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La guerra contra las drogas
Señoras y señores diputados. Costa Rica es una pequeña nación en el corazón de América, de 50 mil kilómetros cuadrados y escasos 4 millones de habitantes. Sin lugar a dudas, es un paraíso tropical, con hermosas cumbres volcánicas y soleadas playas, dotada de una biodiversividad exuberante. A la belleza física, suma la bondad de sus habitantes, que conforman un pueblo pacífico y trabajador que carece de ejército. Este jardín de paz, sin embargo, se ha visto ensombrecido en los últimos años por una guerra que no es militar. Se trata de la guerra contra las drogas, en donde las fuerzas de policía dedican sus esfuerzos a asaltar y encarcelar a jóvenes y mayores argumentando que lo hacen por el bien de su salud.
A primera vista, la guerra contra las drogas parecería bien intencionada, tanto como el camino al infierno. Como legisladores, es nuestro deber verificar objetivamente si se trata de una guerra con sentido. En nuestro caso, Costa Rica es un país pequeño y pobre que se está dando el lujo de gastar cientos de millones de euros en la guerra contra las drogas sin ver resultados positivos. Por el contrario, tras la lucha a las drogas, ha aumentado este negocio, hasta el punto de que es posible descubrir que se hace su venta en escuelas, en colegios, en discotecas, por todas partes. Es más fácil conseguir droga que conseguir cigarros, porque se puede hacer a cualquier hora de la noche y en cualquier lugar.
Los legisladores libertarios cuestionamos, por tanto, la realidad y el sentido de la guerra contra las drogas. Es sospechoso que mientras todos los vecinos saben quién vende droga en su barrio, solo los policías parecen “no saberlo”. Es sospechoso que todos hayamos oído de grandes nombres involucrados en el negocio del narcotráfico. Es sospechoso que cuanto más se invierte en su combate, más aumenta el consumo.
Hagamos un alto reflexivo en el camino y preguntemos: ¿por qué la droga es ilegal? Mejor aún, preguntemos: ¿quién se beneficia con que las drogas sean ilegales? Porque sabemos que los políticos tradicionales en Latinoamérica no proponían ninguna medida sin sacar provecho y cuantiosas ganancias.
Imagínese por un momento que el gobierno prohibiera los cigarros y la cerveza. Si Usted toma o fuma, ¿dejaría de hacerlo? Es evidente que no; hasta pensarlo es absurdo. ¿Verdad que Usted aprovecharía cualquier ocasión a escondidas en que le ofrezcan cigarros y cerveza para probarlos? Sin embargo, habría una gran diferencia: los cigarros y las cervezas ilegales serían muy muy caros. Sería una gran ganancia venderlos, porque mucha gente, como Usted, estarían dispuestos a pagar mucho más para consumirlos.
Eso mismo es lo que ocurre con las drogas. Al prohibirlas, los precios se elevan y los que se dedican a las drogas se hacen millonarios. Para los habitantes de cualquier pueblo en el territorio nacional, cuyas oportunidades de progreso económico son escasas, es motivo de admiración ver cómo de repente un vecino compra un carro de lujo, se carga con cadenas de oro y aparece forrado en billetes, todo surgiendo de la nada. Su nueva condición es envidiable y les hace pensar que vale la pena dedicarse a ese mismo negocio tan lucrativo.
Ese nivel de riqueza viene de la prohibición. Lo prohibido es deseado, lo prohibido es caro, las personas pagan mucho por lo prohibido. ¡Cómo nos hemos engañado! En realidad, el narcotráfico está defendido por las leyes que prohiben las drogas. Los precios altos de la droga representan mucho. Primero, estimulan a que miles de personas se dediquen al comercio. Segundo, permiten pagar a los policías y jueces corruptos para continuar con el negocio. Pensemos por un momento cómo la policía va a detener el narcotráfico, si los narcos le ofrecen al guardia de aduana mil euros por no ver durante cinco minutos, que equivale al salario de dos o tres meses. ¡Ni siquiera tiene que hacer nada, solo tiene que no ver! Ningún gobierno puede pagar eso ni competir con eso. Por eso, mientras los precios de la droga sean tan altos, la lucha se hace imposible.Es más, mientras los precios sean tan altos y el negocio sea tan bueno, veremos cómo los políticos son sobornados por el narco y muchos de ellos incluso toman como segunda profesión el tráfico de drogas.
Todos lo sabemos, pero estos políticos nos hablan como si no lo supiéramos. De este modo, la prohibición de las drogas sirve al narcotráfico, generando un gran negocio al alcance de unas pocas personas que están incluso interesadas en funcionar al margen de la ley.
Pero hay más. Como las drogas son ilegales, quienes las trafican actúan en la ilegalidad y esto conduce a que haya más crímenes. A nadie se le ocurriría chantajear a alguien porque conoce el secreto de que fuma, nadie roba para comprar cigarros como si valieran mucho, nadie asesina para ocultar que vende cigarros. Pero si los cigarros estuvieran prohibidos, eso ocurriría a cada minuto. La prohibición contra las drogas es causa del aumento de la criminalidad en el país y sería absurdo pensar que esta ley de prohibición disminuye la delincuencia; sería comer cuento creer que la ley contra las drogas genera más seguridad en los hogares.
Aunque la lucha contra las drogas no produce resultados y más bien el consumo sube año con año, se nos cobra un precio muy alto por mantener la prohibición. El pago de la policía especializada, de los equipos técnicos para la investigación, de las lanchas, helicópteros y hasta radares para detectar el tráfico de drogas, es mucho dinero cobrado a todos para ver más bien cómo se fortalece el narco y la corrupción con esa prohibición.
Y lo peor de todo es que la prohibición de la droga ha sido el más efectivo estímulo psicológico para que la gente se interese en ella. Ordenen Ustedes a los niños que dejen de pensar en elefantes amarillos, que Usted no quiere ni tolera que piensen en ellos y que mucho menos acepta que los dibujen, los fabriquen y que sobre todo, por ninguna razón, los compren o los vendan. En pocos días tendrá una industria floreciente de elefantes amarillos ilegales, de todos los tamaños y formas. Habrá niños infiltrando elefantes amarillos en las aulas, coloreándolos en las paredes, comprándolos a escondidas en los servicios sanitarios… Habrá niños que tomarán dinero de sus padres para pagarlos y quienes no consigan dinero de esa forma, no dudarán en robar los elefantes amarillos de sus compañeros. Habrá amenazas y chantaje respecto a revelar quiénes tienen elefantes amarillos. Toda una subcultura subterránea que maneja los dichosos elefantes a sus espaldas.
Esta pasión frenétic! a por los elefantes amarillos les confirmará a Ustedes que son tan peligrosos que debe tratar de prohibirlos aún más, pero lo que Ustedes no han advertido es que la prohibición ha generado todo ese interés.
Eso es lo mismo que ha hecho la prohibición de las drogas. Ahora bien. Ya la situación ha sido creada. Hay que ver qué se hace con ella. ¿Queremos eliminar la droga? ¿Queremos una juventud sana? ¿Queremos tener una Costa Rica donde nuestros niños tengan una salud segura y estén libres de adicciones? Eso es lo que nosotros los libertarios queremos. Lograrlo supone reconocer una verdad absoluta: SI SEGUIMOS HACIENDO LO MISMO, SEGUIREMOS OBTENIENDO LOS MISMOS RESULTADOS. Nos preguntamos si lo que vemos hoy en Costa Rica son los resultados que deseamos, porque hoy en nuestro país la venta de droga estimulada por el alto precio y realizándose por doquier, hay políticos corruptos, jueces comprados, asesinatos cometidos por el narco, etc.
Otra verdad evidente viene en nuestra ayuda: SI QUEREMOS RESULTADOS DIFERENTES, TENEMOS QUE HACER COSAS DIFERENTES. El camino de la prohibición, de la ilegalidad, solo ha fomentado el consumo de las drogas. Debemos buscar un camino diferente. En este sentido, los libertarios afirmamos que solo hay dos maneras de tratar con las personas: la persuasión o la fuerza.
Recurrir a la prohibición, a las leyes para obligar a otros a cambiar, ese es el uso de la fuerza. Hemos indicado que eso no da resultados y, lo que es peor, irrespeta la libre decisión de las demás personas, su derecho a elegir incluso cuando pensamos que están equivocados en su escogencia. La otra opción es la opción respetuosa, la opción sana, la opción tica, que acepta que a través del diálogo las personas pueden comprenderse y convivir. Los libertarios consideramos que para luchar contra las drogas la única manera democrática de hacerlo es convencer a las personas a que dejen de usarlas. Mientras pusimos nuestra fe en las prohibiciones como el mejor medio para ganarle a las drogas, nos quedamos confiados y las drogas empezaron a ganar terreno, hasta que ahora son muchos los jóvenes (y los adultos) que las consumen. La prohibición nos engañó! al hacernos confiar que era una buena herramienta. Se nos olvidó que la enseñanza, la información y el diálogo eran la manera correcta de hacer las cosas. Se nos olvidó actuar como lo hemos hecho siempre los costarricenses. Pero todavía podemos corregir las acciones.
Tal vez haya quien sea cínico y piense que la persuasión no es una herramienta adecuada para luchar contra las drogas. Lamentamos que no se haya dado cuenta de que en nuestro país lo único que realmente ha tenido éxito en la lucha contra las drogas es la persuasión y que son grupos voluntarios quienes están sacando de la adicción a jóvenes y adultos. Tenemos laborando a los Hogares Crea de Costa Rica y Crea Internacional, a distintos centros de restauración pertenecientes a varias iglesias, a grupos de narcóticos anónimos, al Ejército de Salvación y otros grupos más. Ellos han estado haciendo más por resolver el problema de la droga que lo que se ha obtenido a través de cientos de millones de colones invertidos por el gobierno para mantener la prohibición y hacen más por una razón muy simple: son voluntarios. Quienes llegan allí no lo hacen porque la droga esté prohibida; lo hacen porque están persuadidos de que deben cambiar. Y entonces el cambio es posible y es real! . Si se les llevara a la fuerza, ninguno de los que está allí cambiaría.
Pensemos en nosotros mismos como ejemplo claro de persuasión. ¿Hemos renunciado a consumir drogas porque son ilegales o porque las consideramos dañinas y quiere mantenerlas lejos de su cuerpo? Sin lugar a dudas, actuamos por convicción. Lo mismo hacen las demás personas. Si utilizamos la persuasión, ganaremos la batalla contra las drogas y lo haremos de la manera más democrática: con el diálogo y el respeto a la libertad de las demás personas. Esta es la propuesta que el Movimiento Libertario, partido al que represento, está haciendo en Costa Rica. Espero que estas reflexiones también sean de utilidad en esta Europa que tanto admiramos y de cuya herencia tanto hemos recibido. Muchas gracias.
Carlos HERRERA, Diputado, Movimento Libertario, Costa Rica
A primera vista, la guerra contra las drogas parecería bien intencionada, tanto como el camino al infierno. Como legisladores, es nuestro deber verificar objetivamente si se trata de una guerra con sentido. En nuestro caso, Costa Rica es un país pequeño y pobre que se está dando el lujo de gastar cientos de millones de euros en la guerra contra las drogas sin ver resultados positivos. Por el contrario, tras la lucha a las drogas, ha aumentado este negocio, hasta el punto de que es posible descubrir que se hace su venta en escuelas, en colegios, en discotecas, por todas partes. Es más fácil conseguir droga que conseguir cigarros, porque se puede hacer a cualquier hora de la noche y en cualquier lugar.
Los legisladores libertarios cuestionamos, por tanto, la realidad y el sentido de la guerra contra las drogas. Es sospechoso que mientras todos los vecinos saben quién vende droga en su barrio, solo los policías parecen “no saberlo”. Es sospechoso que todos hayamos oído de grandes nombres involucrados en el negocio del narcotráfico. Es sospechoso que cuanto más se invierte en su combate, más aumenta el consumo.
Hagamos un alto reflexivo en el camino y preguntemos: ¿por qué la droga es ilegal? Mejor aún, preguntemos: ¿quién se beneficia con que las drogas sean ilegales? Porque sabemos que los políticos tradicionales en Latinoamérica no proponían ninguna medida sin sacar provecho y cuantiosas ganancias.
Imagínese por un momento que el gobierno prohibiera los cigarros y la cerveza. Si Usted toma o fuma, ¿dejaría de hacerlo? Es evidente que no; hasta pensarlo es absurdo. ¿Verdad que Usted aprovecharía cualquier ocasión a escondidas en que le ofrezcan cigarros y cerveza para probarlos? Sin embargo, habría una gran diferencia: los cigarros y las cervezas ilegales serían muy muy caros. Sería una gran ganancia venderlos, porque mucha gente, como Usted, estarían dispuestos a pagar mucho más para consumirlos.
Eso mismo es lo que ocurre con las drogas. Al prohibirlas, los precios se elevan y los que se dedican a las drogas se hacen millonarios. Para los habitantes de cualquier pueblo en el territorio nacional, cuyas oportunidades de progreso económico son escasas, es motivo de admiración ver cómo de repente un vecino compra un carro de lujo, se carga con cadenas de oro y aparece forrado en billetes, todo surgiendo de la nada. Su nueva condición es envidiable y les hace pensar que vale la pena dedicarse a ese mismo negocio tan lucrativo.
Ese nivel de riqueza viene de la prohibición. Lo prohibido es deseado, lo prohibido es caro, las personas pagan mucho por lo prohibido. ¡Cómo nos hemos engañado! En realidad, el narcotráfico está defendido por las leyes que prohiben las drogas. Los precios altos de la droga representan mucho. Primero, estimulan a que miles de personas se dediquen al comercio. Segundo, permiten pagar a los policías y jueces corruptos para continuar con el negocio. Pensemos por un momento cómo la policía va a detener el narcotráfico, si los narcos le ofrecen al guardia de aduana mil euros por no ver durante cinco minutos, que equivale al salario de dos o tres meses. ¡Ni siquiera tiene que hacer nada, solo tiene que no ver! Ningún gobierno puede pagar eso ni competir con eso. Por eso, mientras los precios de la droga sean tan altos, la lucha se hace imposible.Es más, mientras los precios sean tan altos y el negocio sea tan bueno, veremos cómo los políticos son sobornados por el narco y muchos de ellos incluso toman como segunda profesión el tráfico de drogas.
Todos lo sabemos, pero estos políticos nos hablan como si no lo supiéramos. De este modo, la prohibición de las drogas sirve al narcotráfico, generando un gran negocio al alcance de unas pocas personas que están incluso interesadas en funcionar al margen de la ley.
Pero hay más. Como las drogas son ilegales, quienes las trafican actúan en la ilegalidad y esto conduce a que haya más crímenes. A nadie se le ocurriría chantajear a alguien porque conoce el secreto de que fuma, nadie roba para comprar cigarros como si valieran mucho, nadie asesina para ocultar que vende cigarros. Pero si los cigarros estuvieran prohibidos, eso ocurriría a cada minuto. La prohibición contra las drogas es causa del aumento de la criminalidad en el país y sería absurdo pensar que esta ley de prohibición disminuye la delincuencia; sería comer cuento creer que la ley contra las drogas genera más seguridad en los hogares.
Aunque la lucha contra las drogas no produce resultados y más bien el consumo sube año con año, se nos cobra un precio muy alto por mantener la prohibición. El pago de la policía especializada, de los equipos técnicos para la investigación, de las lanchas, helicópteros y hasta radares para detectar el tráfico de drogas, es mucho dinero cobrado a todos para ver más bien cómo se fortalece el narco y la corrupción con esa prohibición.
Y lo peor de todo es que la prohibición de la droga ha sido el más efectivo estímulo psicológico para que la gente se interese en ella. Ordenen Ustedes a los niños que dejen de pensar en elefantes amarillos, que Usted no quiere ni tolera que piensen en ellos y que mucho menos acepta que los dibujen, los fabriquen y que sobre todo, por ninguna razón, los compren o los vendan. En pocos días tendrá una industria floreciente de elefantes amarillos ilegales, de todos los tamaños y formas. Habrá niños infiltrando elefantes amarillos en las aulas, coloreándolos en las paredes, comprándolos a escondidas en los servicios sanitarios… Habrá niños que tomarán dinero de sus padres para pagarlos y quienes no consigan dinero de esa forma, no dudarán en robar los elefantes amarillos de sus compañeros. Habrá amenazas y chantaje respecto a revelar quiénes tienen elefantes amarillos. Toda una subcultura subterránea que maneja los dichosos elefantes a sus espaldas.
Esta pasión frenétic! a por los elefantes amarillos les confirmará a Ustedes que son tan peligrosos que debe tratar de prohibirlos aún más, pero lo que Ustedes no han advertido es que la prohibición ha generado todo ese interés.
Eso es lo mismo que ha hecho la prohibición de las drogas. Ahora bien. Ya la situación ha sido creada. Hay que ver qué se hace con ella. ¿Queremos eliminar la droga? ¿Queremos una juventud sana? ¿Queremos tener una Costa Rica donde nuestros niños tengan una salud segura y estén libres de adicciones? Eso es lo que nosotros los libertarios queremos. Lograrlo supone reconocer una verdad absoluta: SI SEGUIMOS HACIENDO LO MISMO, SEGUIREMOS OBTENIENDO LOS MISMOS RESULTADOS. Nos preguntamos si lo que vemos hoy en Costa Rica son los resultados que deseamos, porque hoy en nuestro país la venta de droga estimulada por el alto precio y realizándose por doquier, hay políticos corruptos, jueces comprados, asesinatos cometidos por el narco, etc.
Otra verdad evidente viene en nuestra ayuda: SI QUEREMOS RESULTADOS DIFERENTES, TENEMOS QUE HACER COSAS DIFERENTES. El camino de la prohibición, de la ilegalidad, solo ha fomentado el consumo de las drogas. Debemos buscar un camino diferente. En este sentido, los libertarios afirmamos que solo hay dos maneras de tratar con las personas: la persuasión o la fuerza.
Recurrir a la prohibición, a las leyes para obligar a otros a cambiar, ese es el uso de la fuerza. Hemos indicado que eso no da resultados y, lo que es peor, irrespeta la libre decisión de las demás personas, su derecho a elegir incluso cuando pensamos que están equivocados en su escogencia. La otra opción es la opción respetuosa, la opción sana, la opción tica, que acepta que a través del diálogo las personas pueden comprenderse y convivir. Los libertarios consideramos que para luchar contra las drogas la única manera democrática de hacerlo es convencer a las personas a que dejen de usarlas. Mientras pusimos nuestra fe en las prohibiciones como el mejor medio para ganarle a las drogas, nos quedamos confiados y las drogas empezaron a ganar terreno, hasta que ahora son muchos los jóvenes (y los adultos) que las consumen. La prohibición nos engañó! al hacernos confiar que era una buena herramienta. Se nos olvidó que la enseñanza, la información y el diálogo eran la manera correcta de hacer las cosas. Se nos olvidó actuar como lo hemos hecho siempre los costarricenses. Pero todavía podemos corregir las acciones.
Tal vez haya quien sea cínico y piense que la persuasión no es una herramienta adecuada para luchar contra las drogas. Lamentamos que no se haya dado cuenta de que en nuestro país lo único que realmente ha tenido éxito en la lucha contra las drogas es la persuasión y que son grupos voluntarios quienes están sacando de la adicción a jóvenes y adultos. Tenemos laborando a los Hogares Crea de Costa Rica y Crea Internacional, a distintos centros de restauración pertenecientes a varias iglesias, a grupos de narcóticos anónimos, al Ejército de Salvación y otros grupos más. Ellos han estado haciendo más por resolver el problema de la droga que lo que se ha obtenido a través de cientos de millones de colones invertidos por el gobierno para mantener la prohibición y hacen más por una razón muy simple: son voluntarios. Quienes llegan allí no lo hacen porque la droga esté prohibida; lo hacen porque están persuadidos de que deben cambiar. Y entonces el cambio es posible y es real! . Si se les llevara a la fuerza, ninguno de los que está allí cambiaría.
Pensemos en nosotros mismos como ejemplo claro de persuasión. ¿Hemos renunciado a consumir drogas porque son ilegales o porque las consideramos dañinas y quiere mantenerlas lejos de su cuerpo? Sin lugar a dudas, actuamos por convicción. Lo mismo hacen las demás personas. Si utilizamos la persuasión, ganaremos la batalla contra las drogas y lo haremos de la manera más democrática: con el diálogo y el respeto a la libertad de las demás personas. Esta es la propuesta que el Movimiento Libertario, partido al que represento, está haciendo en Costa Rica. Espero que estas reflexiones también sean de utilidad en esta Europa que tanto admiramos y de cuya herencia tanto hemos recibido. Muchas gracias.
Carlos HERRERA, Diputado, Movimento Libertario, Costa Rica
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