antes de la ocupación china no
era teocrático como China pretende hacernos creer. El sistema político
tibetano, en realidad, se llamaba choesi-sungdrel, lo que quiere decir
sistema político basado en los principios budistas de la compasión, la
integridad moral y la equidad. Según ese sistema, el gobierno debe de
estar basado en altas cotas de moralidad, y servir al pueblo con amor
y compasión, de la manera que los padres cuidan de sus hijos. Esta forma
de gobierno se basa en la creencia de que todo ser sensible tiene la semilla
de la Budicidad y debe, de conformidad con ello, ser respetado.
El Dalai Lama, cabeza tanto de la administración religiosa como secular,
era descubierto en su reencarnación, asegurando que el gobierno del Tíbet
no se hiciese hereditario. Casi todos los Dalai Lamas, incluyendo el 13º
y el 14º, se hallaron en familias corrientes, de campesinos de comarcas
remotas del Tíbet.
Cada puesto administrativo por debajo del Dalai Lama estaba detentado
por un número igual de monjes y funcionarios laicos. Aunque algunos laicos
poseían sus funciones a título hereditario, las de los monjes estaban
abiertas a todos. Una amplia proporción de los funcionarios monjes provenía
de orígenes no privilegiados.
Y además, el sistema monástico del Tíbet daba oportunidades irrestrictas
a la movilidad social. La admisión a las instituciones monásticas en el
Tíbet estaba abierta a todos, y la gran mayoría de los monjes, y, en particular,
los que alcanzaban el rango de los más elevadas puestos, venían de orígenes
humildes, no pocas veces de aldeas perdidas de Kham o Amdo. Y ello porque
los monasterios ofrecían oportunidades iguales para todos de alcanzar
cualquier jerarquía monástica a través de la enseñanza que impartían.
Dice un popular aforismo tibetano: "Si el hijo de una madre tiene sabiduría,
el dorado trono de Gaden
no tiene dueño"
Los campesinos, que la propaganda china insiste en llamar "siervos", tenían
identidad legal, muchas veces con documentos que explicitaban sus derechos,
y tenían acceso a los tribunales. Los campesinos tenían derecho a pleitear
contra sus señores y a llevar su caso en apelación a autoridades más elevadas.
Ms. Dhondub Choedon viene de una familia que era de las más pobres en
la estratificación social del Tíbet independiente. Recordando su vida
antes de la ocupación china, escribe: "pertenecía a lo que los chinos
llaman ahora los siervos del Tíbet... éramos seis de familia... mi casa
era un edificio de dos plantas con un terreno cercado. En el piso bajo
solíamos guardar los animales. Teníamos cuatro yaks, 27 ovejas y cabras,
dos burros y una parcela en arriendo de cuatro khels y medio (0,37 Ha.)...
Nunca tuvimos dificultad en ganarnos la vida. En nuestra comarca no había
ni un solo mendigo."
A lo largo de la historia tibetana, el maltrato y la eliminación de campesinos
y arrendatarios fue prohibida, tanto por la ley como por la convención
social. Empezando en el reinado del emperador Songtseng Gampo, en el siglo
VII, muchos gobernantes tibetanos dictaron códigos basados en el principio
budista de "Las Diez Virtudes del Dharma". La esencia del cual es que
los gobernantes deben comportarse como padres para con sus súbditos. Lo
que se reflejaba en el código de dieciséis principios morales generales
de Songtsen Gampo, y en el código de trece reglas de procedimiento y castigo
dictado por Phagmodrupa en el siglo IV y revisado por el 5º Dalai Lama
en el siglo XVII.
Había algunas penas, legalmente establecidas, en el pasado, que consistían
en mutilación, como cortar un pie o una mano o vaciar un ojo. Tales castigos
nunca se aplicaron a la ligera, sino que se imponían sólo en casos de
reiterada reincidencia. El castigo más usual era la pena de azotes. Incluso
en el siglo XIX, aunque el poder de mutilar en teoría seguía existiendo,
muy rara vez se ejerció. La pena capital estaba proscrita en el Tíbet
y la de mutilación era un castigo que sólo podía imponer el Gobierno Central
de Lhasa. En 1898, en Tíbet se promulgó una ley aboliendo esas formas
de castigo, salvo en los casos de alta traición o conspiración contra
el estado. El 13º Dalai Lama dictó una disposición confirmando que todo
campesino tenía derecho de apelar directamente a él en caso de malos tratos
por parte de los terratenientes.
Toda la tierra pertenecía al estado, que concedía fincas a los monasterios
y a los individuos que hubiesen prestado servicios señalados al estado.
El estado, a su vez, recibía ingresos y servicios de los tenedores de
fincas. Los tenedores laicos o bien pagaban un impuesto sobre la tierra
o bien proveían un hombre de cada generación para que sirviese como funcionario
del gobierno. Los monasterios desarrollaban funciones religiosas para
el estado, y, más prosaicamente, servían de escuelas, universidades y
centros del arte tibetano, de la artesanía, la medicina y la cultura.
El papel de los monasterios como centros altamente disciplinados de la
educación tibetana era la clave del modo de vida tibetano.
Los monasterios pechaban con todos los gastos de sus estudiantes y les
proporcionaban manutención y albergue. Algunos monasterios tenían mucha
tierra, otros tenían rentas que invertían. Pero otros monasterios no tenían
nada de eso. Recibían donaciones y limosnas personales de devotos y benefactores.
Los ingresos por estos conceptos a menudo eran insuficientes para proveer
a las necesidades básicas de una nutrida población monástica. Para aumentar
sus ingresos, algunos monasterios se iniciaron en el comercio y actuaron
como prestamistas.
La mayor parte de la tierra en el viejo Tíbet estaba en manos de campesinos
que pagaban su contribución directamente al estado, lo que se convirtió
en la fuente principal de las reservas de alimentos estatales que se distribuían
entre los monasterios, el ejército y los funcionarios sin fincas. Algunos
pagaban en trabajo, y otros eran convocados a ofrecer servicios de transporte
a los funcionarios, y, algunas veces, a los monasterios. La tierra en
manos de los campesinos era hereditaria. El campesino podía arrendarla
a otros o hipotecarla. Un campesino sólo podía ser desposeído de su tierra
si no conseguía pagar su débito bien en productos o en trabajo, y no era
una carga excesiva. En la práctica, tenía los derechos de un propietario,
y lo que pagaba al estado era como una contribución agraria que se pagaba
antes en productos que en dinero.
Pequeños sectores de la población tibetana, la mayoría U-Tsangs, eran
aparceros. Cultivaban las fincas de los aristócratas y de los monasterios,
y pagaban rentas a los terratenientes bien en especie, bien enviando algún
miembro de la familia para trabajar como sirviente doméstico o peón de
granja. Algunos de estos aparceros llegaron al importante puesto de secretarios
de estado. (Y por esta razón fueron motejados por los chinos "agentes
de los señores feudales"). Otros miembros de esas familias eran totalmente
libres. Estaban capacitados para emprender cualquier negocio, practicar
cualquier profesión, profesar en cualquier convento o cultivar sus propias
tierras. Aunque se les llamaba aparceros, no podían echarles de sus tierras
a capricho de los terratenientes. Algunos campesinos aparceros eran bastante
ricos.
El Decimotercero Dalai Lama abolió la práctica de exigir transporte gratis
a los campesinos locales por parte de los funcionarios en cumplimiento
de servicio, y fijó precios por el uso de las mulas, caballos y yaks.
El Decimocuarto Dalai Lama dio un paso más y ordenó que en el futuro no
se requeriría servicio de transporte sin sanción especial del gobierno.
También aumentó las tasas a pagar por el servicio de transporte.
Extranjeros como Charles Bell, Hugh Richardson y Heinrich Harrier, que
vivieron y trabajaron en el Tíbet independiente, quedaron impresionados
por el nivel de vida promedio de los tibetanos del común, que dijeron
que era más alto que en muchos países de Asia. Las hambrunas y la muerte
por inanición eran cosas inauditas en el Tíbet hasta la invasión china.
Había, claro, años de malas cosechas y cosechas que se malograban. Pero
la gente podía tomar prestado fácilmente de los almacenes de reserva de
que disponían las administraciones de distrito, los monasterios, aristócratas
y campesinos ricos.
Cuando el 14º Dalai lama llegó a la adolescencia, constituyó un comité
de reformas para introducir reformas fundamentales en la tenencia de tierras,
pero los comunistas chinos, temiendo que esto les vaciaría de viento sus
velas, prohibieron al Dalai Lama que llevase a la práctica las planeadas
reformas.
En 1959, tras su huída a la India, el Dalai Lama reestableció su gobierno
en la India e inició una serie de reformas democráticas. Se constituyó
un cuerpo de representantes del pueblo elegido democráticamente, el Parlamento
en el exilio. En 1963, un borrador de constitución detallado para el futuro
Tíbet fue promulgado. A pesar de una fuerte oposición, el Dalai Lama insistió
en la inclusión de la cláusula que da poderes al parlamento tibetano de
revocar sus poderes ejecutivos por una mayoría de dos tercios de la totalidad
de sus miembros, oído el Tribunal Supremo, si se entendiese que ello fuese
en los altos intereses de la nación.
En 1990, más cambios democráticos se introdujeron al aumentar el número
de la Asamblea de Diputados del Pueblo Tibetano de 12 a 46. Se le atribuyeron
más poderes constitucionales, como la elección de los Kalon (ministros),
que anteriormente eran nombrados directamente por el Dalai Lama. La Comisión
Suprema de Justicia fue constituida para entender de las quejas de los
tibetanos contra la administración.
En 2001, el parlamento tibetano, por consejo del Dalai Lama, enmendó la
constitución para permitir que el Kalon Tipa (presidente del consejo de
ministros o Kashag) fuese elegido directamente por la población exilada.
Anticipando el futuro del Tíbet, el Dalai Lama, en Febrero de 1992, anunció
las Líneas Maestras del Futuro Régimen Político del Tíbet y las Líneas
Maestras Básicas de la Constitución, donde declaró que no "tendría papel
alguno en el futuro gobierno del Tíbet, aparte de buscar la posición política
tradicional del Dalai Lama". El futuro gobierno del Tíbet, dijo el Dalai
Lama, se elegirá por el pueblo en régimen de libertad adulta.
La práctica de la autonomía en la llamada "Región Autónoma el Tíbet"
En su informe, China pretende que con la reforma democrática en 1959 introdujo
el nuevo sistema político de democracia popular, y que el pueblo tibetano
es ahora dueño del país. Nada podría estar más lejos de la realidad. Los
tibetanos tienen poco o nada que decir en la gestión de sus asuntos. Todas
las decisiones de la administración las toma el Partido Comunista Chino
a través de su CCP regional. La participación del pueblo tibetano en el
gobierno es sólo para pasar la goma de borrar sobre el sello del Partido
Comunista en las decisiones. Los miembros del Partido Comunista dominan
puestos clave del gobierno y sólo unos pocos puestos importantes se han
confiado a personas de confianza que no son miembros del partido.
La elección de 1961, a la que se refiere el informe, fue una farsa. Los
nuevos amos chinos predeterminaron los candidatos, basándose en su lealtad
y antecedentes de clase. Se dijo a los tibetanos que votasen por unos
candidatos determinados. Desde el punto de vista de los tibetanos, fue
como si los chinos hubiesen nombrado a estos funcionarios sin la farsa
de la votación.
Los tibetanos no detentan puestos clave ni siquiera en el Partido Comunista
de la Región Autónoma del Tíbet. (RAT). La secretaría del partido Comunista
del RAT, que es el cargo más alto y de más poder en la RAT, ha sido ocupada
por chinos desde 1959 (Zhang Guhua, Zeng Yongya, Ren Rong, Yin Fatang,
Wu Jinhua, Hu Jintao, Chen Kuiyuan y ahora Guo Jinglong). Hay discriminación
racial contra los tibetanos. Cuando Chen Kuiyuan fue cambiado de destino
saliendo de la RAT, Raidi, un tibetano que detentaba el segundo puesto
en la jerarquía comunista, debería haber sido nombrado en su lugar. Sin
embargo, Guo Jinlong, un chino que ocupaba la tercera plaza, fue ascendido
pasando sobre la cabeza de Raidi al puesto cumbre de la RAT.
Cualquier puesto que ocupe un tibetano en la jerarquía china en el Tíbet,
siempre hay un funcionario "subordinado" chino "bajo él" que es el que
ejerce realmente el poder. China sigue enviando muchos cuadros al Tíbet,
en los que tiene gran confianza, para gobernar el Tíbet.
La población de medio Tíbet, incorporado hoy a las provincias chinas vecinas,
está completamente privads de su identidad política y se ha convertido
en una minoría insignificante en su propia tierra.
El desarrollo económico
Dice el informe: "Los años 80 contemplaron un gran auge del movimiento
de reforma, apertura y modernización en el Tíbet, como en otras partes
de China." Esta frase probablemente es la única verdadera de todo el informe.
En 1980, el entonces Secretario del Partido Comunista Chino, Hu Yaobang,
visitó el Tíbet. Hu resultó tan afectado por lo que pudo ver de la situación
del Tíbet que dijo que el nivel de vida debía al menos aumentarse a las
cotas de antes de 1959. Tras la visita de Hu, hubo un breve período de
relajación y unas pocas auténticas medidas de liberalización - reducción
de cuadros chino y cesión de poder local administrativo a cuadros tibetanos-
se tomaron para permitir que los tibetanos decidiesen sobre su forma de
vida. Esto es a lo más lejos que llegó el régimen de Beijing para poner
en práctica de verdad su retórica de "liberación" del Tíbet. Por desgracia,
este período duró menos de una década, tras la cual Beijing volvió a lo
único que sabe: más control y represión.
En 1984, en el Segundo Foro de Trabajo sobre el Tíbet, se lanzaron 43
proyectos entre inversión estatal y de nueve provincias y ayuntamientos.
Un estudio más detenido de los 43 proyectos revela que ninguno de ellos
estaba orientado a mejorar o a tener algún efecto positivo en las vidas
de los tibetanos corrientes, la mayoría de los cuales son granjeros y
nómadas. Algunos de los proyectos eran tan fantasiosos como la construcción
de hoteles en el Tíbet. Algunos hoteles de lujo se han construido en Beijing.
Esos proyectos está claro que no estaban diseñados para mejorar la calidad
de vida de los tibetanos, sino para reforzar y consolidar la presencia
burocrática china en el Tíbet y para mejorar la calidad de vida en las
áreas urbanas, donde los chinos son mayoritarios.
Del mismo modo, en 1994, en el Tercer Foro de Trabajo sobre el Tíbet se
anunciaron 62 proyectos para impulsar el desarrollo de la economía del
Tíbet. Pero, ¿cuáles eran esos 62 proyectos? Los 62 proyectos fueron otro
intento de la administración de la RAT de obtener más financiación de
Beijing para hacer más confortables las condiciones de vida de los cuadros
del gobierno y de los residentes urbanos chinos. Fue otro intento de apagar
las quejas y agravios de los residentes-cuadros, de los militares y de
los inmigrantes chinos y apaciguarles. Casi todos los 62 proyectos estaban
orientados a mejorar la infraestructura urbana. 17 de los proyectos consistían
en proyectos energéticos. Más del 30% de la financiación total se destinaría
a inversión en esos proyectos energéticos. Unos pocos de esos proyectos
contemplaban la renovación de centrales eléctricas existentes. Toda la
electricidad que esas centrales producen no va a los asentamientos tibetanos
de los alrededores, sino a las áreas urbanas de Lhasa, Shigaste, Nyinrti,
Chamdo y Nagchu y en un caso para dotar de la energía precisa para la
puesta en marcha de la mina de cromita de Norbusa, en la zona de Lhoka.
En Junio de 2001, tras el Cuarto Foro de Trabajo sobre el Tíbet, se anunciaron
formalmente 117 proyectos, y se trazaron ambiciosos planes para "desarrollar"
el Tíbet, como parte del Programa de Desarrollo de China Occidental. Una
línea de ferrocarril desde Gormo (en chino Golmud) en la provincia tibetana
de Amdo (en chino Qinghai) a Lhasa se anunció. Beijing lo encareció como
un regalo consecuencia de la benevolencia china para colmar el deseo de
modernidad del pueblo tibetano. Pero Jiang Zemin por una vez fue honrado
y dijo durante una visita a Estados Unidos que el proyecto del ferrocarril
iría adelante a toda costa, aunque económicamente no tuviese sentido.
Jiang Zemin citó razones "políticas" para esa decisión.
El informe dice "Según las estadísticas, de 1994 al 2000, el producto
interior bruto (PIB) del Tíbet aumentó un 130%, con un aumento anual del
12.4%. La renta disponible urbana per cápita y el ingreso per cápita de
los campesinos y ganaderos aumentaron el 62,9% y el 93,6%, respectivamente,
y la cifra de la población sumida en la pobreza pasó de 480.000 al principio
de los 90 a un poco más de 70.000". El informe admite que "según las estadísticas",
las mismas estadísticas que elaboran las autoridades provinciales y de
distrito, que se han hecho expertas en el arte de maquillar estadísticas
para complacer a autoridades más elevadas. Es de conocimiento común que
en China el centro tiene una política y las autoridades locales tienen
medios para sortear esa misma política. El Primer Ministro Zhu Rongji
admitió la poca credibilidad de las estadísticas chinas. Zhu dijo que
las estadísticas eran manipuladas por las autoridades en su propio interés.
Entonces, ¿qué disparó la tasa de crecimiento del PIB al fenomenal ritmo
del 12,4%? El informe dice que "la industria terciaria" contribuyó en
más del 50% al PIB del Tíbet. ¿Cómo? Wang Xiaoqing y Bai Nanfeng, los
autores de 'La Pobreza de lo Próspero' sabían de la propensión de las
autoridades a maquillar estadísticas y, lo que es peor, ambos economistas
se tomaron la molestia de indagar la verdad. Hallaron que "transfusiones
de sangre" o subsidios y apoyos de Beijing y de otras provincias y ciudades
de China habían mantenido rodando el sistema en el Tíbet. Los subsidios
e inversiones estatales alimentaron el boom en la construcción de infraestructuras
en las áreas urbanas, lo que se computa como crecimiento económico en
la contabilidad del PIB. ¿Quién se beneficia de ese crecimiento? Los beneficiarios
de tal crecimiento son los funcionarios e inmigrantes chinos de las zonas
urbanas, y no los ganaderos y campesinos tibetanos que no reciben tales
beneficios de la inyección artificial de inversiones de capital del centro.
Para mantener ese "fenomenal" crecimiento del PIB, había que aumentar
el número de proyectos en todos los Foros - 43, 62 ¡y 117! - Los funcionarios
locales del Tíbet practican el viejo y fructífero truco de sacar la cuestión
políticamente sensible de la "estabilidad social" para conseguir que Beijing
y otras provincias paguen las cuentas de sus trabajos de "modernización".
Pero uno se podría preguntar ¿porqué Beijing está metiendo tanto en el
Tíbet para nada? Es otra cuestión que los recursos del Tíbet - bosques,
hierbas medicinales, vida salvaje, antigüedades y minerales - pertenecen
al Estado según el artículo 9 de la Constitución china, el único artículo
de la Constitución china que ha sido rigurosa y consistentemente aplicado
en el Tíbet. De los bosques del Tíbet, el ingreso por cortas de madera
tan sólo, supondría varias veces lo que China ha estado bombeando al Tíbet
desde 1959.
El informe prosigue regocijándose por la reducción de la población empobrecida
de 480.000 a principios de los 90 a algo más de 70.000. ¿Cómo hizo Beijing
para sacar a más de un cuarto de la población tibetana de la pobreza en
un tiempo tan corto? Un estudio del World Bank nos dice qué es lo que
mejor ha hecho Beijing para conseguir una reducción tan dramática de la
pobreza. Beijing sencillamente ha rechazado la línea de pobreza internacionalmente
aceptada de un dólar americano al día o 365 $ al año, y en su lugar emplea
la línea de pobreza "china" de ingresos per cápita de sólo 500 yuans a
precios de 1990, lo que supone unos 625 yuans (76$) como línea de pobreza.
Es obvio porqué ninguna nación en desarrollo sigue los métodos chinos
de reducción de la pobreza. Además, el Tíbet tenía sólo cinco distritos
designados oficialmente como pobres en 1997, según las estadísticas chinas,
uno de los registros más bajos de toda China. El Grupo de Orientación
para la Reducción de la Pobreza del Gobierno chino (GORP) acepta que existe
más gente pobre fuera que dentro de los distritos declarados oficialmente
pobres y que hay que hacer mucho más en la identificación de la gente
pobre y en la estrategia de erradicación de la pobreza.
Sin embargo, a la luz de la continua retórica de Beijing acerca de la
"liberación" del Tíbet, está claro porqué el Tíbet sigue siendo tan pobre
y subdesarrollado. Basándonos en los Informes de Desarrollo Humano de
la UNDP a lo largo de los años, la RAT y otras áreas tibetanas siguen
estando al fondo de entre las provincias de China cuando se miden en términos
del Índice de Desarrollo Humano (IDH) y de sus indicadores componentes
(educación, ingresos y salud). Si las zonas tibetanas se midiesen independientemente
como nación, caerían en la categoría de "bajo desarrollo humano", con
naciones como Bangla Desh, Djibouti o Haití.
El informe dice que la llamada "Región Autónoma del Tíbet" tiene hoy 401
centrales eléctricas, con una capacidad total instalada de 356 MW y una
producción anual de energía de 661 millones de Kwh. En 1990, Wang y Bai
, los autores de 'La Pobreza de lo Próspero' citaron que había 816 centrales
eléctricas. ¿Qué ha pasado con las 415 que faltan? La mayor parte de las
centrales eléctricas se construyeron con trabajadores forzados durante
los tiempos de la colectivización, lo que quiere decir que hubo que achatarrar
la mitad de las centrales eléctricas a consecuencia de la pésima construcción,
en primer lugar. Una presa en el distrito de Chabcha en la provincia de
Amdo se derrumbó en 1993 causando la muerte de al menos 1.257 personas,
pero como es habitual, sólo murieron 300 de creer a las fuentes gubernamentales
chinas. Los tibetanos locales se quejaron a las autoridades del riesgo
que para su seguridad suponía la presa sin resultado alguno. Sólo después
del trágico accidente las autoridades tomaron algunas medidas.
Una organización alemana que trabaja en el Tíbet central en el desarrollo
de pequeñas centrales hidroeléctricas informó que más del 70% de la población
del mundo rural no tiene acceso a la electricidad. Un estudio del Banco
Mundial reveló que más de 127.000 hogares están por electrificar sólo
en el Tíbet central. Entonces, ¿adónde va la potencia eléctrica de esas
401 centrales? Va a dotar de potencia a la clase dominante china en el
Tíbet, que controla a los tibetanos y al aparato de dominación chino en
el Tíbet y que explota los recursos naturales del Tíbet. Todas esas centrales
envían su electricidad a las áreas urbanas dominadas por gente de etnia
china, y no a los pastores nómadas y campesinos tibetanos que habitan
en las proximidades de las fuentes de energía, hidráulica, solar y geotérmica.
El informe presume de la red de autovías que conectan el Tíbet a diferentes
partes de China y a la construcción de un nuevo ferrocarril desde Gormo,
en la región tibetana de Amdo, a Lhasa. Esas autovías y la línea de ferrocarril
cubren miles de millas para comunicar el Tíbet con China. Pero si Beijing
se toma en serio modernizar el Tíbet, ¿porqué no se puede abrir un acceso
el Tíbet al puerto de mar más próximo desde el Sur del Tíbet? Kolkotta,
el puerto de mar más cercano, está a sólo 600 Kilómetros de la frontera
tibetana.
Educación
El objetivo primario de la política educativa de Beijing en el Tíbet es
inculcar lealtad a la "Gran Patria" y al Partido Comunista. Dirigiéndose
a la Conferencia de Educación de la RAT que se celebró en Lhasa en 1994,
el entonces Secretario Regional del Partido, Chen Kuiyuan, dijo: "El éxito
de nuestra educación no radica en el número de diplomas que otorguen nuestras
universidades, escuelas universitarias y... escuelas secundarias. Consiste,
en último término, en si los estudiantes que se gradúan son opuestos o
dirigen sus corazones a la banda del Dalai y en si son leales o no o no
se cuidan de nuestra gran patria y de la gran causa socialista..."
Esta política ha cegado a las autoridades en un gran número de cuestiones
centrales relativas al desarrollo de los recursos humanos en la meseta.
A pesar de la pretensión de las autoridades de "haber emprendido un trabajo
importante en las pasadas décadas para desarrollar la educación popular
o de masas en el Tíbet", la educación - el fundamento del desarrollo de
recursos humanos - siempre se ha relegado al vagón de cola.
En el Tíbet independiente, más de 6.000 monasterios de monjes y de monjas
servían como centros educativos. Además de eso, el Tíbet tenía muchas
escuelas dirigidas tanto por el gobierno como por particulares. El Partido
Comunista Chino etiquetó esos centros de enseñanza como semilleros de
"fe ciega" y caldo de cultivo de la "opresión feudal". En consecuencia,
fueron señalados como blancos de ataques y cierres poco después de la
"liberación del Tíbet".
En su lugar, las autoridades obligaron a los tibetanos de zonas agrícolas
y de pastoreo a establecer escuelas fundadas por el pueblo, conocidas
como mangsutk lobdra. Ni un solo céntimo de la financiación del gobierno
chino se gastó en esas escuelas y la mayoría de ellas no podrían considerarse
escuelas usando criterios internacionales. Pero tales instituciones sirvieron
para hacer estadísticas impresionantes para la propaganda oficial china.
Esto se refleja claramente en las siguientes declaraciones de tres sociólogos
chinos, quienes dijeron: "Sólo hay 58 escuelas de nivel medio (en la RAT).
De ellas, sólo 13 son verdaderas escuelas secundarias. Sin embargo, hay
2.450 escuelas primarias en el Tíbet. De ellas, sólo 451 han sido fundadas
por el gobierno. Más de 2.000 de esas escuelas han sido fundadas por gente
del pueblo. Esas escuelas no tienen fundamentos sólidos ni están debidamente
equipadas. El nivel de educación es o bien completamente nulo o extremadamente
bajo. En consecuencia, la cuestión de los talentos científicos puede obviarse
de entre ellas. En la actualidad el 90% de los campesinos y pastores no
reciben ni los primeros cursos de la enseñanza de nivel medio."
"A la vista de ello, hablar acerca de la enseñanza media superior y de
la universitaria es como pedir a la gente que coma equilibradamente cuando
no se dispone ni siquiera de grano para comer. Sólo el 45% de niños en
edad escolar van a la escuela primaria. De ellos, el 10,6% consigue graduarse
y pasar a la escuela media de primer grado. En otras palabras, el 55%
de los niños ni siquiera obtienen educación primaria. En el conjunto de
la RAT, hay más de 9.000 maestros de varios niveles, muchos menos que
el número que en realidad se precisa. El cincuenta por ciento de esos
maestros no tienen las cualificaciones requeridas. La igualdad entre las
nacionalidades sólo llegará si esto se reforma y se mejora."
En los años 80, la política liberalizada de Beijing animó una atmósfera
favorable para el desarrollo de un sistema educativo adaptado a las necesidades
de los tibetanos. Por desgracia, los más amplios intereses estratégicos
y económicos de China en aquel momento condujeron a un recorte en los
fondos estatales para educación. Como resultado, la década contempló el
cierre del 62% de las escuelas primarias, y el número de estudiantes escolarizados
cayó el 43%.
En la década de los 90, se asignó más dinero a la RAT para educación como
consecuencia de haberse designado la región como Zona Económica Especial.
Y en 1994, Beijing aprobó una política educativa obligatoria para la RAT.
Pero la partida presupuestaria para educación fue principalmente a las
escuelas dirigidas por el estado (shung-tsuk lobdra), donde predominan
los estudiantes chinos. Las escuelas de las zonas rurales donde viven
la mayoría de los tibetanos continuaron estando descuidadas. Qun Zeng,
vicedirector de la Comisión de Educación de la RAT dijo:
"Hay demasiadas escuelas fundadas por gentes del pueblo, demasiadas clases
de los cursos más bajos, una proporción excesiva de abandonos escolares
y una muy pequeña proporción de los que completan la enseñanza primaria.
Por ejemplo, hay un total de 2.800 escuelas primarias en la región, de
las cuales 1.787, o sea el 74,5% han sido fundadas por gentes del pueblo,
con medios primitivos y maestros de baja cualificación que no pueden impartir
más que el primer o segundo grados de la enseñanza. De las más o menos
500 escuelas primarias que hay hoy llevadas por el gobierno, más de la
mitad no pueden impartir más que los primeros grados de la enseñanza debido
a las limitaciones de medios y de personal docente. Sólo hay unas 100
escuelas primarias capaces en la actualidad de impartir los seis grados
de la enseñanza elemental, y la mayor parte de ellas están situadas en
ciudades y villas por encima del nivel rural, mientras pocas pueden hallarse
en los distritos agrícolas o ganaderos. Hay, como promedio, menos de una
sola escuela primaria completa para cada 897 entidades de población de
la región, con el resultado de que sólo el 60,4%, aproximadamente, de
los niños en edad escolar van a la escuela, la tasa más baja de toda China.
Además, con el flujo masivo de inmigrantes chinos a la meseta, las necesidades
ligüísticas y culturales de los niños chinos han condicionado el sistema
educativo - en particular en los niveles secundario y universitario -
de modo que el chino ha eclipsado al tibetano como lengua de enseñanza.
La evolución del sistema educativo tibetano en los 90 puede inferirse
de la situación de la "educación de masas" en la prefectura de Chamdo,
una de las regiones más ricas de la RAT. Un artículo de Shang Xioling,
reportero de Radio TAR, y Tang Ching, reportero especial de educación
en la TAR, presenta unas cuadro alarmante de las condiciones educativas
dentro de Chamdo y en su comarca. El artículo, titulado "Notas de la triste
historia de la educación en Chamdo", se publicó el 15 de Julio de 1993
en uno de los periódicos de Chamdo en lengua china.
Los autores revelan que de los 110.000 niños en edad escolar de Chamdo,
más de 70.000 (el 63,64%) no tienen oportunidades de escolarización. Informaron
que el analfabetismo y semianalfabetismo en Chamdo eran del 78,8%. Shang
y Tang escribieron que aunque la tasa de escolarización que se presentaba
oficialmente en la RAT era del 60,4%, la existente en la prefectura de
Chamdo era de sólo el 34%.
Esas revelaciones de Shang y Tang plantean la dudosa calidad de las estadísticas
chinas sobre educación. Si Chamdo - que es una de las zonas más desarrolladas
de la RAT - tiene una tasa e escolarización del sólo el 34%, el promedio
en toda la RAT en el mismo momento no podía ser tan alto como el 60,4%.
Además, lo que las autoridades evitan admitir, es que la TAR y otras zonas
tibetanas de Amdo y Khan están aún en el fondo de los índices de educación
de toda China, por debajo incluso de Guizhou, la provincia china más atrasada.
Según el Cuarto Censo Nacional e 1990, sólo el 0,29% de los tibetanos
tenía un nivel educativo de colegio universitario (college), el 1,23%
de escuela secundaria superior, el 2,47% de escuela secundaria elemental
y el 18, 52% de escuela primaria. El promedio nacional chino era de 1,42%
con nivel de college, 8,04% de escuela secundaria superior, 23,34 de escuela
secundaria elemental y 37,06% de escuela primaria.
El informe del censo mostraba que el 62,85% de la población productiva
(en el grupo de edad 15-40 años) era analfabeta o semianafabeta y que
el 84,76% de las mujeres de esa fuerza laboral eran analfabetas o semianalfabetas.
Entre los tibetanos empleados en las industrias del sector público de
la TAR, el 80% era analfabeto o semianalfabeto. El Quinto censo Nacional
de China se emprendió el 1 de Noviembre de 2000, pero no hay aún datos
disponibles.
Al final de los 90, más de un tercio de los estudiantes tibetanos de secundaria
de la TAR fueron enviados a China a proseguir estudios. Sólo en la Escuela
Secundaria Tibetana de Beijing hay casi 1.000 estudiantes - 760 en la
secundaria elemental y 200 en la superior -. Los estudiantes enviados
a China pasaban allá siete cursos, sólo por vacaciones volvían a sus casas.
El objetivo de enviar a los jóvenes más brillantes a China es adiestrarles
como herramientas del control político chino en el Tíbet.
Los tibetanos califican con razón esas medidas como orientadas a minar
su identidad y cultura. El difunto Panchen Lama declaró que educar a niños
tibetanos en China sólo tendría el efecto de alienarlos de sus raíces
culturales. De modo parecido, un funcionario tibetano de la RAT dijo que
el objetivo de establecer escuelas secundarias tibetanas en China central
era "asimilar a la próxima generación tibetana".
Para 1994 había 13.000 tibetanos enrolados en 104 escuelas desperdigadas
por veintiséis provincias chinas. La mayor parte de ellas son escuelas
chinas normales con clases especiales diseñadas para los tibetanos. Sin
embargo, dieciocho de ellas son "Escuelas Secundarias Tibetanas" de arriba
abajo, y tres de ellas, radicadas en Beijing, Chengdu y Tianjin tienen
programas elementales y superiores, mientras que las restantes sólo cuentan
con los elementales. El setenta y cinco por ciento de los tibetanos graduados
por estas escuelas elementales secundarias fueron enviados a escuelas
secundarias técnicas.
Este programa de educación elitista consume un alto porcentaje del presupuesto
anual de educación de la RAT mientras que la dotación para el Tíbet rural
no llega a asegurar una educación básica adecuada. Entre 1984 y 1991,
la RAT gastó 53 millones de yuans en las escuelas secundarias para tibetanos
en China. Sólo para el 1994, la RAT señaló un presupuesto de 1.050 yuans
por cada estudiante tibetano de secundaria residente en China.
En 1988, el difunto Panchen Lama, dirigiéndose al primer congreso del
Instituto de Tibetología de Beijing, comentó: "El país, que se había desenvuelto
bien por sí mismo durante 1.300 años, desde el siglo VII, perdió su lengua
tras ser liberado. Quedásemos o no retrasados, cometiésemos o no errores,
dispusimos nuestra vida en la meseta más alta del mundo usando sólo el
tibetano. Escribimos todo en nuestra propia lengua, fuese budismo, artesanía,
astronomía, poemas, lógica. Todo el trabajo administrativo se hacía igualmente
en tibetano. Cuando se fundó el Instituto de Tibetología, hablé en el
Palacio del Pueblo y dije que los estudios tibetanos deberían basarse
en los fundamentos de la religión y cultura propias del Tíbet. Hasta hoy
hemos descuidado estas materias. Puede que no sea el objetivo deliberado
del Partido dejar que la cultura tibetana muera, pero me pregunto si el
idioma tibetano sobrevivirá o será erradicado."
En 1992, el profesor Dungkar Lobsang Trinley - una de las primeras figuras
de la vida cultural e intelectual tibetana moderna, que ha sido reconocido
asimismo por la dirigencia china como "un tesoro nacional" - dijo: "A
pesar de que se declare que el tibetano será el primer idioma a usar en
todas las oficinas gubernamentales y en actos oficiales, y en la correspondencia
oficial, el chino se emplea en todas partes como lengua de trabajo." Este
estado de cosas, adujo, ha dado como resultado la pérdida de control de
los tibetanos sobre su destino. El profesor Dungkar siguió diciendo: "Toda
esperanza en nuestro futuro, todos los demás desarrollos, la identidad
cultural y la protección de nuestra herencia depende de esto (del idioma
tibetano). Sin personal preparado en todos los campos, capaces de expresarse
en su propio idioma, los tibetanos están en peligro de ser asimilados.
Hemos llegado a este punto."
Dherong Tsering Thondup, otro académico tibetano, manifestó una preocupación
similar tras desarrollar una investigación detallada acerca del estatus
de la lengua tibetana en muchas partes del Tíbet Oriental. En su informe,
publicado en los primeros 90s, Dherong escribió que de 6.044 funcionarios
y miembros del Partido de los nueve distritos que forman Prefectura Autónoma
del Tíbet de Karze, sólo 991 eran capaces de escribir en tibetano. De
modo semejante, la mayoría de los 25 estudiantes tibetanos de una clase
en Dhartsedo no podían hablar tibetano en absoluto. Dherong citaba tres
causas principales de esto: la primera, dijo, es la política chovinista
del gobierno chino, que acelera el proceso de sinificación, la segunda
es la noción de que el tibetano es una lengua sin valor en la sociedad
actual, y la tercera, el complejo de inferioridad padecido por los tibetanos,
que lastra sus iniciativas de proteger su propio idioma.
Todas estos elementos sugieren que la oportunidad educacional creada en
el Tíbet por el "adelanto de terremoto" de China en las cinco décadas
pasadas es espantosamente inadecuado para las necesidades de los tibetanos.
Queda muy lejos de lo que han conseguido en este campo los tibetanos del
exilio, que llegaron a la India con las manos vacías en 1959.
La comunidad tibetana en el exilio tiene hoy 87 escuelas, con un total
de 30.000 estudiantes, que constituyen el 85% de los niños en edad escolar.
Hoy, la educación en el exilio ha producido doctores en medicina, administradores,
doctores y masters en filosofía, ingenieros, docentes de postgrado, periodistas,
trabajadores sociales, abogados, programadores de ordenador, etc. Lo que
se debe principalmente al apoyo del gobierno de la India, que en contraste
con el de Beijing, no presume de ello.
Además, hay más de 200 monasterios de monjes y monjas en el exilio con
unos 20.000 monjes y monjas. No es de asombrarse que los jóvenes tibetanos
arriesguen la vida cruzando las montañas del Himalaya hasta la India para
recibir una educación decente.
Servicios sanitarios
Entre 1959 y 79 la campaña comunista contra las "cuatro antiguallas"apuntó
también al sistema de sanación tibetano tradicional. Los institutos médicos
tibetanos se cerraron. Los profesionales de la medicina tradicional, que
habían aprendido sus técnicas durante toda la vida, fueron reemplazados
por "médicos descalzos", que sólo tenían de medio año a un año de instrucción.
La mayoría de estos paramédicos - en el grupo de edad 15-19años - no habían
tenido educación formal antes de esa instrucción. Los visitantes extranjeros
del Tíbet apreciaron eneste período un aumento de la incidencia del cáncer,
la disentería y las diarreas.
Tras la liberalización económica de 1979, hubo una notable mejora de los
equipamientos de los servicios sanitarios, al menos en las zonas urbanas.Sin
embargo, los estándares de los servicios sanitarios siguieron muy por
debajo que en el resto de China. Dawa Tsering - un joven tibetano que
volvió al Tíbet desde el exilio y estudió en el Instituto de Minorías
Nacionales en Siling, Amdo, entre 1979 y 81 - dijo que los hospitales
de Siling proporcionaban tratamiento gratuito a los estudiantes y cuadros,
pero que la gente común tenía que pagar. "Salvo para casos de emergencia,
el tratamiento de tibetanos corrientes en esos hospitales es muy raro",
dijo. Un miembro del Servicio Voluntario Británico en el Extranjero, que
pasó un año en la Universidad de Lhasa en 1987 dijo que el servicio médico
en Lhasa era tan deprimente "que los chinos preferían volar a casa antes
que ser ingresados en Lhasa". Recordando su visita a una amiga internada
en un hospital de Lhasa dijo: "nunca vi a una enfermera en los tres días
que fui de visita. Las visitas circulaban por todas partes en cualquier
número y a todas horas. El médico que la cuidaba fumaba. No había cortina
para mantener la intimidad cuando tenía que usar el orinal -ni para los
demás pacientes y sus parientes, ni para el mundo exterior del otro lado
de la ventana. Le asustaba la perspectiva de comer la comida que allí
daban o de beber el agua, y vivía de galletas y dulces que le llevaban
sus amigos."
La tuberculosis tiene gran incidencia en el Tíbet. Una revista de la Unión
Internacional contra la Tuberculosis y Enfermedades Pulmonares informó
a principios de 1988 que donde la incidencia de la tuberculosis era más
alta era en Xinjiang y el Tíbet. El informe añadía que la tasa de incidencia
era del 1,26% y una tasa de manchas positivas del 0,316%, el doble de
tasas prevalentes en el conjunto de China: incidencia de 0,72% y manchas
positivas 0,19%
La situación de la salud en el Tíbet, entre los niños especialmente, se
revela claramente en lo que se desprende de la investigación llevada a
cabo por el Proyecto de Colaboración Sanitaria y Nutricional de la Infancia
del Tíbet. El PCSNIT halló pruebas de malnutrición crónica y una situación
sanitaria sumamente comprometida. "El 52% de los niños examinados mostraban
señales de retraso importante (baja estatura para la edad), más del 40%
de los niños mostraban señales de carencia de proteínas y un 67% fueron
diagnosticados de raquitismo (enfermedad ósea causada en la mayor parte
de los casos por falta de vitamina D).
A peasr de esos datos, las publicaciones oficiales chinas siguen pretendiendo
grandes avances en el sistema de cuidados sanitarios. Según las autoridades
chinas había 1.300 establecimientos médicos y 6.700 camas hospitalarias
en la RAT en 1996. Las autoridades pretenden también que "se pueden hallar
centros médicos por todas partes" en el Tíbet. Pero el hecho es que los
servicios sanitarios del Tíbet están fuertemente sesgados en favor de
los residentes urbanos, que son predominantemente chinos. Los habitantes
de las zonas agrícolas y ganaderas tienen que viajar cosa de un día a
caballo o yak a capitales de distrito o ciudades mayores para conseguir
tratamiento. Incluso en zonas urbanas, la admisión a un departamento de
internados requiere un depósito de 500 a 3.000 yuans - una suma poco razonable
para los tibetanos corrientes, cuyo ingreso promedio per cápita es ahora
de 1.258 yuans (unos 151,56$).
Una consecuencia de los deficientes servicios sanitarios para los tibetanos
y del mal estado de la higiene pública es la mayor tasa de mortalidad
de los tibetanos frente a los chinos.En 1981, según los informes del Banco
Mundial de 1984 y de la UNDP de 1991, las tasas brutas por millar fueron
de 7,48 en la RAT y de 9,92 en Amdo, contra una media de 6,6 en China.
La tasa de mortalidad infantil, según el Banco Mundial, es de 120,2 por
millar en la TAR y de 64,7 por millar en Amdo.
En consecuencia, en 1995, el Tíbet figuraba al final de todos los territrorios
de China según el índice de la esperanza de vida y del índice educacional,
0,58 y 0,32 respectivamente, muy por debajo de los promedios nacionales
chinos de 0,73 y 0,68, respectivamente.
La situación de los derechos humanos
La huída de Su Santidad el Dalai Lama, seguido por miles de tibetanos,
al exilio en 1959, y el estado de excepción que los militares impusieron
subsiguientemente, fueron titulares de todos los periódicos de la época.
La brutal represión que padecieron los tibetanos implicados en el levantamiento
contra el régimen chino y la intolerancia comunista, que se expresó violentamente,
frente al budismo tibetano, movió a la Asamblea General de la Naciones
Unidas a aprobar tres resoluciones por separado, en 1959, 1961 y 1965,
condenando la violacion por parte de las autoridades chinas de derechos
humanos y libertades fundamentales del pueblo tibetano, incluyendo su
derecho de autodeterminación. En la resolución de 1961 sobre la situación
en el Tíbet, la Asamblea General renovó "su llamamiento a la finalización
de toda práctica que prive a los tibetanos de sus derechos humanos y libertades
fundamentales, que han disfrutado desde siempre."
A pesar de los informes chinos, que pretenden que desde entonces ha habido
una constante mejora de la situación de los derechos humanos en el Tíbet,
la Subcomisión de la ONU para la Prevención de la Discriminación y la
Protección de los Derechos de las Minorías, radicada en Ginebra, en su
resolución de 1991, expresó su preocupación "por la persistencia de las
violaciones de libertades y derechos humanos fundamentales que amenazan
la identidad diferencial cultural, religiosa y nacional del pueblo tibetano."
Requirió a China a "respetar estrictamente las libertades y derechos humanos
fundamentales del pueblo tibetano...".
Alertado por las noticias de matanzas y destrucciones generalizadas en
el Tíbet, la Comisión Internacional de Juristas publicó un informe preliminar
en 1959 llamado 'La Cuestión del Tíbet y el Imperio de la Ley'. En 1960,
el Comité de Investigación Legal de la Comisión Internacional de Juristas
presentó sus conclusiones a la Comisión llamada 'El Tíbet y la República
Popular China'. En el informe, el Comité de Investigación Legal refería:
"Las pruebas presentadas ante el Comité de Investigación Legal probaron
satisfactormente que los chinos en el Tíbet intentraron destruir tales
grupos religiosos, señaladamente budistas, en el Tíbet... Las pruebas
demuestran que relevantes personalidades fueron muertas en un intento
de inducir a otros a abandonar su religión. También demuestran que gran
número de personas de la nueva generación de tibetanos están siendo deportados
por fuerza a lugares donde la antigua religión no puede llegar a ellos.
Esos actos son parte de un plan general para erradicar la fe religiosa
en el Tíbet, y, de ese modo, destruir al grupo religioso. En resumen,
actos condenados como genocidio han sido cometidos con el fin de destruir
el budismo en el Tíbet y el objetivo es que no queden budistas allí."
La búsqueda de una solución duradera
Al contrario de lo que se muestra en el informe chino, el Tíbet comprende
Cholka-sum - las tres provincias de U-tsang, Kham y Amdo, con una extensión
total de 2,5 millones de kilómetros cuadrados y una población de unos
seis millones de personas. Cuando el gobierno chino se refiere al Tíbet
se refiere solamente a la llamada "Región Autónoma del Tíbet" (RAT), que
consiste principalmente en U-Tsang y algunas zonas de Kham, con un área
de 1,2 millones de kilómetros cuadrados y sólo un tercio de la pobación
total del Tíbet. La mayor parte de Amdo y algunas zonas de Kham están
ahora anexionadas a las provincias chinas de Gau, Sichuan y Yunnan.
El Tíbet era un país independiente de hecho y de derecho, cuando China
lo invadió en 1949. La intrusión militar fue la invasión de un estado
soberano y claramente una violación de la ley internacional. La persistente
ocupación ilegal, hasta hoy, del Tíbet por China, reforzada por una fuerte
presencia militar, constituye una violación continuada de la ley internacional
y del derecho fundamental del pueblo tibetano a la autodeterminación.
Por estas razones, en vez de emitir informes autocomplacientes, es absolutamente
preciso que China desmantele su andamiaje colonial en el Tíbet. La política
actual de intensificar la represión e incrementar las actividades de "desarrollo",
implantada por el Tercer Foro de Trabajo sobre el Tíbet y fuertemente
impulsada por el Cuarto Foro de Trabajo, es una política errónea. Todos
en todo el mundo, menos la línea dura de la dirigencia de Beijing, considera
que es una política miope y resultará, a largo plazo, desastrosa. Melvyn
C. Goldstein, experto académico en asuntos tibetanos, a quien se citaba
con complacencia en el informe chino para respaldar la pretensión de que
la vieja sociedad tibetana era feudal, tiene algo que decir sobre la política
de dureza de Beijing. En un artículo sobre el Tíbet publicado en el número
de Enero-Febrero de 1998 de 'Foreign Affairs', escribió: "Muchos expertos
y moderados chinos se plantean si la línea política actual producirá la
estabilidad a largo plazo que desea China en el Tíbet, puesto que está
exacerbando la alienación de los tibetanos, incluso de los jóvenes, intensificando
sus sentimientos de odio étnico y desesperación política, e inculcando
la idea de que las aspiraciones nacionalistas tibetanas no pueden colmarse
en tanto el Tíbet siga formando parte de la República Popular China."
El experto en el Tíbet apoya su declaración comentando: "el nodo de la
cuestión es que los tibetanos no van a permanecer sentados viendo a Beijing
transformar impunemente su país. El sentimiento nacionalista combinado
con la deseperación y la rabia hacen un cóctel peligroso, y hay tibetanos,
de dentro y de fuera, que están a favor de una campaña de violencia focalizada."
El punto de vista de Melvyn Godstein encontró eco entre los especialistas
chinos que residen en China. Wang Lixiong, autor del best-seller chino
'La Perla Amarilla"en un artículo titulado 'El Dalai Lama es la Clave
de la Cuestión del Tíbet', escribe: "Desde el punto de vista chino, estas
razones hacen que la cuestión tibetana sea mucho más sensible que la de
Xinjiang. Las características de la cuestión tibetana son: falta de certeza
histórica acerca de la soberanía china, internacionalización del asunto,
apoyo de la sociedad occidental, un gobierno efectivo en el exilio y un
líder espiritual que es reverenciado por los tibetanos y que goza de influencia
en todo el mundo." Wang Lixiong escribe también en el mismo artículo:
"Así pues, si se toman en consideración los intereses chinos a largo plazo,
no es sensato despreciar la cuestión. Y, es incluso un error más grande
esperar a la muerte del Dalai Lama. Esa política está mal orientada."
Wang Lixiong recomienda encarecidamente que China "aproveche la presente
oportunidad e inicie el proceso de hallar una solución en vida del XIV
Dalai Lama y mientras éste goce de salud. Se precisa una iniciativa pronta
para alcanzar estabilidad permanente con un único esfuerzo. Perder el
tiempo no está en los intereses del Dalai Lama ni en los de China. De
hecho, está aún menos en los de China. China no debería ver en el Dalai
Lama un obstáculo para la resolución de la cuestión del Tíbet, sino como
la clave de una solución duradera. Sin embargo, si no se resuelve bien
la cuestión, la llave que puede abrir la puerta también puede cerrarla."
traducion: Joaquin Arse-Mateos
|