Contra todos los ejércitos


Contra todos los ejércitos

SUMARIO: Sólo un nuevo antimilitarismo, capaz de oponerse tanto al viejo pacifismo como a las ineptas cancillerías europeas y de los demás países industrializados - que una vez más se han hecho cómplices de los ejércitos golpistas, ilusionándose cínicamente que éstos puedan garantizar el orden con la sangre - puede brindar la posibilidad de concebir un futuro de paz y no de nuevas tragedias en la Europa recién salida del comunismo.
(EL PARTIDO NUEVO - Nº 5 - FEBRERO DE 1992)


Desarme y »peace dividend debían ser los frutos que razonablemente esperábamos recoger después de la caída de los regímenes comunistas en el Este de Europa. Sin embargo, después de las primeras señales positivas representadas por los acuerdos sobre la reducción de las armas nucleares y convencionales, apareció un nuevo terrible espectro, una nueva amenaza contra la seguridad: la proliferación de los ejércitos nacionales, algunos de los cuales potencialmente cuentan también con armas nucleares, en el Este Europeo. A partir de la fragmentación del imperio soviético y de la disolución de Yugoslavia, decenas de nuevos Estados han reivindicado su autonomía y, debido a un trágico automatismo, han organizado (o están organizando) nuevos ejércitos nacionales.
Empujados sin duda por los grupos militar-industriales del Occidente en crisis, sin embargo estos nuevos Estados han utilizado como justificación de encubrimiento decisivo para su rearme nacional, la ausencia en Europa de un sistema de seguridad que se hiciera cargo también de los inevitables conflictos con el viejo poder imperial y con las mismas clases militares »federales , naturalmente reacias a perder el inmenso poder hasta hoy mantenido. La incapacidad de la Europa comunitaria de hacerse cargo hasta de un conflicto limitado tal como el representado por la agresión armada serbia respecto a la pequeña República de Croacia, representa la señal clara enviada a todas las nuevas entidades nacionales y estatales: reármense porque nadie los ayudará en caso de agresión.
Nadie parece darse cuenta que la afirmación en el Este de una nueva clase militar nacionalista desfigurará y perjudicará las voluntades democráticas que han representado el fundamento de los movimientos populares que han luchado por la propia autonomía nacional.
La posibilidad de concebir un futuro de paz y no de nuevas tragedias en la Europa recién salida del comunismo ahora está confiada por completo al desarrollo de un nuevo antimilitarismo capaz de reaccionar y oponerse tanto a las ineptas cancillerías europeas y de los demás países industrializados - una vez más cómplices de los ejércitos golpistas, ante la cínica falacia de que éstos puedan garantizar el orden con la sangre - como al viejo pacifismo, como siempre ciego, sordo y mudo frente a los estragos que no lleven el sello de los Estados Unidos de América o Israel. Un antimilitarismo que sea capaz de provocar, en el Occidente industrializado, la rebelión por la ausencia de cualquier política de seguridad, ofreciendoles a la vez a las nuevas democracias del Este una alternativa real al rearme. Por lo tanto, un antimilitarismo que se despliegue con fuerza y convicción al lado de los agredidos y que, de estas posiciones de concreta solidaridad con quien se opone a la violencia totalitaria y racista, esté en l
a condición de denunciar los terribles riesgos para la democracia de los ejércitos de liberación o defensa nacional.
Este nuevo antimilitarismo puede convertirse en el laboratorio de una verdadera alternativa no violenta y democrática en la Europa recién salida del comunismo, siendo el punto de referencia ideal y político para una nueva clase dirigente democrática y tolerante capaz de rehusar los atajos nacionalistas y militaristas, sólo si se arma de concretos instrumentos políticos y organizativos transnacionales y de la inmensa fuerza y voluntad de las numerosas personas que, aisladamente, luchan por estas mismas batallas. Sólo si todas estas personas son capaces de reconocerse en el Partido Radical.