Antiprohibicionistas y antimilitaristas


Antiprohibicionistas y antimilitaristas

SUMARIO: El problema de la droga no estriba sólo en las muertes por sobredosis, en la guerra entre traficantes o en la difusión del SIDA. El verdadero azote consiste en haber perdido todo control legislativo, social y sanitario del mercado libre de la droga y del inmenso poder que se le concede a la delincuencia internacional: doce estados soberanos están directamente controlados o cuanto menos influidos en gran medida por los narcotraficantes. Esta situación explosiva, este factor de crisis internacional, no está provocada por la droga, sino por su prohibición. La política prohibicionista con respecto a la droga no sólo es contraproducente en el terreno social, sanitario y en cuanto a su difusión, sino que es incompatible con el progreso democrático y el desarrollo económico de enteras regiones del mundo. Contra todos los militarismos, tanto del este como del oeste, el partido transnacional es hoy una necesidad urgente para los que quieren combatir el nuevo intento de militarizar sociedades enteras con la e
xcusa de la droga.
El Partido Radical es, actualmente, el único instrumento político para organizar la resistencia contra el prohibicionismo en materia de drogas. Es necesario afirmar una nueva política racional, que no tenga la pretensión de definir el bien y el mal en la vida de los individuos, sino que regule con leyes justas el fenómeno y que impida que se sigan multiplicando los negocios criminales de los "señores de la droga".
(El Partido Nuevo, n.1, Junio 1991)


Doce estados soberanos están directamente controlados o influenciados por los narcotraficantes: lo ha comunicado recientemente la Interpol. Es un factor de la crisis internacional que nos ayuda a comprender los objetivos políticos y la complejidad de la campaña antiprohibicionista contra la actual política en materia de droga.
Actualmente, la droga no es el azote de las muertes por sobredosis, no es el azote de los tiroteos por ajustes de cuentas - aunque causen muchas víctimas -, no son las muertes por Sida en aumento vertiginoso, consecuencia directa de la política prohibicionista que impone - de hecho - el consumo de las drogas inyectables, que aseguran los mayores beneficios al mercado libre criminal, y un consumo clandestino y desinformado.
Droga es ésto, pero no sólo. El verdadero azote consiste haber perdido el control legislativo, social y sanitario de un fenómeno que, en manos del libre mercado criminal, ha desencadenado toda su potencia destructora.
Aún cuando el hecho pueda desconcertar a quien desea resolver los problemas sociales con los instrumentos de la razón, con respecto al consumo de algunos productos agrícolas - la papaverácea, la hoja de coca - y sus transformaciones industriales, se ha ido constituyendo progresivamente un gigantesco tira y afloja entre burocracias gubernamentales y organizaciones criminales que ponen en juego los equilibrios internacionales y el orden democrático de las naciones, al margen de la salud y de la vida de millones de personas, de las cuales sólo una mínima parte consume las drogas prohibidas.
La realidad es que la política prohibicionista en materia de droga ha pasado a ser incompatible con el progreso democrático y el desarrollo económico de enteras regiones del mundo y pone en peligro, en otras muchas regiones conquistas fundamentales de libertades civiles y de derecho.
La política del gobierno conservador de Estados Unidos de "guerra contra la droga" ha convertido problemas sanitarios o sociales en un factor de desestabilización y de amenaza a la democracia y al estado de derecho. Los motivos de carácter moral que han llevado a la creación de una economía clandestina calculada por la ONU en 5OO mil millones de dólares y a la construcción de un imponente aparato represivo formado por burocracias omnívoras, son las mismas que han llevado en todas partes a amenazar las libertades civiles de todo el mundo en el intento de sofocar las de los "diferentes" por sus ideologías, religión o costumbres sexuales. A ello cabe añadir el beneficio político inmediato. De esta manera, a través de la represión del cultivo de coca, Estados Unidos ha construido una forma inédita de control imperial. Ha sustituido la amenaza del comunismo con la de la droga, y de esta manera ha logrado mantener un control directo, financiero y militar de la vida política de algunos países. Los resultados saltan
a la vista: las plantaciones de las hojas prohibidas se han multiplicado, los traficantes se han vuelto poderosos, la vida social y política de naciones enteras se ha visto trastornada.
En los países del Este europeo, mientras el régimen comunista impuso conjuntamente control policial y pobreza, los toxicómanos no constituyeron un factor económico significativo.
Sin embargo, en la actualidad, las cosas están cambiando. Cambia la disponibilidad económica, cambian - con los productos que llegarán de occidente - las consecuencias sociales del consumo de droga. Llegará el dinero y la violencia, y la represión indiscriminada. Hoy en día, quien se engancha en el mundo de las drogas clandestinas, puede garantizarse rápidamente saltos cualitativos en su posición social y aumentar su disponibilidad financiera. Los toxicómanos registrados en la Urss ascienden a 131.000, en Polonia se calcula que son unos 250.000, en Checoslovaquia llegan a 100.000 y en Hungría a 50.000. El riesgo de que se produzca una irrupción del narcotráfico puede paralizar el asentamiento de los países ex comunistas en el seno de la comunidad de las democracias liberales. Y los países de la Europa central y del este lo saben muy bien, tanto es así que se multiplican las relaciones y los acuerdos con los organismos antidroga internacionales. No se dan cuenta de que de esta manera acaban por ahorcarse con
su misma soga.
No cabe la menor duda de que los países que aceptan la estrategia de la ONU dirigida con el mando a distancia por el gobierno de Estados Unidos se equivocan, pero también es verdad que en torno a la política en materia de droga se juega el todo por el todo para desarrollar la democracia y las libertades de los últimos años de nuestro siglo. Actualmente, Europa es un continente que observa sin reaccionar la perversión que se desencadena en su seno. Ve como va creciendo la ilegalidad, la violencia, el poder de las organizaciones criminales, como se va propagando el Sida y las muertes por sobre dosis.
El Partido Radical, hoy por hoy, es el único instrumento capaz de organizar la resistencia contra el prohibicionismo, actuando tanto desde el punto de vista cultural como de la comunicación científica, o bien desde el punto de vista político, de la intervención directa. Para cambiar la política en materia de droga e impedir que el camino hacia la democracia tanto de los países occidentales como de los recién salidos de la dictadura no sea puesto en peligro por la más demencial utopía de entre las utopías del poder: trazar la frontera entre el bien y el mal en la vida privada de los ciudadanos transformados en súbditos.


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Contra todos los ejércitos

21 de agosto de 1968. Marco Pannella y otros militantes radicales distribuyen clandestinamente octavillas en las que se condena a la invasión soviética de Checoslovaquia. Los radicales son arrestados y expulsados.

5 de agosto de 1985. Hiroshima, cuarenta años después. Radicales italianos, franceses, belgas y españoles se manifiestan en Washington y en 13 capitales europeas para pedir que se lleven a cabo intervenciones extraordinarias contra el exterminio por hambre en el Sur del mundo y una nueva ley internacional en favor de la objeción de conciencia. Detenidos y arrestados en Ankara, Belgrado, Bruselas y Berlín Este.

Septiembre de 1985. Radicales italianos, franceses y belgas distribuyen en Yugoslavia 5O.000 octavillas en las que se solicita el ingreso de este país a la Comunidad Europea y la libertad de expresión.

30 de junio de 1986. Varsovia. Radicales italianos, españoles, belgas y franceses distribuyen octavillas en las que se pide la puesta en libertad de 250 presos políticos y 1.000 objetores de conciencia en las cárceles de Polonia. Son arrestados y expulsados.

4 de setiembre de 1987. Los radicales distribuyen en Moscú cientos de octavillas en las que se invita a los jóvenes soviéticos a rechazar el servicio militar en Afganistán y se reivindica el derecho a manifestar contra la guerra.

Agosto de 1988. Días antes del veinte aniversario de la invasión soviética de Checoslovaquia, radicales belgas, italianos, españoles y estadounidense despliegan una pancarta en la Plaza de San Venceslao, en Praga, en la que se puede leer: "Juntos por la democracia; Fuera las tropas soviéticas; Libertad ; Derechos civiles". Los radicales son arrestados.

Junio de 1989. Algunos radicales se manifiestan en Berlín Este contra el Muro y por los Estados Unidos de Europa: arrestos y expulsiones.

23 de agosto de 1989. Con motivo del 5O aniversario del pacto Molotov -Ribbentrop, numerosos radicales participan en las manifestaciones que se realizan en Rusia y en los Estados Bálticos. Varios manifestantes no violentos son arrestados en Moscú y en Leningrado.

15 de noviembre de 1989. Los radicales se manifiestan por la democracia y los derechos humanos ante las embajadas rumanas en numerosos países europeos. Detenciones y arrestos entre los manifestantes en Moscú.