GLOBALIZACION? SI, GRACIAS


En esta columna para IPS Emma Bonino, parlamentaria europea y dirigente del Partido Radical italiano se dirige a los militantes del movimiento contra la globalización "para invitarlos a reflexionar sobre una aparente paradoja. ¨Cómo se explica que personas como yo, que siempre han considerado un deber la lucha contra la pobreza y las injusticias, se sientan tan ajenas en relación al movimiento anti-globalización hasta el punto de considerar que el mundo -para ser más vivible- tiene la necesidad, no de enfrentar la globalización como proponen ustedes, sino de acelerarla o extenderla?"
La autora afirma que la globalización poda multiplicar sus efectos benéficos sólo si consigue derrotar a sus mayores enemigos: la resistencia de demasiados dirigentes políticos a aceptar la eliminación de las barreras contra la libre circulación de productos y personas, en el Norte del planeta; y, en el Sur, la resistencia de demasiados dirigentes políticos a conceder a sus ciudadanos las libertades políticas y económicas fundamentales que constituyen una condición necesaria para el desarrollo.

Yo quisiera crear un movimiento alternativo que llamaría
"¨Globalización? Si, gracias". Tendría como meta incluir entre las prioridades de la globalización -y por lo tanto de las relaciones internacionales tanto en el Norte como en el Sur- la promoción a escala mundial de las reglas y los principios de la democracia (el menos malo de los sistemas conocidos, como decía Churchill) y del estado de derecho, concluye Bonino.



¨GLOBALIZACION? SI, GRACIAS

Por Emma Bonino (*)

BRUSELAS, Dic (IPS) Estimados militantes del movimiento no-global, me dirijo a ustedes para invitarles a reflexionar sobre una aparente paradoja. ¨Cómo se explica que personas como yo, que siempre han considerado un deber la lucha contra la pobreza y las injusticias, se sientan tan ajenas en relación al movimiento anti-globalización hasta el punto de considerar que el mundo -para ser más habitable- tiene la necesidad, no de enfrentar la globalización como proponen ustedes, sino de acelerarla o extenderla?

Ustedes tienen razón cuando denuncian que en nuestra época se están agravando las desigualdades sociales y económicas. Pero me parece igualmente innegable el progreso en términos macroeconómicos que está aportando el embate globalizador contemporáneo al producir riqueza y sacar de la pobreza a enteras regiones del planeta. Es verdad que perviven grandes islas de exclusión, ¨ pero es posible que alguien piense realmente que produciendo menos riqueza puede resultar más fácil el combate contra la pobreza?

Desde los días de Seattle leo atentamente los documentos, las declaraciones y las arengas que produce vuestro movimiento y me asombra que jamás hayan mencionado -entre los síntomas más afligentes de la injusticia que caracteriza a la brecha Norte-Sur- un fenómeno que me parece escandalosamente ejemplar: el hecho de que, mientras centenares de millones de seres humanos sólo disponen de un dólar por día para sobrevivir, cada bovino que nace entre Finlandia y el sur de Italia tenga derecho a un dólar diario de subsidio por parte de la Unión Europea. Creo que no hay un argumento más convincente que este para denunciar la hipocresía y la miopía de los dirigentes europeos (y de los estadounidenses) para afrontar la globalización, predicando su expansión a la vez que con su proteccionismo -no sólo agrícola- obstruyen su dinámica natural.

Sería interesante comprobar si los procesos de globalización topan con una barrera más alta en vuestra oposición o en las políticas proteccionistas con las que los países del Norte continúan estrangulando a enteros sectores clave de la economía del Sur.

Nacido y crecido en el Norte del mundo, el movimiento no-global se atribuye la representación de todos los desposeídos y asegura que defiende sus intereses. ¨Cómo justifican entonces que en la vanguardia de vuestros desfiles marchen personajes como José Bové, paladín del proteccionismo agro-alimentario francés y europeo? ¨Qué hacen allí los católicos que profesan la "teolog¡a de la liberación" y sin embargo son fieles a una iglesia que (como el islamismo) bendice la explosión demográfica y a pesar de la pandemia del SIDA sigue prohibiendo el empleo de preservativos y toda forma de educaci¢n sexual? ¨Qué hacen allí los "integralistas del ambiente" que tratan de impedir la investigación científica sobre los organismos genéticamente modificados y de negar a los países amenazados por carestías la libre elección entre el riesgo de consumir OGM o morir de hambre? ¨Qué hacen allí los exponentes de la izquierda post-comunista que reclaman una ayuda extraordinaria en favor de los países más pobres y la cancelación de la deuda externa, pero ni parpadean cuando los líderes de esos países arrastran a sus respectivos pueblos a guerras de agresión devastadoras como las de Ruanda, Uganda, Etiopía y Eritrea?

El movimiento no-global exige una cuantiosa e inmediata transferencia de recursos hacia el Sur pero no parece advertir una realidad que hipoteca el futuro de la ayuda para el desarrollo: el substancial fracaso de cuatro décadas de políticas de desarrollo que han sido hasta ahora incapaces de rescatar un sólo país del subdesarrollo. También exige que la comunidad internacional ponga término al "escándalo de la pobreza" pero no parece preocuparle el hecho de que hoy en día la forma más eficaz de lucha contra la miseria es la que practican unos 150 millones de emigrantes provenientes de unos treinta países del Sur que, sin esperar los programas del Banco Mundial, se fueron a trabajar en los países industrializados. Quizás convendría reflexionar sobre el hecho de que las remesas de dinero a sus familias se han convertido en la principal fuente de divisas para muchos países.

Pero ni siquiera esas remesas logran dinamizar las economías que las reciben cuando en los países receptores no existe un mínimo de democracia y no rige el estado de derecho. Lo he comprobado durante una reciente estancia en Ecuador, un país que ha "exportado" el 15% de su poblaci¢n y donde las remesas de los emigrados, pese a que superan a los ingresos de las exportaciones del petróleo, el banano y la pesca, se transforman con frecuencia en "capital muerto" debido a la no confiabilidad del sistema crediticio, a la corrupción imperante y a la renuncia de los inversionistas nacionales y extranjeros.

La globalización podrá multiplicar sus efectos benéficos sólo si consigue derrotar a sus mayores enemigos: la resistencia de demasiados dirigentes políticos a aceptar la eliminaci¢n de las barreras contra la libre circulaci¢n de productos y personas, en el Norte del planeta; y, en el Sur, la resistencia de demasiados dirigentes políticos a conceder a sus ciudadanos las libertades políticas y económicas fundamentales que (como algunos sostienen y como ha confirmado un reciente estudio de las Naciones Unidas sobre el desarrollo fallido de los países árabes) constituyen una condici¢n necesaria para el desarrollo.

Yo quisiera crear un movimiento alternativo al vuestro que llamaría "¨Globalizaci¢n? Si, gracias". Tendría como meta incluir entre las prioridades de la globalización -y por lo tanto de las relaciones internacionales tanto en el Norte como en el Sur- la promoción a escala mundial de las reglas y los principios de la democracia (el menos malo de los sistemas conocidos, como decía Churchill) y del estado de derecho.
(*) Emma Bonino, parlamentaria europea y dirigente del Partido Radical italiano