Exterminio causado por el hambre en el mundo - Intervención de Marco Pannella ante el Parlamento europeo




SUMARIO: Tras haberse quejado de la manera en que la Presidenta Veil reparte los tiempos de palabra, Pannella se pregunta qué va a suceder en Europa "después de Cancún, después de estos años de diálogo Norte-Sur"... Es probable que Europa se disponga a traicionar de nuevo, tal y como traicionó con Daladier y Chamberlain. También por aquel entonces eran pocos los que en Europa decían que "Léon Blum se equivocaba al no intervenir en defensa de la república española". De esta manera, actualmente hablamos de "desarrollo" pero seguimos condenando al genocidio y al exterminio a generaciones enteras". Todo ello "es hermoso, es de izquierdas... es el desarrollo", pero... La Asamblea ha afirmado "que es necesario asumir en 1982 la tarea de garantizar la supervivencia de por lo menos 5 millones de personas". Pero al compromiso no han seguido los hechos, la Comisión no ha procedido ni tan siquiera a la compra de los cereales necesarios para la operación. Entre equívocos y falsas promesas (como la del gobierno francés que se compromete en dar el 0,7% del PNB "en 1988") se producirán "un mínimo de 30 millones de muertos al año, un auténtico genocidio".
(DISCUSIONES DEL PARLAMENTO EUROPEO, 16 de diciembre de 1981)

Pannella. (FR) Señor Presidente, obra en mi poder una cinta en la que ha sido grabado el debate de esta mañana. Esta cinta es la prueba de que el diputado Blaney ha hablado durante 2 minutos y 38 segundos y el diputado Capanna durante 1 minuto y 7 segundos. La señora presidenta se ha negado a darle la facultad de palabra a la diputada Macciocchi que disponía pues de 1 minuto y 15 segundos todavía, aseverando que habíamos hablado exactamente 4 minutos 58 segundos. En señal de protesta contra esta manera de actuar no he asistido al almuerzo pues, señor Presidente, es buena regla no sentarse a la mesa con embrollones.

Señor Presidente, la casualidad dispone bien las cosas: tengo un tiempo de palabra pantagruélico: 8 minutos, en el momento en que hablamos de exterminio causado por el hambre en el mundo.

¡De qué hablamos! De cuarenta mil millones de unidad de cuenta y de una interrogación oral muy importante del diputado Poniatowski. Pues bien, ¿qué está sucediendo, qué sucederá en esta Europa, después de Cancún, después de los años de diálogo Norte sur?

Pues bien, señor Presidente, considero que nuestra Europa actual está demostrando que es capaz, tras haber digerido el holocausto, de traicionar, como Daladier y Chamberlain por segunda vez a Polonia y Varsovia, con el consentimiento de este Parlamento. Es evidente, señor Presidente, que esta Europa de los Daladier, de los Chamberlain, de las personas que aceptan el holocausto, es evidente, señor Presidente, que en el momento en que tienen que hablar de Polonia, y ahora del tercer mundo, lo hacen de la misma manera en que se comportan ante el holocausto de Hitler y de Mussolini.

También por aquel entonces éramos pocos los que decíamos en Europa que Léon Blum se equivocaba al no intervenir en defensa de la república española. Eramos pocos los que les decíamos a nuestros amigos ingleses y a Churchill que se equivocaban al decir que, de ser italianos, hubiesen sido fascistas. Eramos pocos, a menudo en la cárcel, los que decíamos que, si se acepta asistir al inicio de un holocausto, se está aceptando el holocausto de toda una generación.
Ahora bien, señor Presidente, la respuesta que se nos da es que nuestra Comisión hará, por el momento, esta buena acción que yo comparto en lo que a los principios se refiere. Sin embargo no se trata desde luego de la respuesta al gran problema que ha sido suscitado antes y que se suscitará después de Cancún. esta respuesta, señor comisario, el Parlamento la ha dado de forma solemne en un momento en el que la locura está en el poder organiza el desorden consolidado, condena al genocidio y al exterminio a generaciones enteras, inmolándolas en el altar estructuralista y progresista del desarrollo tal y como lo ve la izquierda. Es hermoso, es de izquierdas, es estructuralista, no es existencialista, no es caridad ¡es el desarrollo! Pero al mismo tiempo, los demás se mueren, porque los que hablan de desarrollo tienen la conciencia tranquila a buen precio. Son de izquierdas, como lo soy yo también, y de esta manera las personas que viven en el Tercer Mundo pueden esperar al 1985,1988, 1990 y morirse 10 millones, 30 millones al año, esperando a que el análisis correcto de las personas de izquierdas, que va hasta los conservadores y la extrema derecha, se lleve a cabo.

Esta Asamblea ha afirmado que es necesario asumir en 1982 la tarea de garantizar la supervivencia de por lo menos 5 millones de personas. Esta Asamblea ha recordado que la Comisión Carter ha calculado que los fondos que hacen falta para las necesidades de estas personas son ridículos con respecto a los gastos, a los presupuestos previstos para los armamentos y para muchísimas cosas más.

Señor Comisario Pisani, nosotros no hemos pedido a la Comisión que se prepare sola para salvar a estos millones de personas porque en ese caso no seríamos sólo un hatajo de locos, y demagogos, sino de imbéciles que no saben nada de nada de la DG que se encarga de ayudas al desarrollo. Aunque esta última contase con 20 o 40 demiurgos, no lo lograría. Hace tres años que le recrimino a usted que no pida sesenta funcionarios más para hacerle entender a este Parlamento y al Consejo de qué se trata. Esta Asamblea, señor Presidente, había con humildad pero pulso decidido, concedido 30 días a la Comisión. No para comprar granos o cereales, de manera que se favorezcan a las multinacionales, nosotros no somos Carter, nosotros que cogemos 18 millones de toneladas para dárselos a Bresnev que hace ver que afronta a Reagan sobre la cuestión de los misiles firmando este contrato de muerte y de hambre con respecto al Sur, sino para presentar al Consejo un pequeñísimo proyecto de actualización del reglamento que prevé cinco mil millones de escudos según las cuotas tradicionalmente repartidas.

La Comisión no se ha enterado de nada. Nos dice: "No voy a comprar cereales, el proceso de los acabaría por enloquecer". Nos ha dicho: "Aunque nos los diesen, no sabríamos qué hacer con ellos". ¡Pero, nosotros sí sabríamos qué hacer! No hay más que pensar que en esta misma sede hace 25 días estaban reunidos todos los personajes más importantes del sistema, agencias especializadas y de las Naciones Unidas para decirnos que, junto a la Comisión, si hubiese estado dispuesta a llevar a cabo este intento demente de salvar a 5 millones de personas en 1982, estaban dispuestos a garantizar la operación.

Por lo tanto, es posible, es necesario. No le pedíamos solo a la Comisión que utilizase a algunos de sus economistas para redactar un informillo, trabajo que hubiese requerido tres o cuatro días de trabajo. No se nos entendió porque, de buena fe, no se entiende. Tenemos que esperar hasta 1985, 1988, 1990. He oído declaraciones oficiales del gobierno francés: "Nos hemos decidido por el 0,7% del PNB". Todo el mundo aplaude. Y luego añade: "En 1988". Mientras tanto, si no nos equivocamos, habrá por lo menos 30 millones al año de muertos, un auténtico genocidio de hambre. Ello significará por lo tanto 110 millones de personas exterminadas. Las agencias nos dicen que es posible luchar contra el hambre en el mundo. Si adoptamos un método acabar por llevar a cabo transferencias de riqueza, con la excusa del desarrollo, entre las burocracias del primer, del segundo y del tercer mundo, y los gobiernos de los países ricos: de hecho, es necesario que nos lleguemos hasta las zonas rurales creando cabezas de puente, de manera que, con el objetivo de la supervivencia, se concretice realmente el desarrollo para garantizar la supervivencia.

Por lo tanto, señor Presidente, he querido simplemente trazar un esbozo de diálogo. Si todos están de acuerdo, señor comisario, dedicamos esta pausa de Navidad a la reflexión, para que la Navidad de 1982 sea una fiesta digna de este nombre por lo menos para una parte de aquellos para los que nosotros lo decretamos, in alto loco, la muerte a causa del hambre.