La fantasia como necesidad
Marco
Pannella
Querido Andrea:
me pides que
escriba un prólogo para tu libro.
¿Qué quieres de
mí? ¿Crees de verdad que mi nombre se ha
convertido en cosa que vale para el mercado de
quienes compran-leen, o de los que llamas o
quisieras llamar a la lectura con este libro? No;
tengo la prueba de ello, sé que sabes que no es
así. Tú no lees mis "escritos", los
miles de octavillas multicopiadas, comunicados de
prensa, folletos del Partido radical, que son las
únicas cosas que en mi vida he producido,
generalmente escribiéndolas en media hora, por
urgencias de militancia, en el infierno de via
XXVI Maggio ayer, en el de Via di Torre Argentina
18 hoy.
Tú eres un
revolucionario. Yo en cambio amo a los objetores,
a los fuera-de-la-ley del matrimonio, a los
melenudos sub-proletarios anfetaminizados, a los
checoslovacos de la primavera, a los no
violentos, a los libertarios, a los verdaderos
creyentes, a las feministas, a los homosexuales,
a los burgueses como yo, a la gente con su
pasotismo inteligente y su triste desesperación.
Amo esperanzas antiguas, como la mujer y el
hombre; ideales políticos tan viejos como el
siglo de las luces, la revolución burguesa, los
cantos anarquistas y el pensamiento de la Derecha
histórica. Estoy contra todas las bombas, todos
los ejércitos, todos los rifles, todas las
razones para reforzar, aunque sólo sea
contingentemente, el Estado de cualquier tipo,
contra todos los sacrificios, muertes o
asesinatos, sobre todo si son
"revolucionarios". Creo en la palabra
que se oye y se dice, en los cuentos que contamos
en la cocina, en la cama, por la calle, en el
trabajo, cuando queremos ser honrados y
verdaderamente comprendidos, más que en los
ensayos o en los libelos, en los textos más o
menos sagrados y en las ideologías. Creo más
que en cualquier otra cosa en el diálogo y no
sólo en el "espiritual"; en las
caricias, en los abrazos, en el conocimiento como
hechos no necesariamente de evasión o
individualistas - y cuanto más
"particulares" se me figuran, tanto
más públicos y políticos, lo que son, intento
sean reconocidos. Pero no es esta la ocasión
adecuada para explicar a tus lectores qué es el
Partido Radical; sigamos.
No creo en el
poder, y repudio hasta la fantasía si amenaza
con ocuparlo. No creo en los "viejos" y
será tal vez porque los "viejos" nos
aseguran siempre que "forman" (a su
imagen) a los jóvenes, al igual que el ejército
y la mujer-escuela. No creo en el fusil. Hay
muchas cosas que podríamos/podremos hacer con el
"enemigo" en lugar de pensar en
eliminarlo. Y vosotros de Rey Desnudo decís:
"Todo el poder para el pueblo",
"Hierba y fusil". No, no me gusta. Ya
sabes que no estoy de acuerdo.
Rumiar o fumar
yerba no me interesa por la sencilla razón de
que lo estoy haciendo desde siempre. Tengo una
autopista de nicotina y alquitrán dentro de mí
que lo demuestra, sobre la que viaja rápidamente
todo lo que de autodestrucción, de evasión, de
culpabilización y de placer consumido y
solitario mi muerte exige y obtiene. Me parece
lógico, ciertamente, fumar otra yerba menos
dañina, si gusta, y negarse a pagarla demasiado
cara en el mercado, en la familia, en la
sociedad, en la cárcel. Para mí es fácil, por
tanto, comprometerme sin reservas para desarmar
al verdugo y a los asesinos de Estado, que
detentan ese follón que ellos llaman
"Orden", y que para vivir y sentirse
vivos necesitan mandar, proteger, obedecer,
torturar, detener, absolver o matar, e intentan
la operación imposible de transferir sus
demonios interiores (de impotentes, de
reprimidos, de frustrados) al cuerpo de los que
consideran diferentes a ellos, y que a veces
(¡por suerte!) lo son de verdad. Pero hacer de
la yerba un signo positivo y definitivo de
conexión y de esperanzas comunes me parece poco
y equivocado. Y tampoco es bastante, creo,
añadir la coletilla de vuestro
"fusil".
La violencia del
oprimido, ciertamente, me parece moral; la
contraviolencia "revolucionaria", el
odio (por "masculino" o sartrianamente
turbio que sea) del explotado son profundamente
naturales, o al menos a mí me lo parecen. Pero
por la moral no me intereso, si no es para
defender la moral concreta de cada uno, o su
derecho a afirmarse mientras no se convierta en
violencia contra los demás; y, por lo que se
refiere a la naturaleza, creo que es tarea de la
persona, de lo humano, no tanto el contemplarla o
describirla, como transformarla según sus
esperanzas. En fin, lo que vive, lo que es nuevo,
es siempre, en cualquier medida, natural.
Por esto no me
interesa mucho que la violencia revolucionaria,
que vuestro fusil, sean probablemente morales y
naturales, mientras que me afecta profundamente
el hecho de que sean armas suicidas para quienes
esperan razonablemente construir una sociedad (un
poco más) libertaria, prefigurarla
revolucionándose a sí mismos, a sus propios
mecanismos, a su ambiente y sin usar medios,
métodos, ideas que den más fuerza a las razones
del adversario, a la validez de sus propuestas
políticas, por el sólo gusto de derrocarlo,
destruirlo, o poseerlo en su sentido físico.
La violencia es el
campo privilegiado hacia el que toda minoría en
el poder intenta desplazar la lucha de los
explotados y de la gente; y es el único campo
sobre el que se puede razonablemente esperar ser
vencedor durante muchos años. A la larga, todos
los fusiles son negros, como todos los ejércitos
y todas las demás institucionalizaciones de la
violencia, sean quienes fueren aquellos contra
los que se ejerza o declare querer usarla.
Si la lucha
revolucionaria presupusiera verdaderamente la
muerte de compañeros, "su sacrificio"
y su valor ejemplar, la "toma" del
poder, y una vez tomado el poder, o durante los
avatares de la conquista, repetir contra los
enemigos los gestos por los que yo me hago su
enemigo, gestos de violencia, de tortura, de
discriminación, de desprecio; entonces
consideradme contrarrevolucionario si queréis o
un pequeño burgués del que habrá que librarse
en la primera ocasión.
No estoy, en
efecto, de acuerdo. La ética del sacrificio, de
la lucha heroica, de la purificación violenta,
sencillamente me tiene hasta las narices; igual
que al buen "padre de familia", al
compañero le pido antes que nada una cosa: que
viva y sea feliz. Creo, personalmente, que
teniendo un cierto bagaje de esperanzas, de ideas
y de claridad no sólo esto es posible sino que
no hay otro modo de crear y vivir de verdad la
felicidad. Mas ser "compañero" (igual
que ser "padre") no está escrito en el
destino ni es prescripción facultativa. Si los
caminos divergen, lo constataremos e intentaremos
entender mejor. Pero basta de esta izquierda
grande sólo en los funerales, en las
conmemoraciones, en las protestas, en las
celebraciones, todo esto también es negro. Basta
ya con esta "revolución"
clausevitziana, con sus tácticas y estratregias,
vanguardias y retaguardias, guerras de pueblos y
guerras contra los pueblos, de violencias
purificadoras y necesarias, de necesarias
medallas de oro; la revolución fusilcéntrica o
fusilcrática, o también sólo puñocéntrica o
puñocrática no es más que el sistema que se
reencarna y se perpetúa. No sólo el
"Rey", sino también esta
"Revolución" vestida de poder y de
violencia están desnudos, Andrea. Tolera que lo
ponga en tu libro, si aceptas esta carta como
prólogo.
Y tolera mucho
más...
Sois, eres
"antifascista", antifascista de la
línea Parri-Sofri (1), a lo largo de la cual se
ensarta desde hace veinte años la letanía de la
gente-bien de nuestra política. Nosotros no lo
somos.
Cuando veo en el
último número de "Re Nudo", en
última página, la "exhumación" de un
"Unità" (3) de 1943 en donde se invita
a matar al fascista, en cualquier lugar que esté
o se le pueda encontrar, porque "hay que
arrancar las raíces del mal", me entran
ganas de llamarte imbécil. Luego pienso que
todos coinciden contigo, excepto nosotros los
radicales, y me callo, si es que no me obligas,
como ahora, a hablar o a escribir. Entiendo
vuestras razones. Vosotros también tenéis que
demostrar (¿a vosotros mismos?) que el PCI está
degenerado; que ayer era mejor que hoy; que
cuando tenía armas y poder era más macho, más
valiente, más duro y puro. En cambio, era (como
Partido, aquí no se habla de los
"comunistas"), si cabe, peor. Incluso
mucho peor que ahora. De todos modos, no era el
mejor sólo porque teorizaba aquí y allá el
asesinato político y popular como acto de
higiene y de garantía contra "el mal".
Para quien lo mató, Trotsky sin lugar a dudas
era peor y más asqueroso que un fascista, y aún
más honda raíz del mal. Pero, para vosotros que
re-exhumáis, para vergüenza de la
"Unitá" de hoy, la de ayer, creyendo
que de tal manera os conectáis con las
tradiciones de clase, populares, obreras ¿no
habría en verdad nada mejor para recuperar que
estos conceptos contra-reformistas, bárbaros,
totalitarios, contra las "raíces del
mal"?
Tú que has
"comprendido", te has sentido
"compañero" de Notarnicola (4) (y has
hecho bien); tú que has vivido por lo menos
igual que yo entre subproletarios, parias,
marginados, ¿cómo no puedes entender el
fascismo de este antifascismo?
¿Cómo puedes,
todavía, soportar la incapacidad de la injuria,
del insulto, del desprecio, del maniqueísmo
plebeyo, clasista, no laico, farisáico, en el
choque de clase que intentamos vivir y sostener,
en el vivir diferente y nuevo que presupone y
genera? ¿Por qué, también tú, entre fusil,
antifascismo y poder-al-pueblo-con-puño-cerrado,
sigues viviendo de esa vieja nueva-izquierda que
tan puntual y eficazmente denuncias en tu libro?
Al igual que
nosotros los radicales, vosotros re-nudistas
sostenéis que no existen "perversos"
sino "diferentes". En las familias, en
las escuelas, en las fábricas o en las oficinas,
incluso los torturados son también, en primer
lugar, y generalmente, víctimas. Excepto para
ciertos psicoanalistas, matar al padre no es la
solución, no ayuda a superar la institución de
la familia; o no basta o de cualquier manera no
es necesario.
Sostenemos,
juntos, que no existen en las cárceles, en los
hospitales, en los manicomios, en las calles, en
las aceras, en las chabolas, en los bidonvilles,
unos "peores", sino también allí,
unos "diferentes a pesar de la miseria (que
es horrible precisamente porque mata, degrada,
cambia, hace degenerar; o si no ¿por qué la
rechazaríamos tanto?), a pesar del trabajo que
enajena (que vuelve "loco"), a pesar de
que la explotación clasista sea
"secular", y por tanto incida en la
herencia. Soñamos - y hay rigor y
responsabilidad en nuestros sueños - con una
sociedad sin agresividades y sin violencia, o en
la que, al menos, decrezcan en lugar de
agigantarse o ser producidas por ella. Sostenemos
que es moral lo que como tal le parece a uno.
Luchamos contra una "justicia"
institucional (y "popular") que en
todas partes toma a la diferencia por
perversión, al disenso por pecado.
¿Cómo podemos
entonces, recuperar precisamente en política, en
la vida de cada día en la ciudad, el concepto
del "mal", de "demonio", de
"perversión"? Lo que vosotros llamáis
"fascista" se llama "objetor de
conciencia", "divorcista",
"abortista", "corruptor
radical", "degenerado" para otros.
La "estrella
amarilla" de los guetos es un emblema
terrible, pero no menos para quién lo impone que
para quién lo lleva. (...)
Pero vale ya. Si
todo lo que hasta ahora he estado escribiendo nos
separa, querido Andrea, nada de ello es esencial
en tu libro, o en la existencia que en él se
manifiesta y se expresa, y que conozco. Tú en
Milán, nosotros en otros lugares, hemos debido y
tal vez sabido, todos los días durante años muy
largos, inventarlo todo, rechazar todos los
instrumentos existentes, todos los atajos, todas
las facilidades, para poder avanzar al menos un
poco. Los medios que se nos brindaban ya listos y
que eran la fuerza aparente de tantos otros, no
eran homogéneos, no prefiguraban lo que
buscábamos e intentábamos edificar.
La fantasía ha
sido una necesidad, casi una condena, más que
una opción; parecía condenarnos a estar solos,
vosotros allí, nosotros aún más separados y
resistiendo en más frentes. Por esto, hemos
hablado como hemos podido y debido, con los pies
en las marchas, con el trasero en las sentadas,
con los happenings continuos, con yerba o con
huelgas de hambre, con objeciones que parecían
"individuales" y "acciones
directas" de pocos, en las cárceles o en
los tribunales, con música o con mitin,
arriesgándolo todo cada vez, contra la corriente
sabiendo que un momento de descanso nos hubiera
costado horas de natación difícil, demasiado a
menudo tomados por "diferentes" por los
compañeros y objeto de atenciones continuas, de
provocaciones, de golpes por parte de los maderos
y no de los más pequeños.
Hemos resistido,
negándonos a sobrevivir, volviendo siempre a
empezar, conviertiendo las derrotas en materiales
capaces de dar una cara y un cuerpo a nuestras
obstinadas, y en resumidas cuentas sencillas, y
antiguas esperanzas. Aquí hemos alcanzado
nosotros sólo algunos éxitos que ahora todos
nos reconocen. Tú también, pero estabas más
sólo. Esto, en el libro, no consigues ignorarlo
u ocultarlo. He pensado siempre en ti como en un
compañero comprometido en una lucha común, en
luchas necesariamente convergentes y que han de
ser organizadas juntas. Tú no, y he ahí la
diferencia. Cuando acepté, y regenté largo
tiempo, la "dirección responsable" de
"Re Nudo", entre decenas de otras, no
era por costumbre o por indiferencia. No eras un
hombre más, un enésimo compañero de una hora o
de una ocasión. Un camarada ausente, eso sí. La
otra cara de tu libro, quisiera que lo
entendieras, son las luchas que hemos tenido que
plantear sin ti, con quien era lógico y natural
contar, pues las compartías y las compartes. Las
batallas por los derechos civiles han sido ajenas
a todo el Movimiento. Un inconsciente racismo
generacional, un rechazo de "política"
(la que se escribe sin K), un poco de avestruces,
en relación con ésto, un paleo-marxismo grosero
(en muchísimos, no en ti), una indiferencia que
era ceguera ante choques concretos de clase y
libertarios, han producido muchos daños, sobre
todo en Milán.
Así, hoy, eres
uno de los pocos aún al pie del cañón, de
todos los camaradas de tus tiempos, y hemos
tenido suerte. [...]
¿Seguiremos por
mucho tiempo marchando todavía separados?
Señalas, de vez en cuando, nuestras victorias -
aunque involuntariamente tiendes a rebajarlas,
convirtiéndolas en mías, individuales, y no, -
como son - de ese colectivo feliz y raro que es
el Partido radical. Hoy, con la batalla que hemos
empezado en favor de los diez referéndums
abrogativos de toda la mierda legislativa del
régimen, el choque se convierte a decir de
todos, en general y conclusivo.
¿Una vez más,
será para ti ajeno? No me parece posible ni
aceptable. Tu libro es un precioso Gavroche (6)
de nuestra protesta, de una generación política
que tal vez es la única aún no completamente
machacada por el régimen de la DC (7) (antes
PNF) (8) y de su inencontrable oposición.
Dramático,
sólido, rápido, alegre; incluso para mí,
sorprendente autobiografía no narcisista de un
militante sin obediencias (pero sin debilidades
ni distracciones) que narra como todo se puede
convertir en el oro o el espejismo de una
política nueva y libre; yerba, música, pipa y
fusiles de palabras o de cartón, penal militar,
cárcel judicial, sala de tribunal, una soirée
en la Scala (9), juegos violentos alrededor del
gran Corriere (10), un poco de pintura al
monumento que van a inaugurar, un cartel, un
hotel, votaré por este libro cuando me llamen a
integrar - próximamente - los jurados del premio
Viareggio, Strega, Campiello. (11) [...]
Aconsejaría más
bien su lectura a los padres-desesperados por los
hijos perdidos y contestatarios; a los
progresistas-bien enfermos de política de rentas
y de programación, desesperados e indignados por
no haber sido vuestros ídolos; a los que se
asombran y escandalizan viendo las sedes del
prestigioso partido de Pannunzio y de los
Carandini, de los Benedetti y de los Piccardi
(12) convertidas en guarida de bandas
subproletarias y melenudas, de estudiantes
rebeldes y trotskistas, comunistas, anarquistas,
antes aún de llenarse de forajidos del
matrimonio, objetores de conciencia, feministas,
homosexuales, freaks, abortistas, de verdaderos
creyentes y de vegetarianos y nudistas de
"carne de presidio" de todo tipo.
Entenderían por fin algo de sí mismos, amén
que de vosotros, de nosotros. Y sus caras se
pondrían menos hinchadas y amoratadas. [...]
Ahora basta. Tengo
que ocuparme de encontrar el primer millón para
el periódico del PR. Parece que es urgente. Si
no lo he entendido mal, en efecto, para un
periódico (aunque sea mínimo, aunque sea
"alternativo") son necesarios casi
quinientos millones al año.
¿Con "Re
Nudo", me echarás una mano?
(1) Ferrucio
Parri, comandante militar de todas las
formaciones partisanas en Italia durante la
resistencia al nazismo.
Adriano Sofri,
líder del movimiento de extrema izquierda
italiano "Lucha Continua"
(2) "Re
nudo" (Rey desnudo), revista alternativa
italiana en los años de la protesta estudiantil.
(3)
"L'Unitá" (La Unidad), periódico del
Partido Comunista Italiano.
(4) Sante
Notarnicola, ladrón plurihomicida, politizado en
la cárcel.
(5) La ley
italiana "Scelba" prohibe que el
partido fascista se vuelva a formar.
(6) Gavroche,
mítico joven parisino que ayudaba a los
revolucionarios franceses en 1798.
(7) Dc, Democracia
Cristiana, partido italiano de mayoría relativa,
conservador, de inspiración católica. En el
poder ininterrumpidamente desde la caída del
fascismo en 1946, ha mantenido durante más de
treinta años los códigos penales y las leyes
más importantes del fascismo en materia de
derechos individuales.
(8) Pnf, Partido
Nacional Fascista de Mussolini
(9) "La
Scala", famoso teatro lírico de Milán. En
1968, el movimiento estudiantil protestó
violentamente contra los "burgueses"
que asistían a la apertura de la temporada
lírica.
(1) Corriere della
Sera, el periódico italiano de mayor tirada de
la época, de inspiración moderada, criticado
por el movimiento estudiantil del 68.
(11)
"Viareggio", "Strega" y
"Campiello", famosos premios literarios
italianos.
(12) Pannunzio,
Carandini, Benedetti y Piccardi, liberales
progresistas que fundaron en los años 50 el
Partido radical.
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SUMARIO
Italia 1973:
la contestación estudiantil se convirtió en un
fenómeno cultural y político de masa. La
revolución parecía hacerse realidad, los mitos
de la lucha armada de la <<violencia
justa>> se impusieron entre la mayoría de
los intelectuales. Es el periodo en el que se
grita en las manifestaciones mastodónticas que
"matar a un fascista no es un crimen".
Paralelamente,
se impuso entre los jóvenes la cultura de la
droga como máxima expresión de la transgresión
con respecto a la sociedad burguesa. El Partido
radical fue contra corriente. No se emborrachó
de revolución sino que se ocupó de los derechos
civiles de la mayoría y de las minorías, llevó
a cabo campañas a favor del reconocimiento del
derecho al divorcio, al aborto, a la objeción de
conciencia. Ha negado siempre que existan
ejércitos buenos y ejércitos malos, ejércitos
rojos y ejércitos fascistas. Todos los ejercitos
se guían por valores totalitarios, fascistas;
los ejércitos de liberación están destinados a
convertirse siempre en instrumento de opresión
de los pueblos que pretenden liberar. En el
prefacio que Marco Pannella escribió en el libro
"Underground con el puño cerrado" de
Andrea Valcarenghi, líder del movimiento
<<alternativo>>, del que publicamos
algunos fragmentos, se denuncian los límites
históricos de la cultura
<<revolucionaria>>. Una cultura que
no puede comportar más que intolerancia,
violencia homicida y derrota. Una profecía que,
desgraciadamente, ha confirmado la realidad.
Pocos años después, esa misma cultura produjo
el monstruo del terrorismo que se difundió en
toda Europa. Fueron necesarios diez años de
sangre y plomo, de dramáticas desilusiones, para
reconocer el carácter justo de la cultura
política de la no-violencia, de la tolerancia y
del derecho, la auténtica alternativa, que
Pannella y que el Partido radical habían tenido
el valor de manifestar cuando toda una clase
intelectual aclamaba a Ché Guevara o a
Mao-Tse-Tung.
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