Armas y seguridad


Armas y seguridad

SUMARIO: En un editorial del »Economist del 18 de enero de 1991, titulado »Lo fútil de la guerra , se leía: »A pesar de su fuerza militar, los serbios han conseguido una derrota más bien que una victoria . André Fontaine, en »Le Monde del 24 de enero ha escrito: »'El día en que Alemania será reunificada afirmaba Georges Pompidou, según el cual la cosa era inevitable, 'nosotros seremos felices de contar con nuestra pequeña bomba'; queda por preguntarse si el no haber contado con la pequeña bomba en cuestión no haya contribuido a la renovada potencia de Alemania o de Japón .
(EL PARTIDO NUEVO - Nº 5 - FEBRERO DE 1992)


Estas observaciones ayudan a reflexionar sobre el papel de los ejércitos en el mundo moderno. Son todavía útiles? O, más bien, no acaban por destruir puntualmente lo que deberían defender: la seguridad de la sociedad civil.
No cabe duda que la lección serbia sea particularmente importante para todas aquellas nuevas entidades estatales que en la Europa centro-oriental y en la ex-Unión Soviética hoy deben administrar la cosa pública según nuevas reglas y nuevas realidades. Como hemos visto, las primeras señales procedentes de las Repúblicas de la Comunidad de Estados Independientes no han sido muy alentadoras: es suficiente pensar en la insistencia demostrada por el gobierno ucranio al intentar adueñarse de la flota del Mar Negro y en la actitud ambigua de la misma Ucrania (y también de Belarus y Kazajstán) al tratar la cuestión de las armas nucleares. Cualquier persona razonable tiene el deber de preguntarse que le sirve a un país relativamente pobre y con numerosos problemas urgentes, una flota militar tan grande como la francesa, embotellada en un laguito (el Mar Negro), dentro de otro lago (el Meditérraneo).
No cabe duda que sea urgente que los dirigentes de todos estos países reflexionen sobre la experiencia histórica de esta posguerra, tratándose de una experiencia que revela bastante claramente una correlación inversa entre el bienestar de las naciones y la fuerza militar. El primer y más evidente ejemplo está muy cercano a ellos, puesto que se trata precisamente de la Unión Soviética. Las razones de su disolución son muchas y aquí queremos evitar cualquier economicismo: sin embargo, sería absurdo negar que el haber destinado casi 1/5 de la propia riqueza al empleo más improductivo por excelencia (los gastos militares) ha contribuido de manera considerable a la ruina de un país aún muy rico en recursos humanos y materiales.
En Occidente, la lección parece aún más clara. Los países que más han invertido en el sector militar, es decir los Estados Unidos y el Reino Unido (un promedio entre el 5 y el 10% del Producto Nacional Bruto en esta posguerra) han salido despedazados de la concurrencia económica con Alemania y Japón (con una incidencia de los gastos militares sobre el PNB del 3 y 1% respectivamente). Es decir precisamente con aquellos países que los anglosajones habían derrotado durante la última guerra mundial y a los cuales les habían impuesto graves limitaciones en materia de rearme. El resultado es sólo aparentemente paradójico: perder las guerras es mejor que ganarlas (es justamente lo que pasó en el caso de Yugoslavia), sobre todo si el conflicto es seguido por medidas que vinculan a concentrar los propios recursos en el sector civil de la economía.
El efecto de distorsión inducido por un exceso de compromisos militares es en realidad mucho más amplio de lo medido por las estadísticas económicas. Un punto crucial, por ejemplo, es la investigación científica: en los Estados Unidos y en el Reino Unido alrededor de la mitad de los fondos públicos para la investigación es absorbida por los militares. Viceversa, en Japón y Alemania, se ha concentrado en los sectores civiles. El resultado es que éstos últimos consiguen traducir los descubrimientos científicos en productos por introducir en el mercado civil mucho más rápidamente que sus concurrentes. Otro ejemplo es la ex-Unión Soviética: aun contando con técnicos y científicos superiores en calidad y número hasta a los Estados Unidos de América, todavía resulta ser estructuralmente incapaz de satisfacer las necesidades primarias de su pueblo.